Opinión

El silencio de Scorsese

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Martes 03 de enero de 2017

Esta semana se estrena Silencio, de Scorsese. Capaz de lo mejor -Taxi Driver, New York, New York o Uno de los Nuestros- y lo peor -La Última Tentación de Cristo, Gangs of New York-, Silencio entra por méritos propios en ésta última categoría: un petardo infumable, aburrido y, además, cargado de amargura.

El argumento tiene su aquel. Dos jóvenes jesuitas van a Japón en busca de su maestro de noviciado, ya que se rumorea que ha apostatado. La acción se sitúa en la persecución que sufrieron los cristianos durante el siglo XVI, que en nada desmerecía a la de la Roma de Diocleciano. Aquí no hay leones que se coman a los mártires, aunque sí una amplia variedad de torturas que van desde crucifixiones al borde del mar hasta enterramientos vivos, convenientemente recreadas.

El sufrimiento y la desesperanza son el hilo conductor de la cinta. Resulta ser cierto que el maestro de novicios -Liam Neeson-, apostata y eso hace que el protagonista -Andrew Garfield- siga su ejemplo. El otro sacerdote prefiere dar la vida intentando salvar de morir ahogados a sus feligreses -cómo no, una nueva tortura-. Pero es que antes de eso, el citado protagonista ya se ha ido encargando de sembrar la duda entre los amedrentados cristianos japoneses, a los que se retrata como poco menos que muertos en vida, sucios y tristes.

No hay guiño alguno a la esperanza. Y la verdad, pagar 10 euros por pasar casi 3 horas viendo algo tan negativo tampoco creo que merezca la pena. Es, ni más ni menos, una pérdida de tiempo. Scorsese es un seminarista rebotado y ex cocainómano, y ambas cosas -no necesariamente en ese orden- dejan su huella en Silencio. Nadie discute su talento y, de hecho, tanto la fotografía como la realización técnica son ciertamente reseñables.

Ni siquiera si es usted de esas personas que disfruta con el sufrimiento ajeno; hasta eso hay que retratarlo con viveza y, sin embargo, la película es lenta y cargante, por momentos aburrida. Si es cristiano, percibirá cómo el tal Scorsese no tiene ni puñetera idea de lo que representa el martirio, ni tampoco de la alegría de la fe. Si no lo es, le decepcionará, a secas. Y si es de esos pedantes que sólo va a los Renoir o a los Alphaville, tres cuartos de lo mismo.

Los productores querrán rentabilizar el engendro éste, de ahí que las redes sociales lleven días creando una expectación tan interesada como comercialmente dirigida. No se dejen engañar…so pena de que les caiga mal alguien y decidan ajustarle las cuentas: en ese caso, recomiéndenle que vaya a ver Silencio sin dilación. Seguro que les retira la palabra.