Cultura

Emilio Arnao: "Escribir en periódicos es eyacular sobre el leviatán"

ENTREVISTA

EL IMPARCIAL | Jueves 19 de enero de 2017
El Imparcial charla con el escritor sobre el estado del articulismo en España.

-¿Cómo ve el estado el articulismo en la actualidad?

No demasiado afortunado. Según leo en los distintos periódicos, tanto digitales como en papel, el articulismo hoy en este país deja mucho que desear, pues el columnista se ha acostumbrado a emitir opiniones que semejen a la del periodista profesional, es decir, en prolongarse en la pura información y en una anodina crítica. Por lo general -siempre hay excepciones que me callo- el articulista de este siglo XXI aborrece esa gran habilidad literaria que debe imponer la estética, el deslumbramiento de los juicios, el metaforismo, todo eso que tan brillantemente se daba, por ejemplo, en el primer tercio del siglo XX, un Ortega o un Cavia, donde la literatura de aquellos tiempos se hacía en los periódicos. Existía más filosofía y ensayo en el periodismo que en los mismos libros. Esto hoy se ha perdido. El articulista actual sólo se presta a defender sus ideas mediante un lenguaje puramente informativo o periodístico, sin acudir al esplendor de la prosa castellana, que tiene tantos sabores, olores, sinestesias en definitiva. Yo creo que falta más dedicación a construir un gran artículo, puesto que en la mayoría de casos vence la prisa por escribir rápida la columna, sin detenerse a moldearla, a poetizarla, a culturizarla. Menos información y más preciosismo.

-¿Cuáles son su articulistas de referencia?

Yo aprendí a amar el articulismo gracias a la lectura del que sería y es mi gran maestro, que no es otro que Francisco Umbral. Umbral fue el que hizo retornar aquel periodismo literario del que he hablado antes en el primer tercio del siglo XX originado por el padre de todos nosotros, que no es otro que Larra. De Umbral aprendí a estetizar la columna y a forzar la ironía, la crítica convulsa de adjetivos y verbos insospechados, esa inmensa cultura que tenía Paco a la hora de firmar sus artículos desde que llegó de la provincia a Madrid. Pero tengo otros maestros más actuales ahora mismo, como son el caso de Raúl del Pozo, que siendo amigo de Umbral, practica, sin embargo, un estilo muy diferente al umbraliano, por lo que su periodismo es lúcido, barroco, investigado, con citas culturales, un lujo de articulismo para este país tan pésimo de buenos articulistas. Hay otro maestro, más joven que yo, que es Jesús Nieto Jurado. Cuando leo sus artículos me doy cuenta que Jesús será el más importante articulista de este país de aquí en no muchos años, pues lleva en su sangre letrada, como yo, la enseñanza del umbralismo y del raulpozismo.

-Raúl del Pozo dice de usted que "quizá sea un genio o un grillao que vive en Mallorca". ¿Con cuál de estos dos calificativos se queda?

Me quedo con lo de "grillao", en el sentido que debo reconocer que la creatividad se ha convertido en mi caso en una enfermedad psíquica que lleva por nombre la obsesión compulsiva. En este sentido, el articulismo significa para mí una forma más de dar rienda suelta a este trastorno que padezco. Tengo mucha obra publicada y muchísima más inédita, pero carezco, seguramente con toda la razón, del reconocimiento que yo quisiera para mí. Lo de genio no lo admito. Mi única genialidad radica en levantarme cada mañana y saber que sigue tocando vivir. Aquello que decía Valéry: "Suena el viento: hay que vivir".

- También dice que "publica tres artículos diarios sin cobrar un céntimo". ¿Para qué escribe, si no es por dinero?

