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Sarah Jessica Parker: "Me hacen consultas sexuales por la calle"

entrevista

Martes 24 de junio de 2008
¿El personaje ha succionado a la persona?
Hasta ese punto creo que no, pero nunca imaginé lo que iba a cambiar mi vida ese personaje. Cuando leí el guión, por primera vez, pensé que nunca podría llegar a ser Carrie ¡no tenía nada que ver conmigo!

A su descaro usted responde con timidez...
Yo soy muy introvertida, vergonzosa y tremendamente pudorosa. Nunca digo un “taco” y me ruborizo cuando tengo que hablar de cosas que pertenecen a mi privacidad. Creo que ha sido, sin duda, la mejor interpretación de mi vida porque no sólo me convertí en alguien muy diferente sino absolutamente antagónico a mí.


Las mujeres americanas se identificaron por completo con su libertad sexual...
Con la de Carrie, porque yo soy mucho más tradicional. Es curioso lo que dices. La gente ha llegado a pararme por la calle y hacerme consultas sexuales que han llegado a ponerme colorada. Fue un éxito personal transmitir tanta credibilidad, es la verdad...

¿Qué le ha dado esa mujer tan rompedora?
Sobre todo popularidad y respeto por parte de la profesión. Además me ha proporcionado la posibilidad de creerme una mujer distinta, que tenía en común conmigo la pasión por la moda. No te puedes ni imaginar lo que me ha hecho soñar Carrie. Gracias a ella he podido vestir modelazos de mis diseñadores favoritos, con los que me he sentido como una princesa…

Desde ese momento, se convierte en un “icono fashion”...
Esa apreciación es algo generosa. Me gusta la moda desde que tengo uso de razón, siempre me he vuelto loca por los trapitos. Pero, no he podido comprármelos cuando he querido. Al terminar la serie, me han regalado algunos de los modelos exclusivos que grandes diseñadores crearon para mi personaje, así que mi guardarropa ha subido de nivel.

Daría lo que fuera por poder entrar en su armario...
Ahora es muy amplio, pero no te lo imagines en función de las leyendas que circulan por ahí sobre mí. En el fondo, soy como el resto de las mujeres. Mi fondo de armario tiene prendas básicas como los jeans, camisetas de algodón, buenas camisas, trajes de chaqueta... En mi día a día soy una mujer muy práctica.

¿Y cuando llega la noche...?
Ahí brota la Jessica sexy, atrevida y glamourosa. (risas) Me convierto en una mujer sofisticada, nada que ver con la que por la mañana barrió la casa y planchó las sábanas porque, en el fondo, soy un ama de casa convencida y practicante.


¿Quién es el diseñador que le agota la VISA a principio de temporada?
Si te digo sólo uno me cerraré las puertas de todos los demás (risas). Tengo unos cuantos porque hay un gran nivel de moda en la actualidad. Narciso Rodríguez me fascina. Durante mis primeros años como actriz me vestía solamente él. Me conocía perfectamente. Tapaba mis defectos y ensalzaba mis virtudes como pocos han sabido hacerlo... pero mi vestuario ha sucumbido, también, ante Oscar de la Renta, Mizrahi y Marc Jacobs. A todos les conocí gracias a la serie. y sus diseños se han convertido en mi segunda piel. Y también tengo que reconocer que Balenciaga y la Alta Costura de Chanel son mi debilidad.

Cuenta la leyenda que en su armario se pueden encontrar cientos de pares de zapatos…
¡Me enloquecen esos complementos! Creo que el zapato es lo que hace que el look final sea perfecto. Me da cierto pudor reconocerlo pero... creo que puedo tener más de 100 Manolo Blahnik en mi armario.

Lo que le convierte en una “fashion victim” incorregible...
No te creas... Yo no sigo la moda porque sí. Creo que me conozco muy bien y sé qué cosas nunca me deberé poner. Aunque eso no quiere decir que me guste estar al tanto de lo que se lleva y lo amolde a mi estilo.

¿Siempre ha sido así?
De niña no tenía posibilidades de vestir bien. Vengo de una familia humilde. Somos ocho hermanos y mis padres sólo nos podían comprar dos pares de zapatos al año. Uno de los recuerdos más presentes que tengo es cuando entraba en las zapaterías y cogía unos zapatos nuevos. Me volvía loca oler a cuero fresco. Era como una droga...

