WASHINGTON, D.C.- La candidatura de Donald Trump a la presidencia fue la primera que careció de un escenario internacional. En su afán por sumar seguidores y usar al mundo como presión política local, Barack Obama dio el famoso discurso de Berlín en 2008 para definir su política exterior pacifista, con excepción de las zonas de conflicto en el Medio Oriente y las confrontaciones sin solución con Corea del Norte. El mundo está en la óptica de Trump como adversario.
La agenda de gobierno del cuadragésimo quinto presidente de los EE.UU. es local, a pesar de contar con una asesoría informal del mundialista Henry Kissinger. En los discursos de Trump no apareció alguna definición del papel de la Casa Blanca en el orden mundial, pero se observa el dinamismo local-internacional de su equipo de seguridad nacional. Al proyectarse hacia fuera los enfoques de dureza interna, Trump podría estar más en la lógica de Reagan que de Bush Jr.
La parte que más ha preocupado a los aliados internacionales de los EE.UU. fue el mensaje de Trump en campaña en el sentido de reorganizar la OTAN y de obligar a los países a colaborar con el presupuesto de gasto en defensa internacional, algo parecido al cobro de protección en algunas mafias estadunidenses. La comunidad militar que apoyó a Trump está más vinculada a la presencia extranjera activa que al repliegue de Obama.
La gestión de la política exterior de Trump tendrá que lidiar con la herencia --que no legado-- de Obama: un endurecimiento en materia de espionaje y seguridad, una distancia de los problemas de las zonas en conflicto y un repliegue militar. La estrategia de Obama se vio disminuida por el activismo del presidente ruso Vladimir Putin, quien en la lógica de la economía suma cero ni ha permitido la existencia de vacíos de poder. La cercanía de Trump con Putin, que se convirtió en tema de campaña y que ha sido persistente como grito en las marchas, hasta ahora no ha tenido una definición estratégica de largo plazo. Pero en el fondo hay que recordar que el conde de Tocqueville afirmó desde 1830 que dos países estaban llamados a ser los más importantes del mundo: los EE.UU. y Rusia.
Las marchas de protesta en todo el mundo contra Trump el pasado fin de semana reflejaron más bien el temor de que Trump regrese a los tiempos de dominación imperial directa del mundo. Pero en algunos sectores de analistas se cree que el alejamiento de Obama de una concepción de seguridad nacional global provocó más problemas que aportaciones de solución. Hasta el final del periodo de Obama, Putin se había metido en zonas de conflicto que había abandonado Washington.
La política exterior de Trump tendrá que ver con el presupuesto militar, pero dependerá de la comunidad de los servicios de inteligencia y seguridad nacional: Departamento de Estado, Departamento de Defensa, Consejo de Seguridad Nacional, CIA ahora reactivada como aliada de Trump, Departamento de Seguridad Interior, entre las más importantes. Pero hasta ahora, Trump no delineó principios de policía exterior; en su discurso inaugural dejó entrever parte del pensamiento de Kissinger respecto al papel de los EE.UU. en el equilibrio mundial.
Europa, China, medio oriente, África, Rusia, México y América Latina son parte de la agenda de conflictos internacionales que Obama descuidó, no le dio atención o abandonó. En el ambiente social internacional se vio positivo que la Casa Blanca no se metiera en conflictos directos, pero el costo de inestabilidad creció no sólo por la desatención estadunidense sino por la intervención rusa o el fortalecimiento de grupos radicales locales.
El punto que definirá la estrategia de seguridad nacional-política exterior de Trump será el terrorismo musulmán radical. Este tema ocupó una parte del discurso pero no ha tenido una explicación. Los EE.UU. han padecido acciones terroristas dentro y fuera del territorio, pero lo más grave que parece difícil de encarar es el radicalismo musulmán autónomo, religioso, sin necesidad de formar parte de una estrategia de desestabilización Algunos ataques en los EE.UU. y en Europa ha sido perpetrados por los llamados “lobos solitarios” o jóvenes que actúan por sí mismos, animados por el sentimiento religioso, simpatizantes y no necesariamente militantes del Estado islámico y sin necesidad de formar parte de alguna acción más concertada. La radicalización de la religión musulmana en jóvenes carece de reglas y está atacando dentro de los EE.UU. por jóvenes que llegaron a estudiar o trabajar y lograron su residencia por las flojas vigilancias de Obama.
Si en el pasado la política exterior determinaba la política interior, Trump empezará por la política interior para extenderla como política exterior. El nuevo secretario de Estadio, Rex Tillarson, es un empresario petrolero, carece de experiencia diplomática y fue galardonado por Vladimir Putin por su papel en la Mobil. El asesor de seguridad Nacional, general Michael Flynn, se forjó en el área de inteligencia militar y es un operativo. Y el secretario de Defensa, James Mattis, es un experimentado marine y también militar de campo. Ninguno tiene experiencia en diplomacia para la seguridad nacional.
La política exterior no fue prioridad de Trump. Para él, la consolidación del imperio hacia su interior definirá la operación en el exterior para ajustar el mundo a las necesidades estadunidenses. Así de simple, pero así de complicado.
@carlosramirezh