II Premio Stella Maris de Biografías y Memorias. Stella Maris. Barcelona, 2016. 535 páginas. 19 €. Espléndida biografía que recorre por vez primera toda la trayectorial vital y literaria del gran poeta de la Generación del 27, premio Nobel de Literatura 1977. Por Paulo García Conde
Se habla de la Generación del 27, por fortuna, a día de hoy. Se menciona, todavía, en el grueso de textos escolares a la hora de estudiar la literatura española. Se cita entre aquellos que comparten gusto y afición por las letras, por la lectura, por la escritura. Y los primeros nombres en ser pronunciados acostumbran a ser los de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas… Sin embargo, cuando uno no tiene un interés profundo en este terreno, suele olvidarse del nombre de Vicente Aleixandre. De un Premio Nobel, nada menos. Lo cierto es que, sin necesidad de echar mano de la vitrina, estaríamos en ese caso olvidándonos de un elemento vital, fundamental en la composición de esa generación de poetas y otros literatos que tan buenos frutos dio. Un nexo entre aquellas distintas personalidades (dentro y, sobre todo, fuera de lo artístico), un punto de encuentro que marcó el devenir en la trayectoria de muchos nombres, pero que además aportó una obra única.
Hasta la publicación del trabajo de Emilio Calderón no existía una biografía completa que, como dice el propio autor en el proemio, “abarque en su totalidad el itinerario vital del poeta”. Pero con esta obra, reconocida con el II Premio de Biografías y Memorias concedido por la editorial Stella Maris, una deuda parece haber sido saldada con la memoria de este escritor que puso tanta vida en sus rimas, pero también en sus cartas.
El objetivo de toda biografía es, o debiera serlo, aportar nueva información que invite y ayude a profundizar en la vida y carrera de una personalidad concreta. El autor de esta semblanza pretende dejar claro que ha entendido el mensaje y asumido el reto, señalando y contrastando datos tales como que el verdadero nombre del poeta era Vicente Pablo y no Vicente Pío (como se viene dando por hecho desde décadas). Un apunte que quizá no cambie en absoluto la visión que uno pueda tener sobre su obra, pero que sí es garantía de que el biógrafo se ha tomado su trabajo en serio.
Uno de los aspectos que mejor retratado queda en estas páginas es la importancia de Vicente Aleixandre como punto de peregrinaje tanto para poetas consagrados de su generación como para artistas noveles con ansia de abrirse paso y mostrar con acierto su pulsión literaria al resto del mundo. Era el poeta de origen malagueño (por mucho que la ciudad que acogiese su alumbramiento fuese Sevilla) un hombre dotado de un gran talento para escuchar, más que para hablar. Se expresaba él a través de la escucha, y por eso su hogar terminó por convertirse en casa de acogida para tantos y variados artistas.
Descubrimos que Aleixandre se reveló a sí mismo como poeta cuando la poesía no era un género que para él tuviese un significado especial. Voraz consumidor de literatura, la poesía llegó a su vida casi por casualidad, aunque una vez repasada su obra de principio a fin haya que creer en algo más que en el simple azar. Despojándose poco a poco de su introversión y su reparo a la hora de publicar aquellos textos que iba cincelando, el futuro premio Nobel dejó entrever que tenía mucho que ofrecer por medio de la palabra escrita. Debido a su siempre frágil salud, encontró así también un salvavidas al que aferrarse, para no sucumbir en un mar bravo como es la vida, a la que consideraba fuente inagotable de amor y dolor.
Otras cuestiones tratadas con detalle en este libro son, por ejemplo, su encubierta homosexualidad o su imprecisa actitud frente al franquismo o la República. En lo tocante al primer punto, se recogen todas las relaciones íntimas que Aleixandre mantuvo con hombres y mujeres a lo largo de su vida, que sirven para penetrar todavía más hondo en su obra. El sufrimiento que conllevó ocultar sus deseos, sus anhelos, a una familia burguesa y católica pero que tan buen trato le dispensó en sus momentos de malestar físico, así como el apoyo que siempre obtuvo en su trayectoria como escritor. En la correspondencia (muchas de las cartas, inéditas hasta el momento) que mantuvo con otros poetas de su época, se descubre al Aleixandre más sincero, más intenso, más sensible. Una sensibilidad que, en cierto modo, trasladaría a sus versos, en los cuales no obstante sería complicado entrever su grado de relación con la propia experiencia vivida y padecida.
En cuanto a su posicionamiento político, por así denominarlo, se nos describen sus movimientos, sus reflexiones, que confeccionan así su manera de pensar al respecto. En desacuerdo con la dictadura (aunque de un modo no excesivamente manifiesto, ya que su temor por la censura y por su propia seguridad y la de los suyos hacía mella), no dio muestras tampoco de excederse en su oposición al conservadurismo. Fue, como se dice en esta biografía, un hombre que desdeñó los extremos, las radicalidades, en ambas direcciones. Una persona enamorada de la gente, de las personas, con capacidad para analizar el sufrimiento de quienes le rodeaban, fuese este de la índole que fuese. Y con la dedicación necesaria para ahondar en él a través de la poesía.
Quedaban cosas por saber de la vida de un escritor que quizá no obtuvo el reconocimiento que cabría esperar de una trayectoria tal, así como quedarán todavía otras tantas por descubrir. La memoria, el olvido, son armas peligrosas que no terminan de acechar a la vida y obra de un poeta que supo decir: "Está y no estuvo, pero estuvo y calla. / El frío quema y en tus ojos nace / su memoria. Recordar es obsceno; / peor: es triste. Olvidar es morir. // Con dignidad murió. Su sombra cruza".
Esta nueva aproximación a su figura puede servir para ahuyentar las sombras del olvido, para que sus versos cobren vida de nuevo y opten a convertirse en referente de una poesía joven cuyo futuro no parece fácil de asimilar. Quién sabe si incluso su abandonada casa de Velintonia, antaño referente de grandes escritores, pueda ser rescatada de la casi inevitable destrucción que desde estas páginas se augura.