Cultura

La enrevesada guerra entre Paul McCartney y Sony llega a los tribunales

DEMANDA

Alicia Huerta | Lunes 23 de enero de 2017

Como recordaba estos días la revista musical 'Rolling Stone', el copyright de muchas canciones de los Beatles – entre ellas títulos míticos como Let it be o All you need is love – lleva décadas recorriendo un enmarañado camino legal, empresarial y económico, al que ahora pretende poner punto final Paul McCartney acudiendo a los tribunales. Aunque para comprenderlo, como ocurre en la mayoría de los procedimientos judiciales, lo mejor es remontarse al otro punto fundamental, el del inicio. Todo empezó con la decisión de Lennon y McCartney de asignar los derechos de sus composiciones a varias empresas, hasta que ATV Music se hizo con el catálogo completo, el mismo que más tarde, en 1985, compró Michael Jackson después de superar la oferta realizada por McCartney. El malogrado rey del pop superó la puja del coautor de las canciones y pagó 47,5 millones de dólares para adquirir la colección, como parte de un tesoro mucho mayor de unas 4.000 melodías de la música pop del empresario australiano Robert Holmes à Court. Más tarde, las canciones que no pudo - o no quiso en aquel momento - comprar el cantante británico, así como el resto de la colección de ATV, fueron integradas en un proyecto conjunto que Jackson formó en 1995 con el sello Sony, dando origen a Sony/ATV Music Publishing, la mayor editorial musical del mundo. Finalmente, en 2016, siete años después del fallecimiento de Michael Jackson, sus herederos vendieron a Sony Corp por 750 millones de dólares su participación en la empresa, incluyendo por supuesto la colección The Beatles,

Hasta aquí, los hechos. Por lo que se refiere a la fundamentación jurídica en la que se basa la demanda, hay que acudir a la enrevesada y varias veces modificada legislación estadounidense sobre el 'copyright'. Así, una revisión de 1976 de la legislación estadounidense sobre derechos de autor estableció que aquellos artistas que hubieran vendido sus derechos de autor a terceros antes de 1978 podrían retomar los mismos 56 años después de la creación de esas obras y en ella se basa la demanda para recuperar éxitos como 'Love Me Do', 'Can't Buy Me Love', 'Ticket to Ride', 'Yesterday', 'Hey Jude' o 'Let It Be'. Dado que las primeras canciones de los Beatles datan de un periodo que va de septiembre de 1962 a junio de 1971, la reclamación judicial de McCartney argumenta que a partir de 2018 el famoso músico estaría en condiciones de recuperar la propiedad los temas escritos a cuatro manos con John Lennon para la banda de Liverpool. También de acuerdo con el escrito de demanda, McCartney habría comunicado a Sony/ATV Music Publishing, en diversas ocasiones desde octubre de 2008 y de manera fehaciente, su deseo de reclamar los derechos de dichas canciones que, por otra parte, forman la mayor parte del catálogo de The Beatles. Y que, a pesar de las referidas comunicaciones, Sony/ATV hasta el momento no habría reconocido el derecho del compositor a suspender posteriores las transferencias de la propiedad intelectual de esas canciones a terceros, en virtud de la legislación estadounidense.

"Puesto que el primer vencimiento (de los derechos de autor vendidos) tendrá efecto en 2018, es necesaria y apropiada una declaración judicial en este punto para que Paul McCartney pueda confiar tranquilamente en sus derechos", señala uno de los párrafos de la demanda presentada, el cual sugiere que detrás del movimiento procesal del ex-Beatle podría estar el temor a que su caso termine como el del grupo británico Duran Duran, que en una batalla legal de similares características contra Sony/ATV perdió en su intento por recuperar los derechos de sus temas. En este sentido, un portavoz de McCartney ha declarado a la revista musical 'Pitchfork' que el propósito de su acción legal es "confirmar" sus derechos de autor de acuerdo a la reversibilidad del 'copyright' en Estados Unidos. Es decir, algo así como curarse en salud.

Por su parte, Sony/ATV se ha limitado a declarar a través de su portavoz, que con independencia del alto respeto que tiene al artista, se siente "decepcionada" por una decisión que considera "innecesaria y prematura". Solo falta conocer el tono y las alegaciones de sus abogados en el correspondiente escrito de contestación a la demanda.

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