El proyecto pedagógico del director y compositor José Brito, en colaboración de la Fundación SGAE y el Gobierno de Canarias, basado en la inclusión social de niños a través de la música ha llegado al campo de refugiados de Kara Tepe, en la isla griega de Lesbos.
En el paisaje del campo de Kara Tepe, como el de la mayoría de campos de refugiados, no faltan niños. Han tenido que dejar atrás colegios bombardeados, familiares y amigos desaparecidos así como caminatas de miles de kilómetros hasta llegar a Occidente. Más en concreto hasta un campo para refugiados en Europa, donde esperar, quién sabe cuánto, el regreso a sus ciudades destruidas o un permiso para atravesar más fronteras rumbo a un país de acogida en el que intentar recomponer la truncada existencia. Consciente de la penuria de estos pequeños refugiados, el proyecto Barrios Orquestados, que en la actualidad está presente en siete barrios repartidos entre Tenerife y Gran Canaria donde imparte formación musical gratuita, ha viajado a Lesbos para poner música y con ella un poco de luz en la desolada oscuridad de los días que no pasan con la misma rapidez con la que lo hacen fuera de los campos.
En 2012, el compositor, director de orquesta y profesor José Brito se planteó cómo podía traspasar la inclusión social a la música y creó una metodología a través del aprendizaje oral y mimético para enseñar instrumentos de cuerda frotada a niños del extrarradio de Las Palmas. "Les prestamos instrumentos e impartimos clases de lo que yo denomino sensibilización musical", lo explica el compositor. Los niños parten de un nivel 0 que permite que cualquiera pueda formar parte del proyecto, con arreglos que consigan crear un abanico cultural amplio y multidireccional. Su última labor social la han abordado en el campo de refugiados de Kara Tepe, en Lesbos, que en la actualidad aloja a 2.000 personas, entre ellas 350 menores de edad. El grupo de Barrios Orquestados se desplazó hasta la isla helena y siete profesionales, encabezados por José Brito, se encontraron allí con la plataforma griega Angels Relief Team, que ejerce una labor educacional similar para niños refugiados y solicitantes de asilo que quieran aprender música.
Brito y sus compañeros transportaron a Lesbos 20 instrumentos - violines, chelos, violas y contrabajos -, así como material didáctico, encontrándose con que las condiciones eran muy distintas a lo que esperaban. Porque la plataforma ART cuenta con tan solo dos profesoras, Ángela Arbeláez y su hija Francisca, que hacen lo que pueden en los dos espacios reducidos con los que cuentan. Ángela afirma que, a pesar del estado que presenta el campo, su programa se ha enriquecido gracias a los instrumentos donados. Sin embargo, esta ayuda, si la comparamos con una demanda que cada vez es mayor, no es suficiente y las profesionales cada día se ven más desbordadas: "Necesitamos músicos voluntarios y nuevos métodos especiales para los niños que sufren trastorno de estrés postraumático a causa de la guerra". Hay que tener en cuenta, además, que algunos de ellos nunca se han escolarizado y, otros tantos, nunca han vivido en un ambiente distinto al bélico. A pesar de todo, cada vez son más los niños que quieren aprender a tocar instrumentos. Por ello, ante la necesidad imperiosa de nuevos materiales e instalaciones, Barrios Orquestados tiene previsto seguir en contacto con la plataforma griega para darles a conocer la metodología que llevan a cabo en Canarias y, en un futuro, podrían trasladarse a Lesbos dos o tres profesores.