Opinión

Trabajo: la libertad es el premio

TRIBUNA

Nacho López | Viernes 13 de enero de 2017
"A fin de cuentas el trabajo es todavía el mejor medio de pasar nuestra vida". Gustave Flaubert

Para mí, la libertad siempre estuvo muy vinculada a no trabajar. Cuando era joven, libertad era poder saltarme las clases y, de adulto, permitirme poder dejar el trabajo y tomarme un tiempo sabático. Ése ha sido mi mayor símbolo de la libertad, junto con, quizás, otras dos o tres cosas como tener un poco de dinero para viajar, no tener hipoteca o vivir sin ataduras. No terminaba de entender bien cómo todavía quedaban personas en el mundo que elegían libremente trabajar mucho, ¿acaso no entendían que trabajar era sinónimo de esclavitud?

Antes de continuar, me gustaría detenerme un momento para hablar de dos principios energéticos muy diferentes: el masculino y el femenino o, como los llamaba el visionario psicólogo Carl Gustav Jung, “animus” (la parte masculina de la psique de la mujer) y “ánima” (las cualidades femeninas de la psique del hombre). Aunque ambos se complementan y se necesitan, también son opuestos, hasta el punto de que a veces el equilibrio entre ellos puede alterarse o incluso romperse por completo (para Jung, la clave de una salud integral de todos los humanos estaba en el correcto alineamiento e integración de los dos principios). La polaridad masculina, el animus, implicaría movimiento, búsqueda de libertad, cierto “individualismo”, acción y deseo de engendrar, explorar, construir. La polaridad femenina, el ánima, tendría más que ver con la fecundidad, el cultivo y cuidado de las relaciones, la capacidad de entrega, la receptividad, la compasión. Todos nosotros, independientemente de nuestro sexo, albergamos los dos principios, pero en la mayoría de los casos solo uno de ellos predomina. Es muy importante aclarar que no se trata de una cuestión de diferenciación entre “mujeres” y “hombres”, sino de principios arquetípicos, energéticos. Igual que podemos encontrar mujeres con un fuerte principio energético masculino, también existen hombres con una fuerte presencia de energía femenina. De hecho, y de nuevo según Jung, en realidad, en el fondo, el alma del hombre tiene una naturaleza femenina, y el alma de la mujer tiene una naturaleza masculina.

Volvamos al asunto en cuestión, libertad y trabajo: ¿y si resulta que para muchas personas trabajar significa libertad, y no al revés? Dice la RAE que soñar es “discurrir fantásticamente y dar por cierto y seguro lo que no lo es”, y si algo he aprendido en esta vida es que, la mayoría de las veces, las cosas no son lo que parecen y que realidad y deseo son conceptos muy distantes. Algunos sueñan con tener suficiente dinero como para dejar el trabajo para siempre y otros fantasean con vivir sin obligaciones o ser libres para caminar ligeros por la vida y correr aventuras, pero cuando consiguen lo soñado, a menudo no saben qué hacer con ello y se deprimen, se aburren, se agobian o, peor aún, se arrepienten. Extraño, ¿no les parece? ¿Cómo es posible que la gente prefiera trabajar a no trabajar o la seguridad frente a la libertad? Puede que, como las dos energías -femenina y masculina- habitan en cada uno de nosotros, tener familia y trabajo, seguridad y libertad en este caso, equilibre de una extraña forma la vida de la mayoría de las personas. Y yo sin enterarme.

Si admitiéramos que el simple hecho de trabajar nos puede dar la libertad, entonces tampoco sería necesario buscar desesperadamente aquel trabajo que nos completa, porque sin quererlo ya lo estaríamos: el ying y el yang. Eso sí, tanta complacencia dejaría sin trabajo a la mayoría de los ‘life coaches’, ya que la necesidad de tener pasión por lo que uno hace, en realidad, no tendría mayor importancia ya que, a fin de cuentas, casi cualquier trabajo, por tedioso o duro que fuera, sería la mejor receta posible para resolver el conflicto de las energías masculina y la femenina.

Por otra parte, en las relaciones de pareja, si el principio masculino tuviera entonces que ver con el trabajo y la independencia y el femenino con la familia y el compromiso, cuando se juntaran dos personas con la misma energía predominante, es decir, masculina-masculina o femenina-femenina, todo iría sobre ruedas, pero el conflicto podría surgir cuando la combinación fueran dos personas con energía diferente. En ese caso, el reto sería asumir que no hay una cosa mejor que otra y que ver crecer a los hijos y disfrutar de una vida familiar intensa es una excelente forma de pasar por la vida como también puede serlo luchar, acumular o buscar el éxito profesional. Como siempre, el camino del medio sería lo recomendable, pero lo que es ‘del medio’ para unos, significa ‘casi nada’ para otros y lo recomendable en este caso se convierte en insoportable. Que cada palo aguante su vela.

“El trabajo aleja de nosotros tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad.” Voltaire