Nacional

Discurso íntegro de Rajoy

Foro ABC

Martes 24 de junio de 2008
Queridos amigos.

El pasado domingo clausuramos uno de los Congresos más importantes y que más expectación han generado de los últimos años. Lo hicimos como había que hacerlo: ofreciendo a los españoles la imagen de un partido democrático; capaz de discutir sobre su futuro con libertad pero unido en torno a unos valores y unos principios que comparten la inmensa mayoría de los españoles.

No niego que ha sido un periodo intenso en debates y propuestas. Un periodo algo agitado, pero fructífero a la vista de los resultados ya que se ha demostrado que en el Partido Popular sabemos tomarnos las cosas en serio.

¿Por qué digo esto? Porque hemos abordado la renovación que todo partido necesita para mantenerse en primera línea. Y porque hemos reafirmado nuestras señas de identidad, esto es, aquello que nos define y nos diferencia del resto de las formaciones políticas.

Ha quedado meridianamente claro en nuestros documentos políticos lo que somos. Un partido independiente que tan sólo está al servicio de España y de su bienestar. Un partido de centro que reivindica la moderación y el sentido de la responsabilidad.

Un partido con las ideas claras, que defiende la España constitucional; que cree en el Estado de las autonomías; que considera que con el terrorismo no se negocia políticamente sino que se le derrota; que defiende la libertad como motor del progreso; que considera que todas las personas somos iguales en derechos y oportunidades, deberes y obligaciones; y que el Estado está para garantizar esa igualdad, la libertad y la solidaridad para proteger a aquellos que más lo necesitan.

A partir de esta reafirmación de nuestros principios, la tarea que tiene por delante mi partido ha quedado meridianamente clara después del Congreso: apostar constructivamente por el futuro. Apostar por un futuro con mayúsculas y negrita, un futuro con subrayado y exclamaciones, un futuro de responsabilidad y servicio a los españoles.

Queridos amigos. Quiero trabajar por y para el futuro. Quiero ser merecedor de la confianza de la mayoría de nuestros compatriotas. Quiero transmitir a la sociedad española tranquilidad, confianza e ilusión ante los difíciles retos que tenemos todos por delante.

A ello voy a dedicarme en exclusiva a partir de ahora. Lo voy a hacer así porque mi objetivo es sumar, aportar ideas y soluciones a los problemas de los ciudadanos. Voy a liderar un partido que quiere ser un referente político de estabilidad y confianza para una sociedad española que, por desgracia, esta viviendo ya un tiempo de crisis, de cambio e incertidumbre.

En tiempos así se necesitan soluciones, referencias y certidumbres. En tiempos así se necesita no sólo un liderazgo político sino también social: un referente que no se esconda ni eluda su responsabilidad; un referente en quien se pueda confiar, que transmita seguridad por sus propuestas, por sus actitudes y por sus hechos.



Ha llegado el momento de tomarse las cosas muy en serio. Si el gobierno, como parece, no tiene las cosas claras, ya les anuncio aquí que yo sí las tengo. Yo soy perfectamente consciente de la situación por la que atraviesa nuestro país. Yo sé muy bien que con buenas palabras y disimulos no se hace frente a las crisis.

Sé que en tiempos difíciles hay que dejar a un lado las políticas de diseño para ponerse a trabajar con la camisa remangada. Hay que estar dispuesto a encajar y pasarlo mal a la hora de tomar decisiones y dar soluciones a los problemas de la gente. Hay que empezar cuanto antes, porque ya no vale seguir negando la evidencia.

En los últimos meses hemos asistido a un ejercicio constante de disimulo. Primero, con fines electorales, después para encubrir su falta de previsión, y actualmente para ocultar la escasa capacidad de respuesta que tiene el gobierno.

Es evidente que está sobrepasado por los acontecimientos. Carece de reflejos, y en su seno la dirección económica y el peso político no están claros.

Es por todos sabido que sin ideas claras ni directrices claras los problemas se agravan. Es por todo esto por lo que hay que empezar a trasladar cuanto antes a los ciudadanos una idea: la de que hay otra forma de hacer las cosas.

Una forma de gobierno que ya conocen porque fue la que nos permitió salir de la crisis en 1996, llegar a tiempo al euro cuando nadie apostaba por ello, sanear y garantizar nuestro sistema de pensiones, mejorar nuestras cuentas públicas...

Queridos amigos.

Un elemento esencial, yo diría que el más importante, de un proyecto nacional es el modelo socioeconómico. Las naciones que más éxito han tenido, aquellas que tras algunas décadas todos decimos que lo han hecho mejor, son aquellas que han acertado con su modelo económico que ha traído prosperidad y con su modelo social que ha permitido a todos participar de esa prosperidad.

