Opinión

Mal de muchos, consuelo de todos

TRIBUNA

Nacho López | Viernes 27 de enero de 2017

“La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla”. Gustave Flaubert

No sé si conocen el libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” del ya fallecido Stephen Covey. En las páginas dedicadas al cuarto hábito, se nos animaba a pensar en ganar/ganar, es decir, pensar tanto en nuestro propio beneficio como en el del prójimo, para así ganar ambos. Un hábito que ayuda a encontrar el equilibrio en las relaciones humanas con un sentido de bien común como estrategia de eficiencia social. Hoy me gustaría argumentar que la estrategia opuesta, que sería algo así como “pensar en perder/perder”, quizás pueda tener más fuerza y ser más eficiente que pensar en ganar/ganar.

Existe un extraño comportamiento humano que vengo observando desde hace un tiempo que, por otra parte, no debería sorprenderme en absoluto. Se trata de lo mucho que insistimos en ‘recomendar’ cosas, a priori perjudiciales, a nuestros seres queridos. Me intriga saber qué impulsa a una persona a medio obligar a otro ser querido, consciente o inconscientemente, a beber o a comer en exceso, a endeudarse o a arriesgarse más, a jugarse su matrimonio o a tirarse por una ventana (versión económica del “
Hurgando en mi cerebro no he conseguido encontrar un término que describa mejor el origen de tal comportamiento que la palabra ‘supervivencia’. Tampoco creo que sea miedo ni desazón, sino el resultado del cóctel explosivo de nuestro complejo entramado neural, genético y social que muy pocos llegan a trascender, en realidad. Los miembros del resto de especies animales aceptarían su desgracia, su vicio o su mala fortuna con absoluta naturalidad; uno pierde, el resto gana, pero en ningún caso arrastrarían a un congénere.

Como saben, las apariencias engañan y, en numerosas ocasiones, nos ciegan muletillas de corrientes motivacionales sospechosamente positivas como “cuanto más… más” o “ganar tú… para ganar los dos”. Creo que están ciertamente sobrevaloradas, ya que estoy convencido de que las personas se acercan mucho más en lo malo y se alejan -muchísimo más aún- en lo bueno. En épocas de desgracia o situaciones críticas nuestra capacidad (también insólita) de empatizar nos honra como especie, pero en épocas de abundancia y dicha… ya saben, somos unos chicos malos. Por lo tanto, me da la sensación de que perder/perder a veces puede ser una herramienta más poderosa para la fusión de intereses personales y profesionales, y estoy seguro de que muchos nos hemos sentido retorcidamente aliviados cuando nos hemos enterado de alguna desgracia ajena o nos han contado los detalles de la vida tormentosa de algún conocido. Humanos: curiosos y sorprendentes. No es maldad, sino biología.

“Cuanto más hablo con los hombres, más admiro a mi perro. No hay más que dos clases de hombres: unos, los justos, que se creen pecadores; otros, los pecadores, que se creen justos”. Blaise Pascal

NOTA: en 2016 fallecieron en todo el mundo 36 saltadores de wingsuit, todo un récord.