Nacida en Nacida en Azerbaiyán, con raíces rusas y armenias, la laureada violinista Elena Mikhailova, que reside en Madrid desde 1991, asegura que con su portada en Interviú ha querido romper las barreras que separan el rígido mundo de la música clásica de todo lo demás.
Es muy probable que fuera de ese mundo de la música clásica que la violinista califica de gris y rígido, pocos la conocieran a pesar de su ya larga y exitosa carrera. Ganadora en más de 20 concursos nacionales e internacionales, entre ellos el Concurso Internacional "Joaquín Rodrigo", el Concurso Internacional “Pablo de Sarasate”, el “Andrea Postacchini”, el “Michelangelo Abbado” y del Premio especial para el mayor temperamento artístico en el Concurso Internacional de Violín “Premio Rodolfo Lipizer”, la solista sabe que son pocos los músicos que consiguen que su nombre y sus éxitos traspasen la frontera de la crítica especializada y el público aficionado al género. Más fácil lo tienen los cantantes o los directores de orquesta, aunque Anne-Sophie Mutter ya rompió algunas de esas barreras saltando al estrellato de los no aficionados y arrastrando con su carisma a público poco interesado hasta entonces en conciertos para violín. La recatada austriaca, por supuesto, sin desnudarse.
Musa de la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, su mundo en todo caso es tan exigente que no dispone de mucho tiempo extra para dedicarse a otras cosas. De modo que pasado el revuelo por su portada publicada en la edición de este lunes de Interviú, y a la espera de si su acción logra romper muchas o pocas barreras, la violinista seguirá cumpliendo con sus numerosos compromisos en los serios y grises escenarios. Lleva años demostrando que lo primero es su carrera y actúa como solista con las orquestas sinfónicas como la Orquesta Filarmónica “Arturo Rubinstein” de Lodz, la Sinfónica del Principado de Asturias, la Filarmónica Marchigiana, la Orquesta de la RTVE, la Orquesta Nacional de México, Orquesta Sinfónica de Belgrado, Orquesta Sinfónica Clásica Estatal Rusa entre otras, interpretando conciertos de Brahms, Sibelius, Prokofiev, Tchaikovski o Paganini, a las órdenes de primeras batutas.
Cuando el legendario violinista Yehudi Menuhin escuchó la interpretación de la sonata de Schubert que hacía la niña de 12 años que por entonces era Elena, se quedó tan impresionado que se limitó a pronunciar una sola frase: “Tan esplendido que no tengo más que decir”. Habrá que ver si la portada de Interviú también deja a muchos sin palabras.