Donde antaño estuvieron las lagunas de Luján - llamadas así por encontrarse en tierra propiedad de la familia de los Lujanes - comenzó a formarse, en época de Juan II, una plaza conocida como del Arrabal, ya que se hallaba fuera de la muralla, y que en 1494 comenzó a regularizarse de acuerdo con las disposiciones de los Reyes Católicos acerca del modo en que debían establecerse las tiendas. A comienzos del siglo XVI el aspecto de la vieja plaza era de ruina absoluta y Felipe III ordenó la construcción de una nueva. El monarca quería que esta fuera amplia, majestuosa, severa, en definitiva digna de la dinastía de los Austrias, y la obra se encomendó al arquitecto Juan Gómez de Mora, discípulo de Juan de Herrera, que la comenzó en 1617 y la terminó dos años más tarde, ascendiendo la totalidad de su coste a 200.000 ducados.
Inaugurada de manera oficial el 15 de mayo de 1620, con la beatificación de Isidro el Labrador, la Plaza Mayor ha vivido en estos cuatro siglos un sinfín de momentos históricos. Desde canonizaciones, como las de Isidro, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y Felipe Neri, a proclamaciones, como las de Felipe IV, Fernando VI, Carlos III o Carlos IV. Por supuesto, ha sido también testigo de ajusticiamientos públicos y autos de fe, bodas de infantas, motines, como el de Esquilache, corridas de toros y rejoneos. La emblemática plaza ha albergado procesiones, fiestas de equitación, carnavales, luminarias, fuegos y representaciones teatrales. Sufrió tres incendios graves, tras los cuales hubo de reconstruirse en buena parte, y la nueva plaza de estilo neoclásico tiene actualmente unas dimensiones de 120 por 90 metros, dispone de 114 arcos incluidos los ocho de acceso, de 377 balcones, cuatro torres y un total de 76 buhardillas.
En el Decreto de 2 de agosto de 2016 de la Alcaldesa por el que se creó la Comisión Conmemorativa del “IV Centenario de la Plaza Mayor de Madrid”, compuesta por la Presidencia, la Vicepresidencia, las Vocalías y la Secretaría, se estableció como finalidad “programar, impulsar y coordinar las distintas actividades que se lleven a cabo por la Administración Pública, entidades públicas y privadas, así como por los particulares que participen en su celebración”. Sin embargo, a falta de una semana para arrancar el IV Centenario de la Plaza Mayor, el retraso en la elaboración de un programa concreto es una realidad y las discrepancias entre el PSOE y Ahora Madrid, podrían provocar la suspensión de los fondos previstos. La celebración, en todo caso, no se limitará a 2017, cuando se cumplen 400 años del diseño de los planos por parte del arquitecto Juan de Mora, sino que se prolongará hasta 2020, coincidiendo con los cuatro siglos transcurridos desde su inauguración en tiempos del Rey Felipe III.
Cuatrocientos años de historia que han visto y experimentado de todo, y en los últimos tiempos, por desgracia, tan malo como bueno. Porque a pesar de ser indiscutible punto neurálgico de la vida madrileña y de figurar en las guías como el primer lugar que han de visitar los turistas, los soportales de la plaza se llenan cada noche de cartones y raídas mantas para cubrir el “descanso” de quienes han buscado entre los arcos centenarios el techo público que, a falta de uno privado, sirva para, entre otras cosas, resguardarse de las inclemencias. De modo que la Plaza Mayor presenta dos caras, la de día, cuando las terrazas de los restaurantes de diseño que han ido buscando su lugar junto a las tabernas y bares de larga tradición se llenan de turistas y la de la noche, momento en el que los sin techo ocupan su sitio hasta que la luz vuelva a transformar los soportales. Por supuesto, no se puede hablar de fronteras tan definidas. Por el día, los camareros hacen también las veces de vigilantes para proteger de hurtos a cándidos paseantes y por la noche, los vecinos de la zona aceleran el paso, entre orines y camas improvisadas, para entrar en su portal sin sobresaltos después de que los restaurantes y los comercios, algunos también centenarios, hayan echado el cierre hasta la mañana siguiente.
Precisamente, ha sido un nutrido grupo de empresarios, comerciantes y hosteleros de la zona el que creó el pasado mes de junio la Asociación de Amigos del IV Centenario de la Plaza Mayor. La Sociedad tiene como horizonte estratégico «fomentar y promover todo tipo de iniciativas que contribuyan a la activación y la valorización de este ámbito, como imantador de cualidades urbanas y a la vez como foco de irradiación de valores culturales». Entre estos últimos, actuaciones arquitectónicas y urbanísticas, exposiciones, funciones de teatro y musicales o la recuperación, con contenidos dinamizadores, de sus originarios usos de mercado. «A través de nuestra página de Facebook o en la caseta 46 del mercadillo, todo el que quiera puede informarse del proceso o exponer sus ideas. Pero no queremos lanzar falsas expectativas por si al final no salen», aseguran desde la asociación, conscientes de que su función está limitada por la acción municipal. «En cierto modo», explican, «estamos realizando un trabajo desinteresado que realmente debería haber hecho el Ayuntamiento. Pero por intentar mejorar la plaza y que sus 10.000 visitantes diarios estén orgullosos, seguiremos trabajando. Casi por amor al arte».
El retraso, para muchos, ya parece no tener solución. Porque, en caso de superar el escollo presupuestario, el Ayuntamiento prevé arrancar el inicio de los festejos con la llegada del Carnaval, en la última semana de febrero. Dos meses desperdiciados que han levantado la voz de alarma entre los comerciantes y restauradores. En la asociación están convencidos de que «la Navidad tendría que haber sido el punto de partida, pero la realidad ha resultado todo lo contrario. Salvo el vídeo mapping que se hizo en noviembre y el encendido de la iluminación, el resto de actos programados son bastante pobres». Ahora, en vísperas de iniciar la conmemoración prevista, las miradas están puestas en el Ayuntamiento de Manuela Carmena. Dentro del abanico de ocio presentado a la alcaldesa, hay espacio para talleres literarios, mercados de artesanía, intercambios de libros antiguos, obras de teatro, baile o ferias de miniaturas. Además de potenciar los mercadillos actuales y renovar el espectro cultural, está prevista la organización de rutas escolares que tengan por objetivo la divulgación de la historia de la plaza. Y un proyecto estrella: emitir un gran espectáculo audiovisual en las fachadas, que ponga de manifiesto los grandes hitos históricos allí ocurridos. Solo falta empezar.