La ola de frío ha llevado a los hogares españoles a consumir más electricidad. El sistema eléctrico español tiene capacidad de sobra para hacer frente a los picos de consumo como este. Es verdad que la presión sobre el mismo también ha venido por parte de la oferta, ya que hay menos producción hidráulica y eólica y se ha podido importar menos energía nuclear procedente de Francia. Con una mayor demanda y una oferta que se angosta, el resultado es una importante subida del precio de la tarifa. Todo ello parece ocurrir dentro de la lógica. Pero lo que no es razonable es que ese coste haya llegado a rozar los cien euros por kilovatio hora. Para explicar este dislate es necesario acudir a otra lógica, la política, que es habitualmente una lógica perversa.
El coste de la energía según se fija en el mercado supone de un tercio a dos quintos de todo lo que paga por él. El resto lo constituyen los impuestos y lo que se conoce como peajes. Los impuestos sobre la energía han aumentado en los últimos años en una medida muy apreciable. Por otro lado, en los peajes tenemos que considerar el coste de varias decisiones políticas. Uno de ellos ha sido el coste de la moratoria nuclear, una nefasta decisión del gobierno González, que ya ha sido saldado. Otro es el déficit de tarifa, arbitrado por el gobierno de José María Aznar. Es un sistema perverso según el cual el consumidor no paga todos los costes del consumo de energía, pero esos costes se le reconocen a las compañías eléctricas, por lo que se acumula con ellas una deuda que, antes o después, los consumidores o los contribuyentes acabarán pagando. Otra decisión política que se manifiesta en la factura de la luz es la concesión de abultadas primas a las energías renovables, en la que se ve la mano del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero. A todo ello hay que sumar los costes de distribución de la energía.
No es la única cuestión que se ha suscitado con la elevada factura energética. Por un lado, España no ha podido importar energía nuclear de Francia, porque una parte de sus centrales nucleares está temporalmente paralizada, mientras que ha habido varios problemas de suministro de gas procedente de Argelia, y sólo de Argelia, porque Francia se niega a conectar la Península con la red energética europea. Este factor es probablemente el que más ha contribuido a esta abultada subida. Una vez más, se vuelve a comprobar que la enorme dependencia energética de España tiene consecuencias muy dolorosas para los españoles. De todas las reformas que nunca hizo el primer gobierno de Mariano Rajoy, esta es una de las más importantes.