Opinión

¡Dios os conserve la Vistalegre!

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 23 de enero de 2017

Los chicos peleones de Podemos, los “hijos” putativos de Gaspar Llamazares y Cayo Lara, los “nietos” de Julio Anguita, los que disfrutaron de las becas en las Américas y volvieron con el útil informe bajo el brazo para “matar” de un susto a la familia, debaten ahora, ya lejos de la sombra paternalista de sus mayores, si han de fundirse o no con sus genes políticos en una suerte de viaje a la semilla, Alejo Carpentier style. Poca o ninguna simpatía nos despierta Iglesias, que va y viene dependiendo de la brisa que sopla y la ocasión que se presenta, desde que corrió hacia el centro una semana antes del 26-J; pero aún menos –por no decir rechazo– nos inspira Génova-B, un partido que era una caja alternativa, una tesorería en Ginebra, un presidente a perpetuidad. De manera que, asimismo, doble ración de sopa marinera lo mire uno por donde lo mire.

A Errejón, que siempre será ese niño eterno que asombra al mundo con su léxico de profe de ciencias políticas, no le gustan la crispación ni lo unilateral y cree en la “transversalidad” ideológica, sintagma que repite como un mantra, con los ojos bien abiertos, muy errejonistas, y también esa boca de tantos besos que ha dado. Ay, Rita, qué feliz se te ve cuando parlamentas en las asambleas. Imaginemos, pues, a un Íñigo transversal con su verbosidad de infante prodigio, impartiendo doctrina en Ferraz, en cuya Gestora –que es como la inmobiliaria más los embargos del socialismo todo junto– son tan leídos y tan cultos. Uno camina por Argüelles y se da de bruces con la gestora e instintivamente se pone a buscar piso: entonces le sale al paso Javier Fernández, el pacificador que tenía su casa patas arriba, donde acaba de ser detenido junto a cinco sindicalistas el líder de la UGT de Asturias Justo Rodríguez Braga, que ha dejado el Instituto de Formación y Asuntos Sociales del Principado hecho una ídem. Esto, lo de Fernández poniendo orden y presentando la liquidación a Pedro “PS” Sánchez, el hombre-traje, es surrealismo puro y no el Manifiesto de André Breton.

Relegaría los torpes balbuceos de Susana “Demóstenes” Díaz y su esbirro Mario Jiménez al horario infantil, junto a esos animalitos estáticos y de colorines que asoman en mitad del zapping por un canal digital que solo emiten gruñidos y suspiros. Y poco más, porque el secretario de Organización, Pablo Echenique, baila al sol que más (le) calienta, como la mayoría de este país, que no es de derechas ni de izquierdas, sino de meter la cabeza en la arena, como el struthio camelus, ave más conocida como avestruz. Andan, pues, dándole vueltas en su Congreso a la mayoría cualificada de las bases –si tal cosa es posible en España– y a las llamadas listas plancha, que consiste en votar los argumentarios del líder en bloque y asociados a cada candidatura a la dirección.

Carrillo había aprendido a beber vodka con el Soviet Supremo y estos niños son unos flojeras: si acaso se ponen en plan pagafantas, Íñigo, o venga ese beso en la boca, Pablo; piquitos por aquí y por allá con la prensa, que viene la tele. Porque lo que de verdad le molesta al líder es que él tenga ese aspecto tan ajado de disgustos y tan piloso… y el errejonismo esté tan fáustico y tan de eterna juventud. Eso sí, ni whisky de malta, ni ron del pirata: la oposición rojera ya no es bohemia y eso es imperdonable; viven comiendo pipas y enamorando chavalas, que tampoco es mala vida. Dicho sea de paso. Y han perdido un millón de votos, dicen. ¡Pero cómo es posible! ¿Hay que blindar Podemos ante una posible fusión con Izquierda Unida? ¿Hay que limitar el mandato de tanto líder escalafonario y verticaloide para que no deje tras de sí un reguero de cadáveres? ¿Tenemos que soportar en Madrid la insolencia y la desfachatez de Espinar? Todos se inclinan ahora por rebajar el poder del secretario general y hacer más transparentes los órganos de gobierno del partido. Un ideal. Un deseo, oiga. Veremos.

La mecha la encendió el pillastre Alberto Garzón –que no es un clásico aunque él se lo crea–, afirmando así, al socaire, que hay gente que no sabe si él es de IU o de Podemos, y que eso le pasa también a Pablo, lo cual supone una buena noticia. ¿Pero a nosotros qué nos importa y qué pito toca él en este entierro? Reunido recientemente con la vieja guardia de Izquierda Republicana y escuchadas sus cuitas, de Garzón diríase que más bien el que no sabe si es de izquierdas es él. ¿Y dónde está Pablo Castellano? Atendiendo su úlcera de tanta izquierda amenazada que se bebe con el telediario.

La izquierda soleada y prometedora, sentimental y de gabardina, peluca y barba califal que muchos hemos admirado se ha ido definitivamente a bescansar y nos ha dejado un rojerío acecinado y bajoburgués poco apetecible. Así que, compañeros mártires, ¡que el 11 y 12 de febrero Dios os conserve la Vistalegre!

Twitter: dfarranz