Hidehito Higashitani | Lunes 23 de junio de 2008
En el último torneo del sumo profesional celebrado en el pasado mes de mayo en Tokio, el luchador búlgaro Kalojan Stefanov Mahljanov, con el nombre oficial de “ring” de KOTO-OHSHU, se proclamó campeón absoluto del torneo con 14 victorias y una derrota. Dentro de la larguísima lista de campeones del sumo profesional, es el primer luchador de origen europeo que alcanza la Copa del Emperador que se concede al campeón de cada torneo.
Actualmente hay unos setecientos luchadores profesionales admitidos en la nómina del sumo profesional, de los cuales sólo unos cuarenta consiguen pertenecer a la categoría de Makunouchi, que es, por decirlo así, “la primera division” en la jerarquía de los luchadores. Y dentro de Makunouchi, el puesto máximo y el más codiciado es el de Yokozuna, cuyo título ostentan actualmente dos luchadores venidos de Mongolia, seguido a continuación del puesto de Ozeki.
KOTO-OHSHU de 25 años de edad, que mide más de dos metros y pesa unos 155 kilos, hizo su debut hace cinco años y actualmente está clasificado como uno de los Ozeki, es decir entre los seis mejores dentro de la totalidad de los luchadores activos.
El sumo es, sin lugar a dudas, uno de los deportes más arraigados en la espiritualidad de los japoneses con una serie de rituales ceremoniosos y códigos tradicionales en los modales y comportamiento personal dentro y fuera del ring. Y a los luchadores, aparte de su fuerza física, se les requiere la obediencia a las rígidas disciplinas que se les imponen en la vida diaria y también cierta dosis de virtudes humanas como si se tratara de un samurai antiguo.
El Sumo, cuyo origen se remonta al siglo octavo como se puede comprobar por las referencias aparecidas en las antiguas crónicas de la Corte Imperial, se llega a consolidar como espectáculo deportivo hacia el siglo XVIII, vinculado estrechamente con la espiritualidad religiosa del shintoismo, religión autóctona del pueblo japonés.
El fenómeno de la llegada de luchadores extranjeros a este sanctasanctórum de los japoneses empezó hacia 1970 con la participación de unos luchadores hawaiyanos de nacionalidad estadounidense y esta tendencia se ha venido acuciando cada vez más con el aumento progresivo de extranjeros, y actualmente se pueden contar, entre los 42 de la primera división Makunouchi, unos quince luchadores extranjeros.
Ante este panorama, muchos japoneses se alegran del alto grado de interés hacia este deporte nacional mostrado por parte de los extranjeros y del carácter internacional que está adquiriendo el sumo. Sin embargo algunos puristas con su postura algo “chauvinista” protestan por la “intromisión” y la “proliferación” de extranjeros en el deporte altamente nacional y se quejan del poco respeto que muestran algunos luchadores extranjeros en sus comportamientos dentro y fuera del ring hacia los estrictos códigos tadicionales del sumo, mundillo deportivo de difícil asimilación no sólo para los extranjeros sino también para los jóvenes japoneses de hoy día.
Algunos sociólogos tratan de explicar este auge de luchadores extranjeros como resultado lógico de la falta de “agallas” de la juventud japonesa de hoy día, que, estando demasidado acostumbrada a la vida fácil y regalada en una sociedad materialmente super-desarrollada como la japonesa, no ve ninguna necesidad en “luchar por la vida” y probar suerte en el mundo del sumo.
Y mientras sigue abierta esta polémica, muchos japoneses no dudan en aplaudir a este simpático joven búlgaro, más japonés que ningún otro japonés, de buen parecer, correctamente vestido de kimono tradicional, que ha aprendido en pocos años el idioma japonés a perfección y que no se olvida de mandar remesas para sostener a sus padres en su patria natal. Quizás este muchacho búlgaro haga recordar a las personas mayores de este país lo más íntimo de la espiritualidad del pueblo que ellos han tenido que dejar de lado a precio del alto desarrollo económico realizado a lo largo de unos setenta años después de la Segunda Guerra Mundial.
Se acerca el próximo torneo de julio en la ciudad de Nagoya. Si el búlgaro vuelve a ser campeón, puede ser pomovido al máximo rango de Yokozuna.