Javier Zamora Bonilla | Martes 24 de junio de 2008
Europa atraviesa una seria crisis de identidad, pero sobre todo atraviesa una grave crisis de futuro. Si hoy preguntásemos ¿qué es Europa?, pocos europeos darían una respuesta clara. Los más hablarían de una serie de instituciones políticas y económicas. Algunos serían capaces de articular una definición sobre una serie de valores propios de la cultura occidental y asociarían la palabra a algunos grandes nombres. Pero casi nadie hablaría de futuro. Decía Nietzsche que una nación es sobre todo la tierra de los hijos. Europa debería superar de cara a su construcción política el modelo nacional, de forma que se pudiesen integrar cómodamente los distintos proyectos nacionales en un gran proyecto supranacional. Es lo que desde hace mucho se denomina la “unidad en la diversidad”, mas tal unidad no puede permanecer anclada en un pasado sino que tiene que idear un futuro.
El grupo de sabios que preside Felipe González debería idear ese futuro a través de algunos grandes proyectos. El principal es la federación política de los Estados Unidos de Europa con una verdadera constitución europea, un verdadero parlamento europeo, un verdadero gobierno europeo y, sobre todo, una verdadera ciudadanía europea. Hay que dejarse de escepticismos y apostar claramente por esta vía, aunque de una forma comprensible para el ciudadano medio, al que se le deben explicar las ventajas de esta unión política, que debe hacerse sobre las sólidas bases de lo mejor que ha dado Europa políticamente en los últimos dos siglos: el liberalismo, la democracia y la conciencia social o solidaridad.
Esta unión política podrá ilusionar más a los ciudadanos si se la ve aparejada a algunos grandes proyectos, muchos de los cuales ya están en marcha, pero no con la suficiente intensidad. Europa se ha caracterizado en estos últimos años por la extensión. Ha llegado la fecha de la intensión. Algunos de estos grandes proyectos son:
1) Políticas de investigación, desarrollo e innovación a nivel europeo en los grandes temas actuales como la genética, la nanotecnología, el cambio climático, las fuentes de energía, la sociedad del conocimiento, la aplicación a la industria de las nuevas tecnologías, etc., etc., que permitan a Europa competir con Estados Unidos, China, Japón, India... en todos los ámbitos que marcan el proceso de globalización.
2) Políticas de seguridad que garanticen una verdadera unión en la lucha contra el crimen a través de una policía europea especializada en todo tipo de delitos que sobrepasan las fronteras nacionales.
3) Políticas de justicia que, por un lado, creen un verdadero espacio jurídico común en la lucha contra el crimen, y que, por otro, supongan una verdadera garantía de los derechos y libertades fundamentales frente a cualquier institución, entidad o persona dentro del ámbito de la Unión.
4) Políticas de defensa que desemboquen en la formación de un ejército europeo sobre la base de una asegurada paz intraeuropea (que representaría entre otras cosas la inamovilidad de las fronteras dentro de la Unión). Este ejército debería dotarse de grandes medios, lo que supondría una importante inversión en materia de innovación militar, para lo que se haría necesario la integración de las distintas políticas nacionales en esta cuestión. Un ejército así concebido daría a la Unión una voz propia en el contexto internacional y, en el marco de la ONU, debería ser una pieza clave dentro de unas fuerzas internacionales de intervención rápida en caso de guerra o grandes desastres. Estas políticas serían a priori muy criticadas, pero son absolutamente necesarias en el contexto internacional presente, dadas las amenazas terroristas de distinto signo. Además de que el viejo adagio latino sigue vigente: si vis pacem para bellum.
5) Políticas de infraestructuras que permitan una mayor integración de los mercados: puertos, aeropuertos, carreteras, trenes de alta velocidad, etc.
6) Políticas medioambientales que permitan luchar de una forma integrada frente al cambio climático y que favorezcan sinergias en distintos aspectos como la gestión del agua, de las basuras y de los desechos contaminantes, de las emisiones de gases, etc.
7) Una política internacional común que permita a Europa presentarse ante el mundo con una sola voz, muy especialmente en los grandes conflictos. Uno de los pilares de esta política internacional deberían ser las políticas de cooperación y desarrollo, que en la medida de lo posible deberían unificarse en una política común. El grave riesgo es que estas políticas, que deben ser esencialmente ágiles en su gestión, cayeran en las inercias burocráticas de la Unión, lo que habría que evitar a toda costa. La gran ventaja es que Europa tendría en estas políticas una gran tarjeta de presentación en un ámbito que cada vez ocupa más las portadas de los periódicos y la atención de los ciudadanos.
8) Políticas educativas que favorezcan una cultura europea común y una movilidad de profesionales de distintos ámbitos. El plan Bolonia parece haber fracasado antes de ponerse en marcha y ha quedado recudido a unos cuantos principios difusos y a unos cuantos criterios cuantitativistas, los cuales parecen la norma en todas las políticas universitarias actuales y más pronto que tarde afectarán a la calidad de la formación y de las investigaciones. Nadie ha pensado hondamente qué se quiere de la universidad europea.
Estos proyectos no son sino unos cuantos ejemplos de lo que modestamente se me ocurre que hay que hacer con Europa, en Europa, desde Europa. Deberían llevarse a cabo paralelamente a una gran campaña europeísta de divulgación cultural que permita al ciudadano medio asociar esa palabra mágica con los grandes logros de la cultura occidental en todos los ámbitos del saber y de la ciencia.
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