El Celta de Vigo sobrevivió a la vertiente más ofensiva del Real Madrid y facturó su billete para regresar a las semifinales de la Copa del Rey. Los pupilos de Berizzo reprodujeron la idea de juego que les llevó a conquistar el Bernabéu y condicionar, con aquella victoria a domicilio, este partido de vuelta. El gol de Guidetti al borde del descanso terminó de confirmar el escenario global de un cruce en el que los gallegos supieron manejar con mayor efectividad sus aptitudes y aprovechar las flaquezas del oponente.
Zinedine Zidane se empeñó en implementar un sistema ultraofensivo sobre el capital humano equivocado. Así, regresó al 3-5-2 por el que viene apostando en este 2017 de desdicha, retrasando a Casemiro a la posición de líbero -opción que le costaría más de un susto en la primera salida de pelota- e imponiendo a Asensio y Danilo la exigencia del papel de carrileros largos. Las flaquezas defensivas de ambos -Carvajal y Marcelo están lesionados- restarían empaque al endeble equilibrio merengue, ya que los locales volvieron a abrazar el modelo de repliegue y salida con ortodoxia. Y la baja de Modric en las dos facetas de este deporte no es fácil de suturar. Menos con probaturas.
Sobre las espaldas de Kroos y Kovacic quedaba el sostén del estilo propugnado por su entrenador. Y cuando los pulmones no dieron para más, las goteras de la estructura pensada se desnudaron ante la astucia del Celta. Este episodio tardó en acontecer 35 minutos, pero lo haría para consternar a los de Chamartín, camino de vestuarios en el descanso. Sin embargo, impondría personalidad el líder liguero de salida, con los locales presionando arriba durante los primeros 20 minutos. La pelota sería madridista y la horizontalidad con la que supo navegar el bloque visitante y los pinchazos de Isco, Asensio y Benzema, toda vez que se hubiera superado la primera línea de presión viguesa, terminarían por empujar a los azules hasta el arrinconamiento.
Abrió fuego Isco, en ese mejor acomodo merengue, con un disparo en transición que atrapó Sergio SÁlvarez -minuto 5-. El marcaje al hombre de una medular local penalizada por la baja del 'Tucu' Hernández expuso un nivel de exigencia físico que aceptó el Madrid y por el que acertó a leer las rutas de avance, con Kovacic como elemento central en la ruptura de líneas y Benzema en la lúcida mediapunta. Con el control en su poder gracias a la cobertura tras pérdida que cortocircuitó la contra gallega -sólo Aspas y Wass tejerían una maniobra en el octavo minuto que Guidetti envió a las nubes-, el sistema de Zidane dio trabajo al meta local -cabezazo centrado de Ronaldo a centro de Asensio- y ahogó al resto del dibujo de Berizzo.
En torno a la primera media hora yacía el Celta achicando agua, demasiado vertical tras recuperación. Como si el miedo a una imprecisión les obligara a buscar el pelotazo rudo de forma automática. El Madrid había subido la línea de presión en una escalada posicional y de ritmo que le proporcionaría sus mejores oportunidades de remate para entrar en la eliminatoria. Y la llegada nuclear arribaría de inmediato, regada por un robo alto de Kroos. La acción se desarrolló con un centro preciso de Isco -intermitente y necesario en ese esquema- que Ronaldo cabeceó con fiereza. Álvarez consiquió empujar el desafío al larguero y el luso, en soledad y sin oposición, envió el rechace al poste.
Un gol, ese que falló el Balón de Oro, provocaría un paisaje de incertidumbre que desestabilizaría al concienzudo y ordenado repliegue local. Pero la mueca de estupefacción que lució el goleador estrella merengue rimó con el compás colectivo, que entró en un desconcierto que soltó el timón de la partida y alimentó el frenesí latente y agazapado que guardaba el bloque vigués. Y una volea oscura de Casemiro, en su área, que buscaba a Nacho, también en su propia area, y que regaló la pelota y un mano a mano a Aspas -minuto 35- dio la réplica al marasmo sobrevenido. El delantero español perdonó al negarse el disparo e intentar ceder a Guidetti, pero el susto fabricado por el inédito libero se coordinó con la desesperanza de haberse gustado sin haber recibido fruto y el Madrid se fracturó tácticamente, para regocijo de un respingo celtiña que tocaría techo.
