Opinión

2016. El fin de un año curioso

TRIBUNA

Alejandro San Francisco | Martes 27 de diciembre de 2016
Se acaba un año que fue, a lo menos, bastante curioso. Lo interesante es que los acontecimientos -complejos, contradictorios, impensables- cruzaron todo el mundo, llenaron los noticiarios, tuvieron análisis del más diverso tipo y nos permiten concluir el 2016 sin tener la claridad que quisiéramos para comprender qué está pasando en el mundo.

Durante este año España estuvo sin gobierno durante muchos meses, en una situación que mezclaba la novedad con la continuidad, sin que pareciera vivirse una crisis mayor. A pesar de las contradicciones entre los partidos y sus líderes, la negativa a avanzar en la resolución del conflicto, y en medio de un escenario novedoso, como no se conocía desde el retorno de la democracia, finalmente se impuso la alternativa de Mariano Rajoy. Sin embargo, había dos grandes diferencias respecto a su posición anterior. La primera es la precariedad relativa del mandato, considerando que no goza de una mayoría clara, y se podría adelantar el llamado a próximas elecciones. La segunda novedad es el peso específico que han ido adquiriendo las nuevas agrupaciones políticas, como Ciudadanos y Podemos, que con seguridad se consolidarán en los próximos años, y con los cuales habrá que debatir, confrontar programas y disputar elecciones. Todo, menos ningunear como si no existieran.

Otro suceso imprevisto se produjo en Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, y la figura central de la historia fue Donald Trump, hoy Presidente electo de la superpotencia. Durante gran parte de la campaña, el candidato republicano fue hostilizado por la prensa, tenía una oposición internacional bastante extendida y generaba más anticuerpos que cualquier otro candidato presidencial. Al frente tenía a Hillary Clinton, quien también tenía gran oposición en su contra, sin perjuicio de que la gran mayoría de los análisis la daban por ganadora. Quizá contra todo pronóstico, Trump finalmente triunfó y desde enero próximo será el Presidente de Estados Unidos. Se le podrá apoyar o contradecir, pero no se le deberá menospreciar en modo alguno, como lo hicieron equivocadamente tantos durante la campaña del 2016.

El tercer caso que se podría mencionar fue el del plebiscito en Colombia, un caso típico de una campaña en que parecía haber una sola opción, por lo demás bastante obvia: la paz. La situación es curiosa, considerando que la paz es un bien universal, al que prácticamente nadie se opone, como ocurría también en el caso colombiano. El problema de fondo era que anhelaban la paz tanto los partidarios del presidente Santos como los del ex presidente Uribe. El problema no es una contradicción en este punto. La razón de la disputa era que el acuerdo del gobierno de Santos y las FARC, patrocinado por la dictadura de Raúl Castro, consagraba una serie de derechos y prerrogativas para los antiguos terroristas, generaba nuevos impuestos, alteraba sustancialmente el mapa político del país. Al defender el “Sí” no quedaba claro cuál era realmente el significado de la paz, aunque la situación cambió radicalmente cuando triunfó el “No”. Esto no significaba el regreso a la guerra, sino que una nota de alerta contra el mecanismo de resolución del conflicto y sus implicancias. En otras palabras, el “Sí” corría solo, pero el “No” en el plebiscito recordó a los colombianos, y a otros en el mundo, que la política es una actividad seria y muy compleja, que requiere matices, y también permitió comprobar, una vez más, que no hay que celebrar anticipadamente las victorias electorales.

A todos estos ejemplos se podrían sumar otros acontecimientos que marcaron la agenda internacional, en diferentes ámbitos. Quizá el más notable fue la muerte de Fidel Castro, el 25 de noviembre pasado. Después de casi cinco décadas como dictador de Cuba, delegó el poder en su hermano Raúl. Esto permitió retrotraer las miradas a los conflictos y revolucionarios años 60, cuando el ejemplo del caso cubano y la utopía de la revolución se enseñoreaban por todas partes. En ese entonces, desde distintos lugares de América Latina surgieron voces que apelaban a la revolución, exigían cambios radicales y denunciaban las injusticias de la sociedad burguesa y la acción del imperialismo. Es verdad que el Fidel de entonces se parecía poco al que falleció este año, pero la historia es la misma y también lo son sus actores, aunque los tiempos han cambiado, la Guerra Fría es parte del pasado y son pocos los dispuestos a irse a la sierra a hacer la revolución.

En cualquier caso, estos son algunos casos que han ocurrido en un solo año, y que tienen algo de excepcionales, imprevistos, curiosos. El tema de fondo es que tal vez debamos acostumbrarnos a este tipo de situaciones, considerando que la política es cada día más compleja, la democracia tiene tanta adhesión teórica como desinterés práctico, o incluso contradicciones internas que será necesario resolver o, al menos, considerar seriamente. En otras palabras, la situación de constante escrutinio público hacia las autoridades, la complejidad del ejercicio del poder político o el desprestigio creciente de los partidos son elementos que hay que considerar como parte de la ecuación, y no simplemente como manifestaciones externas y excepcionales de problemas específicos.

Es necesario volver a pensar casos como los arriba mencionados. Después de todo el interés por una sociedad sana y que promueva el progreso social es una vocación compartida. Las dificultades en el camino, lejos de desanimar a los líderes políticos y a los pueblos, deberían ser alicientes para mejorar el trabajo, para superar los obstáculos y para ponerse a la vanguardia de las ideas y de las acciones de bien público. Si hay algo claro después de un año como este, es que las complejidades se mantendrán en la vida pública y que hacia el futuro la situación debería tender a mostrar otras originalidades políticas o electorales. Enfrentarlas de manera adecuada distinguirá al político de talento, al estadista, de aquellos que simple y accidentalmente subieron en las elecciones o en su influencia, pero que no están llamados a la hermosa tarea de servir a sus países.