El éxito económico, para España, parecía huidizo en los primeros veinte años de nuestra democracia. España era un ejemplo de tolerancia y saber hacer en la construcción política, había creado su nuevo marco constitucional y se había descentralizado en un modelo de Estado de gran aceptación por los ciudadanos.

Sin embargo, la asignatura de la economía quedaba por aprobar. El número de personas que trabajaban en 1995 eran prácticamente los mismos que en 1975, y el nivel de vida, en comparación con la Europa en la que nos habíamos integrado diez años antes, era menor que el alcanzado en los últimos años de la dictadura.

España era ejemplo de éxito en lo político, pero no en lo económico. Esto vendría después. A partir de 1996, con el nuevo gobierno, España despega. El crecimiento se sitúa por encima del 3%, y llega a alcanzar el 5%. Se crean 7 millones de puestos de trabajo (5 millones hasta 2004 y 2 más hasta 2007), en 1997 se rebasa la convergencia con Europa y el nivel de empleo del año 1975.

En 1998 ingresamos como miembros fundadores de Euro, y por primera vez en su historia, España dispone de una moneda fuerte. En 2003, se equilibran por primera vez en cien años las cuentas públicas, y por primera vez en nuestra historia económica reciente, España supera una crisis económica internacional en mejores condiciones que la mayor parte de las economías de nuestro entorno.

Ahora nos encontramos en una situación bien diferente. Estamos en una crisis, crisis no sólo económica, sino más profunda, de confianza en nosotros mismos y de nuestras posibilidades. Crisis de imagen internacional, crisis de incertidumbre en el futuro.

Esta crisis nos recuerda que no se puede vivir de la inercia, que todo modelo económico se tiene que adaptar y reinventarse a sí mismo, se tiene que perfeccionar y hacerse más eficiente.

Estamos en un mundo de dura competencia. A su vez, la situación presente nos demuestra que también se pueden hacer mejores políticas económicas, y que aplicándolas saldremos de la crisis, y saldremos más fuertes. Vivimos una difícil realidad económica que ya nadie puede negar.



Ayer mismo al presidente Zapatero no le quedó más remedio que endurecer su lenguaje, acuñando un nuevo concepto para eludir la palabra “crisis”. Ahora habla de “intenso deterioro económico” para describir que el paro sube, casi 400.000 personas en el último año, y que además lo hace de forma acelerada.

Ya estamos en 2.740 empleos perdidos al día. La inflación española es una de las más altas de Europa, un 4,6%. Estas cifras de incremento del desempleo y de la inflación es algo no visto en España desde hace 14 años.

La sociedad española está atenazada por la subida de los tipos de interés y la escasez del crédito (el coste financiero de una hipoteca roza ya el 6%), el endeudamiento y la subida de los carburantes.

España es uno de los países europeos que menos está creciendo en estos últimos meses, y en 2007, por primera vez en 14 años, España ha perdido convergencia real respecto a la Europa de los 15. Volvemos a la época de la España democrática que no acababa de aprobar la asignatura de economía.

Voy a dar unos datos que hemos conocido esta mañana. El ministro de Economía reconoce que el PIB crecerá menos del 2 por ciento este año y que la inflación rondará el 4. El ministro de Economía anunció que la medida de congelación de los sueldos de los altos cargos anunciada ayer por el presidente del Gobierno no tendrá un impacto real. El ministro de Trabajo eleva la previsión de paro para el año que viene al 11 por ciento. El Estado reduce su superávit hasta mayo un 80 por ciento, es de 2.772 millones de euros frente a los 13.600 que se registraron el pasado año. La recaudación por IVA hasta mayo ha caído un 17.8 por ciento y las ventas de vivienda, un 31.8 en el primer trimestre del año. Estos son datos de esta mañana.

Creo que realizamos un análisis equivocado si centramos las causas de la actual crisis únicamente en los factores externos: la subida del precio del petróleo y los alimentos, y la crisis financiera.

Estos son factores que han catalizado la actual situación, pero para entender lo que pasa es necesario mirar dentro.

La economía española estaba muy mal preparada para enfrentarse a estos acontecimientos.En los últimos cuatro años España ha aumentado su déficit exterior y su endeudamiento, haciéndonos muy vulnerables a la crisis financiera.

Y no se trata sólo de la solvencia de la entidades, que parece que es el único tema que le preocupa al gobierno, sino de la capacidad de los hogares de asumir un pago por sus hipotecas que ha aumentado en 200€ al mes en los últimos dos años o la de las empresas de aumentar su coste financiero.

