Las fotografías pudieran llegar a impactar: turbamultas saqueando tiendas comerciales para robar alimentos y significativamente televisores de plasma. Pero los acontecimientos de la primera semana de enero en protesta por el alza en los precios de las gasolinas no son nuevos: México entró en una lógica de la ruptura de consensos sociales desde el alzamiento guerrillero del primero de enero de 1994 para protestar contra la puesta en marcha del tratado de comercio libre con los EE.UU. y Canadá, exigir la renuncia del presidente Carlos Salinas de Gortari y fundar un gobierno popular de corte indígena.
Detrás de esas escenas se ha ocultado la verdadera crisis de México expresada en tres pistas: la de gobernabilidad porque el programa de desarrollo no satisface a nadie, la de la desigualdad porque sólo el 20% de los mexicanos vive sin marginación ni pobreza y la de modelo de desarrollo porque el actual mantuvo una tasa de crecimiento económico promedio anual de 6% de 1940 a 1982 y ha sido de apenas 2% promedio anual de 1983 a la fecha.
Si se quiere resumir en una frase la crisis de México, aquí ensayaremos una: la crisis de México es producto del agotamiento del modelo de desarrollo social de Estado que instaló la Constitución de 1917 y que terminó su ciclo priísta de vigencia en 1970. Desde 1973, México vive ciclos recurrentes de crisis económica, crisis política y crisis social.
Los severos aumentos en los precios al consumidor de gasolinas y la respuesta social con marchas y saqueos de tiendas es un eslabón de una larga cadena de expresiones de ruptura de la estabilidad social: protestas obreras en 1958, masacre de estudiantes en Tlatelolco 68, guerrilla urbana 1968-1981, pérdida de mayoría absoluta del PRI en elecciones presidenciales desde 1988, alzamiento guerrillero en 1994, protestas indígenas violentas en el sureste de la república, alternancia del PRI a la derecha del PAN en 2000, violencia criminal generalizada desde 2007, regreso del PRI a la presidencia en el 2012 y movilizaciones constantes a diario desde 2006.
El sistema político priísta que garantizó la gobernabilidad vía acuerdos terminó su vigencia en 1978 cuando el gobierno del PRI se vio obligado a legalizar al Partido Comunista Mexicano. El PRI como garantía de estabilidad dependía de su capacidad para responder a todos los grupos; la pérdida de control político en el periodo 1958-1978 obligó al PRI a reconocer la existencia de grupos autónomos.
La crisis social por el aumento en los precios de las gasolinas es el efecto de una causa mayor: la inexistencia de un modelo de desarrollo articulado, la persistencia de una política económica basada en la estabilidad macroeconómica con el control inflacionario vía demanda como ancla central y la ausencia de una oposición madura con capacidad para diseñar, proponer y ganar votos para un modelo alternativo de desarrollo.
La crisis de México, en suma, es consecuencia de un PRI que hoy apenas perfila un 25% del voto electoral, pero con una estructura dominante de sistema/régimen/Estado basado en el proyecto político del PRI aferrado en la Constitución. La alternancia del PAN en la presidencia en dos gobiernos panistas 2000-2012 no modificó el sistema/régimen/Estado priísta; peor aún, lo utilizó a favor de programas y políticas panistas de gobierno que coincidían con la fase conservadora del PRI que nació revolucionario, estatista y popular. Esta falta de alternancia de proyectos facilitó el regreso del PRI a la presidencia de la república en el 2012.
El alza en los precios de las gasolinas tiene un trasfondo que nadie en México quiere debatir: es producto de una política de estabilidad macroeconómica que tiene el objetivo central --objetivo ancla-- de inflación controlada. Sólo que el control de los precios es monetarista, neoliberal, friedmaniano porque se basa en la tesis de Milton Friedman de que la inflación es en todo tiempo y en todo lugar un fenómeno monetario. Pero se controla la inflación y se distorsionan las demás variables: salarios, impuestos, tipo de cambio y sobre todo precios públicos y privados.
El gobierno de Peña Nieto aumentó el precio de las gasolinas para disminuir el subsidio oficial a precios bajos controlados; es decir, trasladó al consumidor el costo de la producción. México importó petróleo hasta 1977 y desde 1978 ha exportado crudo pero por decisión de los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto no ha construido refinerías; por tanto, importa más de la mitad de las gasolinas que se consumen. Hoy el 50% de las gasolinas se importan.
La crisis es de estructura presupuestal: desde 1970 México ha aumentado el gasto del gobierno pero se ha negado a reestructurar la política fiscal; por tanto, hay menos ingresos y más gastos; Echeverría y López Portillo sustituyeron cobro de impuestos por impresión de billetes y deuda, lo que quebró las finanzas públicas. Cada vez que el gobierno tiene que financiar su gasto, decide subir precios de las gasolinas porque son recaudación indirecta de impuestos.
El problema de la crisis económica de México es de gasto: burocracia, corrupción y aumento de estructuras oficiales requieren dinero, pero los impuestos no llegan con el mismo ritmo. Como no se pueden imprimir más billetes y la deuda externa es alta, entonces se suben los precios de los bienes y servicios públicos.
Las protestas exigen que el gobierno revierta el alza de gasolinas, pero hacerlo implicará recortes presupuestales, despidos, impresión de billetes o deuda. Y el gobierno se niega a reorganizar la relación gasto-ingresos.
Las marchas y los saqueos de tiendas con un efecto de una causa mayor: el modelo de desarrollo, la política económica y el perfil del Estado. Es decir, que el México priísta ya se agotó y se requiere de un nuevo sistema/régimen/Estado.
@carlosramirezh