¿Entendieron sus padres su pasión por la interpretación?
Siempre los tuve a mi lado, tomase la decisión que tomase. Ya te dije que no vivimos en la abundancia, más bien todo lo contrario, pero nunca nos privaron de nada. Estábamos acortumbrados a conseguir las cosas con esfuerzo, así que todo lo que lográbamos era como un regalo. Al principio pensaban que lo de ser actriz era una fantasía más, pero se dieron cuenta que lo llevaba muy dentro y que quería vivir de ello el resto de mis días.



¿Su físico ha marcado, en exceso, los papeles que le ofrecían?
Es obvio que no soy el prototipo de chica bombón, que todos vuelven la cara cuando me ven por la calle, pero siempre me he sentido orgullosa de mi aspecto. Me han enseñado a cultivarme por dentro y en eso he puesto todo mi empeño. Nunca he tenido complejo por la imperfección de mis rasgos. La nariz es mi rasgo más característico, es larga y no es bonita, pero nunca he querido operarme. No me quiero sentir “estéticamente correcta”...


Nunca lo ha necesitado... ¡ni siquiera para ligar!
Es verdad, he tenido a mi lado hombres guapos que me han querido tal y como soy ¡fíjate! (risas).

Con Robert Downey jr fueron siete años de relación ejemplar...
Ahora somos grandes amigos. Estoy muy feliz porque él también ha encontrado su camino. Una de las cosas maravillosas de nuestra relación fue que cuando lo dejamos la ruptura no fue traumática. Lo hicimos de manera amistosa. Los dos nos queríamos muchísimo, pero hubo un momento de la relación en la que yo me dedicaba a cuidarle y él no iba por el buen camino. Había que dejarlo... y fue lo correcto para salvar la relación de amigos.

La “espinita” se la quitó con uno de los hombres más deseados del planeta, John John Kennedy...
Era guapísimo... Nos conocimos de manera muy peculiar. El me vio en una obra de teatro y me mandó una carta, pidiéndome una cita. Era impresionante, muy atractivo. Aún hoy me pregunto cómo un noventa por ciento de mí fue capaz de olvidar que salía con todo un icono... ¡pero así fue!


Y la estabilidad tiene nombre de actor...
Es cierto: Matthew Broderick...y es mi marido. Llevamos doce años juntos y cada día nos acoplamos mejor. Me cuesta estar separada de él. Es compañero, consejero, amante, confidente. Mi éxito es su mejor medicina. Me quiere, admira y respeta. Es el hombre de mi vida.

Y padre de su hijo...
El mejor regalo que me ha hecho. No olvidaré la intensidad de sus ojos cuando nos confirmaron que estaba embarazada... Nuestro hijo es la prueba evidente de nuestro amor. Se llama James Wilkie y, desde hace tres años, ha cambiado nuestra vida.

¿Cómo es la madre de familia?
Una mujer diferente. La maternidad ha sido lo que más me ha marcado la existencia. Hasta que nació nuestro hijo, mi vida estaba centrada en Matthew, por supuesto, pero sobre todo en el trabajo. Ahora esa vida ha cambiado bastante, porque no quiero perderme ni un día de sus vivencias. Me gusta bañarle, darle la cena, leerle su cuento preferido, darle el último beso de buenas noches. Siempre digo que tener un hijo es una experiencia tan emocionante como la de levantarse, a los cinco años, el día de Reyes... ¡Es increíble!

¿Es una mujer feliz?
Es un tópico decir que la felicidad no existe, pero yo creo que se acerca bastante a lo que yo tengo. Matthew y yo formamos un gran equipo. Hemos tenido nuestras subidas y bajadas, pero el amor ha podido con todo. Formamos una pareja estable que hemos conseguido la familia que queríamos y, aunque no hay que reducir la felicidad a términos tan estrechos, puedo decirte que nos acercamos mucho.



¿Podría vivir sin esto?
Es algo que no me he planteado hasta el momento, pero creo que tengo la vida lo suficientemente llena como para poder reciclar muy bien, si se diera el caso... Si en algún momento yo viera que mi trabajo me absorbe tiempo importante de mi familia, lo dejaría todo sin dudarlo.

¿Matthew lo ha sugerido alguna vez?
Jamás, los dos nos apoyamos en todo. El es el primero que me anima y aconseja cuando tengo dudas, me incita a arriesgarme en los trabajos, me llena de fuerza y de estímulos. Pertenecer a la misma profesión facilita mucho las cosas, porque ambos sabemos lo importante que es para ambos encontrar apoyo y complicidad. El día que nos digamos el uno al otro que hay que dejarlo ¡es que algo empieza a no funcionar!.


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