Uno de los propósitos de la programación del Bicentenario del Teatro Real es ofrecer al público títulos imprescindibles del repertorio operístico que todavía no figuran en el acervo musical del coliseo madrileño, en especial clásicos del siglo XX. En este caso se encuentra Billy Budd, una de las mejores óperas de Benjamin Britten, que nunca se presentó en Madrid y que pasará a formar parte de la ya nutrida lista de óperas del compositor británico que se han ofrecido en el Real desde su reapertura: Peter Grimes, El sueño de una noche de verano, La violación de Lucrecia, Una vuelta de tuerca y, finalmente, Muerte en Venecia en 2014.
Cuando Benjamin Britten se dispuso a componer una nueva ópera por encargo de la Royal Opera House para su Festival of Britain de 1951, encontró en el inquietante relato póstumo e inconcluso Billy Budd, Sailor, de Herman Melville - el célebre autor de Moby Dick -, los temas que le fascinaban: el mar y el mundo de los marinos, los dilemas éticos y morales, el poder de la belleza juvenil, así como la arrebatadora y reprimida atracción homosexual. También, la confrontación entre el bien y el mal, la justicia y la ley, la transgresión y el orden o la culpa y la expiación, dicotomías recurrentes en toda su obra. Para la realización del libreto, Britten contó con Edward Morgan Forster, autor de diversas novelas llevadas al cine como Una habitación con vistas, Howard’s End y Pasaje a la India, y con el director teatral Eric Crozier, ambos amigos y fieles colaboradores del compositor.
El enigmático cuento de Melville, adaptado al cine por Peter Ustinov en 1962, transcurre en un navío de guerra británico, el Indomable, en 1797, durante el conflicto bélico con la Francia revolucionaria. En él embarca Billy Budd, un atractivo e ingenuo marinero, cuya belleza es un revulsivo para la tripulación oprimida, desestabilizando igualmente a los oficiales, desconcertados a causa de los sentimientos contradictorios que les provoca la irrupción del joven en su sórdido mundo. La compleja trama entre los personajes principales de la obra y sus relaciones con el resto de la tripulación desencadena el fatal destino de Billy Budd, víctima de una perversa maquinación, en un microcosmos infectado por la injusticia, la humillación, la revuelta y el odio.
La primera versión de Billy Budd, de cuatro actos, se estrenó en el Covent Garden el 1 de diciembre de 1951, con dirección musical del compositor. Pese al éxito del estreno, la ópera tuvo un corto recorrido hasta la presentación, en 1964, también en el Covent Garden, de una nueva versión revisada, en dos actos, registrada en disco en 1967 bajo la batuta de Benjamin Britten. Será ésta la versión de la partitura que el Teatro Real desvelará al público de Madrid con una nueva producción concebida por Deborah Warner, conocida en España por sus montajes teatrales pero no en el ámbito de la dirección operística, pese a su amplia carrera en mundo lírico internacional. Debutó en 1993 con Wozzeck, de Alban Berg, y desde entonces dirige ópera con regularidad en los teatros más importantes del mundo, de La Scala de Milán al Metropolitan de Nueva York.
Deborah Warner afronta su cuarto título de Britten con la colaboración del escenógrafo canadiense Michael Levine, quien ha creado un espacio escénico de gran simbolismo y enorme complejidad técnica, transformando el tumultuoso barco de Billy Budd en una inmensa cárcel flotante, lo que refuerza la universalidad de la obra. Completan el equipo artístico la figurinista griega Chloe Obolensky, que debuta en el Teatro Real, y el veterano iluminador Jean Kalman, ambos colaboradores habituales de grandes directores teatrales. La fragata de guerra de Billy Budd es una metáfora de los espacios donde la opresión y tiranía siembran los instintos más viles e irreprimibles, capaces de aflorar en cualquier momento. Esta inestabilidad y tensión latente presiden la concepción de la escenografía de Michael Levine, una inmensa jaula de cuerdas marinas, donde las escenas se suceden en balanceantes plataformas suspendidas.
La ópera, con un elenco exclusivamente masculino, 5 tenores, 8 barítonos, 1 bajo-barítono y 3 bajos, estará encabezada por el barítono Jacques Imbrailo (Billy Budd), el tenor Toby Spence (Edward Fairfax Vere), y el bajo Brindley Sherratt (John Claggart), a los que secundarán los restantes solistas, mayoritariamente anglosajones: los barítonos Thomas Oliemans, Duncan Rock, Gerardo Bullón, Tomeu Bibiloni, Borja Quiza, Isaac Galán y Manel Esteve, los bajos David Soar y Torben Jürgens, y los tenores Christopher Gillet, Sam Furness, Francisco Vas y Jordi Casanova. La Orquesta Titular del Teatro Real interpretará Billy Budd por primera vez, bajo la batuta del director musical del Teatro Real, Ivor Bolton, y las partes corales serán interpretadas por las voces masculinas del Coro Titular del Teatro Real junto a los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid preparados por su directora Ana González.