Jeff Sessions, senador republicado elegido por Donald Trump para alzarse como fiscal general, asumió el cargo este martes con el compromiso de ejercer como amarre del presidente electo de los Estados Unidos si las directrices de éste se excedieran de la ejecución de su poder. El mandatario, que realizó sus primeras declaraciones en al jornada inaugural del comité judicial del Senado, que escrutará la idoneidad de su nombramiento, no escatimó en valentía a la hora de valorar cuestiones clave de la política estadounidense dibujada por Trump en campaña.
Así, a pesar de su currículo (salpicado de dureza en temas relativos a la inmigración y señalado como azote de los derechos civiles de la población afroamericana en su estadía de más de dos décadas en Alabama), Sessións ciñó sus atribuciones a la ley, relatando además, que rechaza prohibir la entrada de muslulmanes en su país, aunque sí subrayó que, a su parecer, la entrada de migrantes provoca la disminución de los salarios en el mercado laboral de EEUU.
"No apoyo la idea de que se les niegue la entrada al país a los musulmanes como grupo religioso", precisó, aunque criticó con aspereza la postura tomada por Obama que frenó la deportación de 750.000 jóvenes, hecho que calificó de "amnistía masiva" y que denunció como una acción "constitucionalmente cuestionable". El programa de Acción Diferida al que se refiere este apartada permanece como uno de los objetivos a derribar por el nuevo Ejecutivo, y la postura del nuevo fiscal general no resultó del todo clarificadora al respecto.
También ofreció como uno de los titulares su inhibición en la investigación relativa a la candidata demócrata Hillary Clinton, una de las piezas más jugosas de la campaña del magnate tornado en dirigente político. "Este país no castiga a sus enemigos políticos", zanjó, en relación al caso de los correos electrónicos que ensució la candidatura de la mano derecha de Barack Obama.
"El fiscal general debe comprometerse para cumplir la ley. Y ha de predisponerse a decir 'no' al presidente si éste se excede. No puede sólo representar el papel de alguien que autoriza sin cuestionar", declaró el nuevo referente judicial, al tiempo que quiso centrar el foco de su alocución, tras esquivar presuntos coqueteos pretéritos con el Ku Klux Klan, en la inercia de ascenso de la criminalidad registrada en su país en los años pasados. Para argumentar dicho apígrafe expuso los registros efectuados por el FBI, que ofrecen una relación de subida de crímenes del 4% en 2015, protagonizando los homicidios su mayor subida desde 1971, con un "peligroso" 11% de repunte. Y concluyó remarcando la batalla contra esta dinámica como el eje central de su proyecto.