Editorial

El regalo envenenado de Obama a Trump

Viernes 30 de diciembre de 2016

No va a dejar Obama la Casa Blanca sin dar una muestra más de las tensas relaciones mantenidas con Putin durante su mandato. Muchos han sido los desencuentros, sobre todo a causa de la guerra en Siria y su imparable sangría. Esa tensión se hizo patente imagen en una reciente foto de los dos mandatarios que se convirtió en viral en internet. La foto fue tomada durante la última reunión del G20 donde se trataba de llegar a un acuerdo sobre Siria. Aparte de las reuniones conjuntas, Obama y Putin mantuvieron un encuentro bilateral en el que no se llegó a nada, salvo volver a poner de relieve su absoluta falta de sintonía.

La verdad es que el inquilino del Kremlin se lo pone fácil a su homólogo norteamericano. Por si no fuera bastante con Siria, con un Putin empecinado en apoyar a Bashar Al-Assad, el presidente ruso se metió en un jardín que intensificaría las reticencias entre los dos países. En medio de una incandescente campaña electoral en la que Hillary Clinton y Trump iban a cara de perro, saltó el asuntó de los ataques cibernéticos rusos durante la campaña que, según la CIA y el FBI, tenían el propósito de beneficiar a Trump.

Ahora, la Casa Blanca ha asumido de forma clara como auténticos esos ataques al imponer duras sanciones a Rusia. Sanciones a entidades y personas, con la fulminante expulsión de treinta y cinco agentes de inteligencia y el rápido cierre de dos centros del Gobierno ruso en Nueva York y Maryland. El Kremlin, que naturalmente niega las acusaciones, ha respondido que tomará la represalia adecuada. Igualmente rechaza la existencia de los ciberataques el supuestamente favorecido por ellos. Quedan poco más de veinte días para que Trump tome efectiva posesión de la presidencia y tenga que decidir si mantiene las sanciones -defendidas por muchos miembros de su partido- o las revoca. Obama ha sacado los dientes frente a Putin, pero, a la par, le deja a Trump un regalo envenenado. Podría parecer incluso que la decisión se ha tomado pensando quizás más en este que en el propio Putin, o en el asunto en sí mismo que, ciertamente, debería investigarse más. Si Trump revoca las sanciones o echa tierra sobre el asunto no saldrá muy airoso del envite.