Opinión

¿Comercio libre?

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 28 de enero de 2017

Los acelerados analistas políticos y económicos, ajetreados por un sinnúmero de tertulias a las que tienen que asistir y artículos que escribir, pasan olímpicamente de la realidad. Sus comentarios no van más allá de “¡Viva el libre comercio!” y “¡Muera el proteccionismo de Trump!”. Con este tipo de “análisis” tan sutil como un golpe de hacha, no es raro que, mientras en España auguran la mayor crisis de economía estadounidense, las bolsas de Wall Street baten récords de cotizaciones y llegan a alcanzar hasta 20 mil puntos. Sin duda, muchos se desdicen de sus palabras y admiten que los mercados financieros no son de fiar, pero se olvidan que esta tendencia en alza empezó desde la elección de Trump en noviembre. No en vano ha logrado persuadir con sus argumentos a grandes empresas para que no traspasaran las fronteras estadounidenses.

Una de las medidas que más ruido ha creado esta semana fue la salida de los EEUU del Acuerdo Transpacífico (TTP). ¿Es tan reprobable esta decisión de Trump? ¿Ha sido unánime la aceptación de las condiciones de dicho Acuerdo? ¿Qué puede estar detrás del cacareado acuerdo entre la docena de países que representan 40% de la economía mundial? Todas estas preguntas quedan todavía sin respuesta mientras que el griterío anti-Trump no para. Antes que nada, la anulación de aranceles y de tarifas no fue el objetivo principal de este acuerdo, sino una medida entre mil. Además, cualquier economista sensato reconoce que las tarifas actuales ya no son una barrera infranqueable para el comercio mundial. Por lo tanto, no olvidemos que el famoso tratado del que se ha desvinculado Trump no era nada más que una fórmula para promover unos intereses bastante alejados del anunciado altruismo neoliberal. El TTP aprovechaba la bandera ideológica del “libre comercio” para defender intereses inconfesable de grandes multinacionales.

El Acuerdo se cuajó bajo medidas especiales de seguridad. Las negociaciones fueron completamente secretas. Muchos políticos, entre ellos numerosos demócratas del partido de Obama, se proclamaron en contra de este acuerdo. Los legisladores estadounidenses avisaron que parecido “amaño” no tenía ninguna posibilidad de ser aprobado, pero Obama aprovechó la “vía rápida” (the fast-track) que evitaba cualquier tipo de debate en el Congreso sobre posibles enmiendas al texto del Acuerdo. Los supuestos beneficios que llevaba aparejados este documento fueron ampliamente cuestionados durante la campaña electoral. Numerosas protestas se expresaron contra la participación de los EEUU en esta zona de “libre comercio” que llevaría a la pérdida del empleo y bajada del salario medio. Muchos analistas consideraron el TTP una concesión a las grandes multinacionales ya que permitía aprovechar las ventajas que daban los países con bajo coste de la mano de obra. De hecho, el Acuerdo Transpacífico cambiaría poco las relaciones comerciales ya existentes entre los doce países, pero sí influiría en el balance entre los poderes económicos según algunos especialistas. Lejos del comercio, lo que se negoció para el Acuerdo Transpacífico, fue el reparto del poder entre las grandes corporaciones bien asentadas entre los círculos políticos para liquidar las últimas barreras que les creaban la legislación nacional de cada país implicado. Los intereses de los ciudadanos no eran la cuestión principal de este documento.

De este modo, otra vez bajo el lema del libre comercio, que era visto como un maravilloso instrumento para el crecimiento económico, creación del empleo y el bienestar social, se escondían intereses más que cuestionables. Por lo tanto, tengan mesura los críticos de Trump y hagan caso al apoyo que Bernie Sanders, el senador más radical del Partido Demócrata, ha dado al actual Presidente de los EEUU para salir del TTP. Quizá los ciudadanos de EEUU no tendrán que esperar mucho tiempo para lograr otros acuerdos más interesantes. La visita de la británica Theresa May a EEUU pronto lo confirmará.