Los Lunes de El Imparcial

Moriz Scheyer: Un superviviente

AUTOBIOGRAFÍA

Domingo 15 de enero de 2017

Traducción de Begoña Llovet. Siruela. Madrid, 2016. 238 páginas. 18,95 €. Libro electrónico: 8,26 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar



Nos hallamos ante una obra tan realista como sincera, escrita desde la experiencia personal y vivencial. Moriz Scheyer fue uno de los millones de judíos que sufrió la persecución nazi, peligrando en numerosas ocasiones su vida. Ello nos lo traslada en un libro que han editado sus descendientes, pues nunca se llegó a publicar en vida del autor. Una pena porque lo que en él narra y analiza quizá podría haber tenido una mayor influencia en la Europa posterior a 1945.

A este último hecho apunta el autor, cuando se refiere al riesgo de olvidar el horror nazi de manera excesivamente fácil e incluso frívola: “Sé que corro el peligro de ser considerado un derrotista de la victoria y que provocaré el desagrado de muchos que con el feliz final de la guerra han profetizado también el final de los males de la preguerra y de las causas de la guerra. Estos optimistas envidiables entierran el pasado, ignoran el presente y confían en el futuro […]. Los muertos están muertos y los vivos se alejan de ellos con una prisa que a veces no demuestra siquiera un ápice de decencia. Y por esos vivos es por los que los muertos han muerto” (p. 237).

La obra está trufada de abundantes reflexiones de calado sobre el comportamiento de los hombres y de los Gobiernos durante la década de los años treinta y cuarenta. Los primeros porque trataron de rentabilizar económicamente el sufrimiento judío (por ejemplo, a través del letal binomio delación-extorsión). Los segundos porque permitieron a Hitler que privara de derechos a los judíos y después los aniquilara físicamente, sin olvidar que entre ambas fases, pusieron innumerables trabas a la hora de otorgarles visados.

En este sentido, el autor es contundente: el exterminio de los judíos procedía de un plan elaborado antes de la Segunda Guerra Mundial que las autoridades nazis trataron de implementar con precisión milimétrica “sin que el mundo civilizado más cercano se atreviese a poner freno a los acontecimientos o al menos declarar abiertamente su repugnancia por lo que estaba sucediendo” (p. 19). En íntima relación con esta premisa aparece otra que debe recordarse: “Hitler no es una casualidad incomprensible de la historia. Hitler fue sólo la síntesis, la cristalización infernal de su Alemania, que lo eligió libremente” (p. 210).

Scheyer hace un recorrido cronológico, empezando por el tormento que hubo de vivir una vez que Austria, su país natal y donde era un periodista cultural prestigioso, se entregó al nazismo sin oponer mucha resistencia. A partir de ahí se inicia su huida por Suiza y Francia, donde discurre la mayor parte de la obra.

No obstante, en el libro encontramos dos partes bien diferencias. Una primera en la que describe la persecución de la que fue víctima producto del colaboracionismo repugnante del Gobierno de Petain-Laval (y de amplios sectores sociales franceses, bien por acción, bien por omisión) con el régimen nazi. Scheyer pudo salvar su vida gracias al refugio que le otorgaron las monjas del convento de Labarde y al apoyo de hombres anónimos para quienes las nociones de humanidad y justicia marcaban su quehacer diario.

La segunda, cuando se produjo la liberación de Francia por los aliados. Sin embargo, a partir de este momento, la obra adquiere un sentido más analítico acerca del futuro que podría esperar a los judíos (debe recordarse, al respecto, que la concluye en julio de 1945), entre otras razones porque habían sido privados de patria y de un destino común.