Ha faltado austeridad en la gestión del gasto público. En los ejercicios presupuestados por el actual Gobierno, el gasto público ha crecido a una tasa del 9% anual, muy superior al crecimiento de la economía. Lo que ha impedido sin duda situar a la fiscalidad española entre las más competitivas de Europa.

Ayer mismo el Gobierno nos anunció un Plan de Austeridad. La rectificación sería bienvenida si realmente tuviese contenido. Sin embargo, el propio Zapatero reconoce que el Plan tiene “impacto limitado”.

Razón no le falta. 20 millones de ahorro en un gasto total de 160.000 millones de euros es sencillamente una broma; para ser exactos, una broma que representa el 0.01 del techo del gasto no financiero aprobado para 2009. Quiero recordar que en 1996 la decisión que adoptó el Gobierno, entonces presidido por José María Aznar, fue no disponer de 200.000 millones de pesetas de las de 1996. Ahora estamos hablando de 3.000 millones largos de pesetas de las de 2008. Por otra parte, si se hubieran congelado el número de altos cargos que han crecido en un 21 por ciento desde 2004, el efecto habría sido mucho mayor que esa congelación salarial con vistas a la galería.

El presidente del Gobierno realizó ayer un diagnóstico, adelantó un pronóstico personal y anunció una serie de medidas. Pues bien, el diagnóstico ha sido tardío e incompleto; el pronóstico que anticipa una recuperación en el segundo semestre de 2009 es ilusorio y voluntarista; y, por último, las medidas son claramente insuficientes. Han faltado reformas económicas y una política energética que nos
preparase para un escenario, a todas luces previsible, de crecimiento de los precios del petróleo.

España es detrás de Italia el país Europeo donde son mayores los márgenes de distribución de gasolina y gasóleo, y donde menos han bajado con la crisis. Hay menos competencia, más dependencia de los hidrocarburos y menos eficiencia energética.

España es uno de los países de Europa donde más se hace recaer el ajuste de la crisis en el usuario final. No es de extrañar la situación de los transportistas, los agricultores o los pescadores.

El Gobierno tiene la obligación de actuar para que el ajuste se reparta equitativamente. Las familias ya llevan ajustándose el cinturón y sólo en los últimos dos años han pagado 400 € más por la alimentación, 100 € por la electricidad y el gas, y otros 400 € por el transporte y carburantes.

En resumen, que la situación es complicada, pero tiene salida. No podemos resignarnos. Basta echar la vista atrás y observar lo que fuimos capaces de hacer hace apenas unos años.

Tenemos los mismos mimbres con los que se tejió el impulso económico que hemos vivido estos años, y con ellos podemos, debemos trenzar nuestro futuro.



En mi opinión la receta para salir de la crisis y preparar mejor a la economía española lleva unos cuantos ingredientes imprescindibles. El primero es la confianza. Esta sólo se consigue diciendo la verdad. La verdad de la actual situación, reconociendo los errores pasados y planteando con honestidad las propuestas de futuro.

Sólo diciendo la verdad se logra un clima de confianza del que surjan los compromisos de todos para sacar nuestra economía hacia delante. La confianza se ha de asegurar a su vez con un marco institucional estable, unos reguladores independientes y neutrales que proyecten al exterior una imagen de seriedad, hoy perdida.

Pero también la confianza se afianza con austeridad. Este es otro de los necesarios ingredientes de la receta. Austeridad en las cuentas públicas, con disciplina, con rigor. Pero austeridad en serio y de todas las Administraciones y no gestos de cara a la galería como los de ayer.

La economía española necesita un saneamiento. Todos han de hacer su parte. Y el gobierno debería ser el primero. Sin duda las familias y las empresas ya se están apretando el cinturón, pero las Administraciones Públicas deberían ser un ejemplo de austeridad.

Dado el actual endeudamiento de nuestro país, cada euro que ahorre el sector público es un euro que no se han de ajustar la inversión de las empresas o el consumo de las familias.

Esta austeridad nos lleva a otro de los elementos esenciales para afrontar la crisis: las bajadas de impuestos. En las actuales circunstancias, la mejor medida de política económica que podemos llevar a cabo es rebajar los impuestos con un doble objetivo: aumentar la eficiencia de nuestro sistema económico, y sostener los recursos de los sectores más afectados.

La gran baza para nuestra economía es bajar decididamente los impuestos, para fomentar el ahorro, la inversión, la asunción de riesgos, el empleo, y el conjunto de factores que incentivan el crecimiento. Pero de poco serviría esta baza de los impuestos si no trabajáramos para reforzar, también, la confianza en la propia sociedad.

