Editorial

Cómo reaccionar ante el terrorismo yihadista

Martes 20 de diciembre de 2016

Nuevos atentados yihadistas, vinculados de un modo u otro a la guerra de Irak y Siria, vuelven a conmocionar a la opinión pública. El asesinato del embajador ruso en Turquía, Andrey Karlov, en el interior de una tranquila galería de arte, a manos de un pistolero que antes de disparar gritó: “¡Alá es grande! ¡No os olvidéis de Alepo!”, y el atropello en Berlín de más de medio centenar de personas, doce de ellas muertas y más de sesenta gravemente heridas, en un pacífico mercadillo navideño, son los dos últimos episodios que jalonan la ofensiva de la Yihad islámica contra los considerados “infieles”.

Que la crueldad del yihadismo iba a volver a golpear de forma sangrienta en Occidente, y que Europa está en su permanente punto de mira, es algo que la ciudadanía tiene interiorizado y conoce de antemano. La incógnita se reduce solo al dónde y al cuándo tendrán la oportunidad de asestar el próximo golpe. Pero en manos europeas está en dar una respuesta inteligente y eficaz. Ante todo, la población debería evitar caer en reacciones de miedo o de pánico. El terrorismo sustenta su efectividad no en una victoria mediante las armas, sino precisamente en la intimidación por la alarma y el pavor. Y por ello, el soporte último del éxito contra el fenómeno terrorista -en España lo sabemos bien-, reside en la entereza del conjunto de los ciudadanos. Otro gran error que suelen explotar los asesinos radica en las desavenencias políticas de sus oponentes, otro yerro en el que es de capital importancia no incurrir. Un ejemplo palmario de ese despropósito partidista lo acaba de dar el líder de la extrema derecha populista Alternativa para Alemania, Marcus Pretzell, al declarar: “¿Cuándo va a reaccionar el Estado de Derecho alemán? ¿Cuándo se acabará esta maldita hipocresía? Son los muertos de Merkell.”

Decididamente los populismos de derecha e izquierda pescan en el río revuelto de las acciones terroristas con recetas simples e inculpaciones inmorales con tal de manipular las bajas pasiones que pudieran suscitar. Haría bien la población en no alimentar esta lacra. Ni los muertos del atentado pueden atribuirse a Angela Merkell sin caer en un cinismo mayúsculo, ni el Estado de Derecho germano ha dejado en ningún momento de actuar. La culpa de asesinar recae de forma íntegra precisamente sobre los criminales. No cabe aceptar responsabilidades compartidas. Y la actuación más eficaz del Estado de Derecho frente a este modelo de terrorismo estriba en afinar las vías de información policial y compartir del modo más fluido y eficiente esa información entre los países amenazados. La ciudadanía ha de confiar en esa laboriosa actuación, que no da resultados espectaculares repentinos, pero sí es la vía del éxito a medio y largo plazo.

A otra escala mucho más amplia, la impotencia de Europa frente a fenómenos como el Estado Islámico, la guerra en Siria o la gestión de los refugiados, sí debería hacer replantearse a la opinión pública y a la clase política europea la falta de operatividad de un orden defensivo común. Un pacifismo mal entendido conduce a situaciones suicidas. Disponer de una defensa común a la altura de los retos, no debe confundirse con ninguna tentación imperialista europea, y articular una diplomacia colectiva resulta indispensable para no caer en la impotencia e irrelevancia en un mundo globalizado.

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