La consecuencia resultó en un final de primer acto primoroso del contraataque local y lúgubre de la cobertura de ese 3-5-2 que no se ajustaba a los nombres en disposición. Un testarazo de Ramos en un saque de esquina botado por Kroos inició la tormenta, pues los del 'Toto' lanzaron un balón rudo hacia sus delanteros -segundos después- al que Danilo falló y sobre el que Guidetti engarzó una volea que desperezó a Casilla -minuto 38-. El portero sostendría a los suyos -que permanecían ausentes con balón y transpartentes en fase defensiva- ante la continua superioridad numérica del tercio ofensivo local sobre los desasistidos tres zagueros capitalinos. Radoja remataría fuera a continuación y Marcelo Díaz probaría, de zurdazo cruzado, al ex meta del Espanyol en el 40.
En nada podía enmendar la dirección de la ventisca un Madrid partido y cansado. Y el frenesí combinativo de Aspas, Wass y Bongonda -menos participativo que en la ida- pillaba siempre a la medular madrileña a contrapié. Los espacios a su espalda se multiplicaron y se traducirían en el 1-0 en el 44. Antes Iago enviaría al olvido una apertura rebosante de clase del interior centroeuropeo. Sin embargo el flujo vigués había abrasado la confianza de su contrincante y Guidetti amortizó, sobre la bocina, la tesitura. Un nuevo balón que superó al mediocampo ajeno dejó en inferioridad numérica al abandonado trío de centrales y falló Nacho el despeje al desmarque de Wass, que centró para dejar solo a punta danés. El delantero perdió el mano a mano con Casilla -excelente- pero el rechace golpeó en Danilo y envió la pelota hacia la red capitalina. Se fueron al descanso los de Zidane mascullando, tras constatar los pros y contras de su propuesta: 70% de posesión y victoria en tiros -cinco a siete- pero titubeos tras pérdida ante lo improvisado de las atribuciones.
Arrancó la reanudación con un Madrid más convencido de lo desbaratado de su estrategia. Al fin y al cabo, seguían obligados a anotar dos tantos. Y la determinación y la precisión en los envios de ambos púgiles confeccionaron un atrevido ida y vuelta que alzó la espectacularidad del duelo y desanudó el candado local. Tras un intercambio más o menos inocuo de golpes imprecisos, Ronaldo hizo diana en el minuto 62. Obtuvo una falta directa de corta distancia y ajustó su lanzamiento al palo del portero. Álvarez dio un paso hacia el centro y no pudo interponerse al empate.
Las tablas significarían un punto de inflexión en la eliminatoria, pues el tramo posterior acogió una aceleración volcánica de revoluciones de un Real Madrid desprovisto de dudas. La reacción celtiña, rematada fuera por Marcelo Díaz, supo a espejismo ante el asedio madrileño. Ramos remató con la testa una falta lateral botada por Kroos que lamió la madera -minto 66-; Benzema ejecutó un derechazo demasiado cruzado en un balón suelto en el pico del área -minuto 67-; y otra falta directa, esta desde media distancia, fue chutada por Ronaldo plagiando la dirección de aquella que conllevó del 1-1 y que se marchó desviada por poco -minuto 70-.
Las sustituciones -Vázquez y Morata por Asensio e Isco y Jozabed por Guidetti, Fontás por Aspas y Sisto en lugar de Wass- dieron paso a un crepúsculo de incerteza en el que Celta consiguió atemperar el devenir por medio de posesiones menos verticales, aunque sería capaz de estirarse con cierto peligro también, cuando el cansancio era un factor capital. El ex delantero de la Juve probó al meta local -en el 82- en un cierre más comprimido de lo deseado por los líderes de la Liga. El fuelle del favorito constreñido a remontar se esfumaría, con un centro del campo reforzado por Berizzo en crecimiento en el epílogo, y en una contra que subrayó lo resbaladizo del ajedrez escogido por Zidane sentenciaría su validez el Celta como semifinalista copero. Wass pegó al poste su chut rasante ante un rival partido para el delirio del respetable y la entrega de la bandera visitante. Fue más efectivo el mismo equipo que eliminó al Atlético en este peldaño de la pasada edición de la Copa. Se la jugó el técnico francés y consiguió pasearse sobre la fina línea que separa la gloria de la derrota. Lo que ocurre es que la épica que edificó la histórica racha de imbatibilidad ya no persigue a los propietarios del Bernabéu. El postrero gol de Vázquez -minuto 90 y en testarazo a balón parado- realizó una vuelta de tuerca final que afligió a Balaídos durante el descuento en una eliminatoria de paladar picante que corrobora la crisis de resultados del mejor equipo del mundo en 2016.