La liberalización económica es el único medio que nuestro país conoce para aumentar su prosperidad. Ha sido así en los últimos 50 años. Y lo seguirá siendo mientras el afán de superación, la iniciativa individual y el deseo de mejorar estén presentes en nuestra sociedad.

Si el Gobierno pone las condiciones para que los ciudadanos prosperen, estos prosperarán. Es más, en la Europa del euro, sin posibilidad de devaluar, las reformas económicas son el gran punto de arranque para salir de la crisis económica.

Esto se ha entendido bien en algunos países europeos, y no tan bien en otros. Y los resultados, al cabo del tiempo, son evidentes. En este ámbito la labor es ingente, con muchas actuaciones y políticas: la unidad de mercado, la defensa de la competencia, la política energética, las infraestructuras, la formación, la innovación… y otras tantas y junto a ellas la promoción del emprendedor: la I+D+i, el apoyo a la internacionalización de las empresas...

No es cuestión de inventar la pólvora, sino de hacer bien los deberes. Otros países que los han hecho mejor en estos años están sufriendo menos la crisis económica que nosotros. Y a su vez, cuando estos deberes se hacen bien, los resultados llegan antes de lo que uno espera, renace la confianza y la nación prospera.

España se merece que entre todos hagamos estos deberes, y volver a formar parte de esos países que, pasado el tiempo, son admirados por haber sabido hacer bien las cosas.

Queridos amigos. Yo cuento con el mejor equipo para hacer frente a los nuevos tiempos. Cuento con gente con la experiencia, la capacidad y el entusiasmo necesarios.

Tenemos muy claro lo que necesita nuestro país. Tenemos que conseguir que España crea en sus propias posibilidades porque son las personas, las empresas, las que crean empleo, no los gobiernos.

Voy a decir una obviedad, pero no está de más que se repita de vez en cuando: los gobiernos están para crear las condiciones adecuadas, no para sustituir su iniciativa con medidas costosas e ineficaces.

Yo quiero ayudar al gobierno a salir de la crisis. Y lo voy a hacer con críticas constructivas pero también con propuestas y alternativas. Nos avala la experiencia de un proyecto político que genera prosperidad allí donde los ciudadanos nos dan su confianza.

Sabemos generar las condiciones. Sabemos asumir los retos más difíciles. Supimos hacerlo en el pasado y volveremos a hacerlo ahora que es tan necesario. Lo decía al principio y lo reitero ahora: yo creo en el futuro y voy a trabajar por él.

Creo en los españoles y en nuestra capacidad para salir adelante en las situaciones más difíciles. A mi me preocupan los pensionistas, los parados, los inmigrantes, los jóvenes mileuristas, los trabajadores con contratos precarios, las familias hipotecadas, los transportistas, los pescadores, los que tienen una pequeña empresa en dificultades, en definitiva, lo que a mi me preocupan son los españoles y sus problemas.

Los españoles no quieren subsidios quieren trabajo. No hacen falta subvenciones, sino soluciones.

Queridos amigos. Voy terminando. Yo quiero sumar. Esa es mi filosofía de trabajo y lo que siempre he pretendido en política. Quiero que nos voten más. Pero quiero que lo hagan porque nos hemos ganado su respeto.

El pasado domingo he recibido la confianza de mi partido para liderar no sólo un proyecto político, sino un gran proyecto social de cambio, moderación y voluntad de servicio a los ciudadanos.

La crisis que padecemos exige un liderazgo sólido, capaz de señalar un camino claro y ser una referencia constante no sólo a nivel político, sino también social. Yo aspiro a eso. A que los españoles vean en mí y en el proyecto del Partido Popular la respuesta a sus preguntas y sus incertidumbres.

Para eso era necesario, primero, preparar nuestro partido. Lo hemos hecho el pasado fin de semana. Hemos salido del XVI Congreso del Partido Popular reforzados y renovados, mejorando aquellos aspectos que necesitaban ajustes. Eso ya está hecho. Y ahora toca dirigirse a los españoles para explicarles qué queremos hacer y por qué queremos hacerlo. Nunca he esquivado mis responsabilidades y nunca pienso hacerlo. Voy a liderar una oposición que quiere convencer a los españoles de una cosa, que aunque el Gobierno falle, se equivoque o no esté a la altura de las circunstancias, existe una alternativa preparada en la que se puede confiar.

Termino. El futuro es cosa de todos. Tiene que ser el resultado del esfuerzo de todos. Debemos implicar a todos los ciudadanos. Debemos hacer política no sólo para los ciudadanos sino, sobre todo, con los ciudadanos. Y a esto nos comprometemos tanto el Partido Popular como yo a partir de estos momentos.

Muchísimas gracias a todos.

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