Opinión

La guerra de Obama y la paz de Trump

TRIBUNA

Agapito Maestre | Lunes 23 de enero de 2017

El mundo entero vive pendiente de Trump. ¿Qué novedad trae este hombre respecto de Obama? Sin duda alguna, la idea del mundo de Trump es radicalmente diferente a la de Obama. Si la unidad de comparación de Trump es Obama, la cosa es sencilla de resumir. Cuatro palabras diferencian a estos dos personajes: el éxito y la guerra son las palabras asociadas a la trayectoria de Obama y el fracaso y la paz determinarán la presidencia de Trump. A Obama siempre lo persiguió el éxito, incluso en su etapa de presidente electo le dieron el Premio Nobel, o sea, recibió todo el crédito del mundo sin haber llegado a tomar una sola decisión, mientras que Trump solo ha recibido desplantes, soflamas ideológicas deslegitimando su triunfo en las urnas e injurias, a veces repugnantes, de la prensa más tendenciosa de EEUU y España.

¿Ha conseguido Obama mantener esa imagen de triunfador que lo condujo a la Casa Blanca? La respuesta es evidente, incluso hasta la gente mejor intencionada considera que la presidencia de Obama ha sido un desastre. Quien diga lo contrario, miente. Obama, pues, ha hecho del triunfo un fracaso. No es, sin embargo, la derrota de Obama en particular, y los demócratas en general, la principal seña de identidad que ha legado la antigua Administración a los republicanos. Ojalá fuera así, pues que del fracaso puede salirse con tesón, inteligencia y trabajo; ahí tienen el ejemplo del nuevo presidente de EEUU, que tres veces se arruinó, pero siempre salió adelante. Consiguió rehacerse. Levantarse. No hablemos, como diría Rilke, de victorias. Levantarse es todo.

Quizá por esa manera de afrontar la derrota, a todas luces estoica, Trump ha sido votado para dirigir el país más poderoso del mundo. Transformar el fracaso en una tarea a la par severa y alegre de vida acaso no haya sido el más importante estímulo de los norteamericanos para votar a Trump, pero estoy convencido de que es el motivo que más se presta para filosofar, pensar y predecir lo que vendrá. En otras palabras: ¿será capaz Trump de transformar una sociedad dividida por la extrema ideologización de la presidencia de Obama en esa gran nación democrática que fue siempre EEUU?, ¿será capaz Trump de parar la guerra con miles de frentes abiertos, especialmente el ISIS, que nos ha dejado Obama al mundo entero?, ¿podrá Trump volver a hacer plausible la idea de que EEUU es un país poderoso capaz de pacificar el mundo?

Difícil lo tiene el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Transformar el fracaso y la guerra en puntos de partida para una vida digna y pacífica no es asunto sencillo. Pero sería absurdo no reconocer que, si hay alguien en EEUU que haya demostrado su valía para convertir la frustración en logro, ese hombre se llama Donald Trump. Las pruebas están a la vista. Ha ganado hasta la guerra de la propaganda a la prensa. Este hombre sabe vivir en el fracaso. Negociará todo. Sobrevivirá. Pocos apostaban por él pero ha ganado con solvencia y legitimidad. Los ciudadanos de EEUU lo han votado, reitero, porque lo decisivo de este hombre no era el éxito sino haber sabido superar el fracaso. La prueba de la valía de un hombre no es otra que saber sobreponerse al fracaso. He ahí el valor fundamental que EEUU exporta al resto del mundo con la figura de Trump. Para quienes estamos educados en las filosofías de Ortega y Zambrano, para quienes sabemos valorar la conducta de quienes hacen de la necesidad virtud, para quienes intentamos vivir con dignidad en el fracaso, para quienes nos sentimos cosmopolitas, o sea, individuos que sabemos que lejos de nuestro país existen otros hombres, otros pueblos, con los que podemos convivir, es innecesario explicar por qué acogemos con expectación la nueva Presidencia de EEUU.