En efecto, desde los veinte años, en que publiqué mi primer artículo hasta hoy, he colaborado en muchísimos periódicos. Todo eso me ha conferido una formación digamos que intelectual y estética que facilita que pueda escribir tres, incluso más artículos cada día. Sólo me pagan en uno. Pero yo no escribo por dinero, sino por necesidad a la hora de verter de mi necio ser todo ese vómito estructural que sale como un chorreón de luces, de palabras, de crítica devorante, de lenguaje en definitiva. Pero creo que me falta escribir en un periódico a nivel nacional en donde cobre mis artículos. Por otra parte, debo admitir que, gracias al Sr. Anson, ahora escribo en "El Imparcial" con gran alegría y con una inmensa satisfacción que me permite escribir una vez a la semana intentando ser original en lo máximo posible. No sé si tengo lectores detrás. Pero ésa es mi intención. Ganarme un público.

- ¿Cómo escribe sus artículos? ¿Tiene alguna manía?

Sin ganas de ser ofensivo a la opinión del posible lector de esta entrevista, debo decir que creo que tengo bastante facilidad a la hora de redactar un artículo. Solamente necesito la idea, el tema principal, y sin pensarlo dos veces me abalanzo sobre el texto, surgiendo de este modo un lenguaje que intento, como digo, que sea original, diferente, marcadamente esteticista y muy duro con las opiniones que vierto. Hay que escribir siempre contra el poder.

- ¿Qué es lo que le inspira?

Me inspira mi propia creatividad. Quiero decir que si no escucho mi propio lenguaje son incapaz de escribir. Yo no escribo, es el lenguaje el que me escribe, por eso tengo excesiva fe en la lengua castellana, que ofrece tantas variantes y tantas posibilidades a la hora de escoger una palabra u otra. Mi inspiración viene de las muchas lecturas -clásicas y modernas- que he ido realizando a lo largo de tanto tiempo. No tengo miedo a la página en blanco. Únicamente escribo la primera palabra y a partir de ahí ya sale todo el artículo rodado. No tardo mucho tiempo en construirlo. La costumbre de la escritura se aproxima al talento, del cual creo que yo carezco. Únicamente soy un escritor obsesivo, como ya he dicho antes.

- ¿Qué diferencia al articulista del bloguero?

Las tecnologías, según mi modesta opinión, están embarrancando la belleza del articulismo, pues no se escribe igual en un blog personal que en un periódico abierto al libre articulismo. Los blogs no son articulismo, sino reflexiones a veces espesas y confusas donde un hombre o mujer cualesquiera intentan dar su primer paso hacia el periodismo. Por otra parte, no me cabe la menor duda, como oí una vez decir a Ignacio Ramonet, que hoy en día el periodismo ya se hace solamente en internet y que cualquier persona puede ser periodista si así lo desea. Pero, como he dicho antes, la velocidad con que se escribe por ejemplo en un blog, dada la acumulación de noticias urgentes, ralentiza el preciosismo y la literaturización de la prosa. En los blogs no hay articulismo, sino ira descofeccionada y abundantes incorrecciones del idioma. Todo por culpa de la velocidad a la que estoy aludiendo y a la falta de costumbre.

- ¿Para qué sirve un artículo?

Un artículo es un arma definitiva contra el tiempo, los espacios, el mundo o la falta de inteligencia. En este sentido, un articulista debe ser siempre toda una sublevación, una rebelión, una impugnación de todos los referentes que día a día nos invaden, bien sean políticos, económicos, sociales, costumbristas o culturales. Un artículo es una riqueza que debe combatir siempre contra la mentira. El hombre es corrupto en su sociabilidad con lo que generan los agujeros políticos. El articulismo es una forma pura para tapar esos agujeros y ponerle nombres y apellidos, verbos, recursos estilísticos, toda esa gran libiación que viene de la creatividad. Un artículo jamás podrá venir si no es a partir de un verdadero y talentoso creador. Escribir en los periódicos es una formar de eyacular en un leviatán. Estamos rodeados por la mediocridad y eso hay que constantemente denunciarlo. Escribir debe ser algo que te conduzca hacia lo legendario, una superación del propio presente.

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