Mendes se reunió con un dirigente para negociar por estrellas de las grandes ligas. Por Diego G.
Resulta sintomático que este martes, en pleno mercado invernal futbolístico, se haya solapado estas tres noticias: el Tianjin Quanjian -club que ha desemplovado los fantasmas de la incertidumbre en las tirbunas de algunos de los aristócratas del balompié europeo en estas Navidades- ha anunciado que ya no está interesado en las estrellas a las que había tentado en los últimos días, Diego Costa ha vuelto a entrenar con el resto de su vestuario en el Chelsea tras haber pedido perdón a la plantilla y el Monaco rechazó una oferta asiática de 50 millones de euros por el ciertamente renacido Radamel Falcao.
El caso es que Shu Yuhui, multimillonario que dirige al mencionado Tianjin Quanjian, confesó este martes en una entrevista reproducida por medios brtánicos que cenó con Jorge Mendes para cerrar los contratos exóticos de aglunos de los astros que militan en el Viejo Continente. "Mendes vino a mi casa hace unos días y teníamos algunas ideas sobre Costa, por quien hicimos una oferta. Sin embargo, en ese proceso estábamos preparados para fichar dos futbolistas, los contratos ya estaban hechos y el precio acordado: eran Falcao y Raúl Jiménez", declaró.
"Los contratos estaban listos y los dos jugadores preparados para firmar, y luego nos informaron de los límites de salario y de las transacciones en los jugadores extranjeros. Eso fue lo que nos hizo dar marcha atrás. Queremos que los mejores futbolistas vengan a China y nos hemos fijado en muchos delanteros. Hicimos una oferta por Benzema, y Cavani y Costa podrían haber firmado, pero este cambio de política no nos ayuda", se lamentó el dirigente.
La política a la que hace referencia Shu es una medida estatal, tomada por la federación china ante la burbuja de fichajes que se estaba desarrollando, en una perfecta conexión entre la identidad mercantilista del fútbol moderno (con agentes verdaderamente involucrados en dicha revolución) y la aspiración del gigante asiático de elevar el nivel de su competición y, por ende, de los ingresos que genera el balompié cuando alcanza cotas elevadas de seguimiento y consumo.
El caso es que, ante la estupefacción de los aficionados continentales o americanos, que han asisitido a la defragmentación teórica de sus equipos por la vía de su descabezamiento (sacando a las figuras y referentes con ofertas pomposas) y el hieratismo de los clubes, desacostumbrados a los vaivenes globales actuales que han roto las dinámicas endógenas que limitaban el intercambio de estrellas a territorio europeo, este mercado invernal atestiguaba el advenimiento de una era en la que futbolistas referenciales y en plenas factultades abandonarían con vehemencia las aspiraciones deportivas en favor de las económicas. Sin importar latitud ni su aislamiento para con la convocatoria de las elecciones nacionesl. Se acabó el paradigma del retiro dorado.
Pero todo ello se ha matizado con rotundidad desde la Federación China de Fútbol. El Ejecutivo chino apuesta por el cuidado de la cantera y limita la dependencia de las estrellas foráneas y, para ello, ha ordenado mantener en cinco extranjeros el número permitido por plantilla, pero sólo tres de ellos podrán coincidir en el verde, uno menos que hasta ahora. Además, impuso la orden de contar con, al menos, dos menos de 23 años en el camarín y que uno de ellos deba salir de titular en cada encuentro.
Esta rotunda medida ha llegado después del fichaje de Carlos Tévez por el Shenhua -que le convierte en el mejor pagado del mundo con más de 35 millones anuales- y el del brasileño Oscar por el SIPG -que elevó el listón de gasto en un traspaso hasta los 61 millones-. La Superliga china ya había asombrado al planeta con las contrataciones de Hulk (del Zenit, por 55 millones), Alex Teixeira (del Shaktar, por 50 millones), Jackson Martínez (del Atlético, por 42 millones), Gervinho (pescado de su titularidad en la Roma), Freddy Guarín (del Inter), Paulinho (del Tottenham) o Pelle (del Southamton).
Marcelo Lippi, técnico que llevó a Italia a ganar el Mundial de 2006, ha sido uno de los pioneros en el aterrizaje europeo en el fútbol chino. El excelente preparador de la Juventus campeona de todo triunfó en el Ghuanzou Everglades, pasó por la directiva del mismo club y ahora es seleccionador de China. Pues bien, su trascendental figura ha optado por la moderación en el juicio sobre el devenir de los acontecimientos. No tanto así ha actuado Shu, quien ha denunciado que la directriz gubernamental "podría tener efectos negativos en nuestra liga, porque sin jugadores internacionales famosos el nivel de los partidos podría bajar".
El directivo que quería acumular en su once a Cavani, Diego Costa y Benzema resume el pesar de la esfera multimillonaria que está impulsando el apogeo en inversión que está degustando el fútbol y sus entidades en China. Sin embargo, otra voz autorizada y foránea, la de Félix Magath -legendario jugador y entenador alemán-, que se encuentra dirigiendo al Shandong Luneng, declamó que "las nuevas reglas darán más oportunidades a los talentos chinos, y reducirán la dependencia de los clubes en estrellas foráneas. Quizá no se notarán efectos a corto plazo, pero beneficiará seguro a la selección nacional". Lo irrebatible es que Benfica, Chelsea, Mónaco, Paris Saint Germáin, Real Madrid y demás gigantes europeos tienen permiso para, de momento, despreocuparse de este problema. Aunque la liga china no arranque hasta marzo.