Editorial

El prestigio del FMI en el alero

Jueves 22 de diciembre de 2016

Cuando en 2014 Christine Lagarde fue imputada en el caso Tapie su abogado y ella misma calificaron la acusación de totalmente infundada y trataron de minimizarla señalando que la imputación era por negligencia. Ahora, la Justicia francesa ha dictado sentencia y considera a la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) culpable de negligencia en uno de los escándalos de corrupción más sonados de la época en que Sarkozy ocupaba el Elíseo. En ese momento, Lagarde era ministra de Economía, Finanzas e Industria, y desde su ministerio se adjudicó más de 400 millones de euros al empresario Bernard Tapie, amigo de Sarkozy, al que había respaldado de manera decisiva en su camino a la presidencia de Francia. Dicha suculenta adjudicación se decidió en un arbitraje que los jueces calificaron de poco menos que una pantomima.

El Tribunal que la ha juzgado tiene unas características especiales y suele ser benevolente, por lo que no ha dejado de sorprender que haya emitido un veredicto de culpabilidad, por mucho que no haya ido acompañado de ninguna pena. Tras la sentencia, Christine Lagarde debería dimitir sin demora. El prestigio del FMI no puede estar en el alero. No le benefició precisamente la extraña salida de Rodrigo Rato, y estuvo en el ojo del huracán por su anterior responsable, Dominique Strauss-Kahn, envuelto en un escándalo sexual. Así pues, sus tres últimos directores han tenido que enfrentarse a problemas judiciales.

Sobre los responsables de organismos como el FMI no puede recaer ninguna sombra, y mucho menos en unos momentos como los actuales, en un mundo cada vez más globalizado, en los que debe afrontar numerosos retos como la llegada de Trump al Despacho Oval. Pero si Lagarde no ha manifestado la más mínima intención de dimitir, resulta incomprensible que al FMI le haya faltado tiempo para salir a apoyarla y proclamar su absoluta confianza en ella y en su capacidad para “desempeñar de manera efectiva sus funciones”. Claro, eso si no le da un ataque de “negligencia” que en el caso Tapie, Lagarde justificó aduciendo que no sabía lo que pasaba y que su mucho trabajo y constantes viajes le impedían estar en todos los detalles. Pero por más que un “detalle” es por lo que ahora ha sido declarada culpable de negligencia.