Surgieron de la nada para asaltar el cielo, sedujeron a millones de españoles con el mantra de que iban a arreglar el mundo, liquidar la corrupción, sustituir a la casta por un partido democrático y puro. Dos años después, se han convertido en los más viejos e inútiles de la política.
Pablo Iglesias e Íñigo Errejón andan a garrotazos por conseguir unas migajas de poder. Se han olvidado de su supuesta ideología, de sus votantes y de sus cínicos eslóganes en una lucha sin cuartel que desnuda sus vergüenzas, que exhibe sus verdaderos objetivos: el poder por el poder. Colocar a sus amiguetes en sus listas personales ante el Congreso del próximo fin de semana para repartirse las cuotas de poder y de mamandurrias que les otorgan sus 71 escaños.
Pero ya ni se acuerdan de batallar en el Congreso por esos ideales que les convirtió en el partido de los “desheredados”, de los que querían cambiar el mundo, limpiar el “estercolero político español”. También han convertido el Hemiciclo en un circo para sus piruetas y sus petardos, para su cruenta batalla. Y ya lo están pagando. Según las últimas encuestas, sus votantes empiezan a esfumarse.
Y todavía queda lo peor. En el próximo Congreso se podrá comprobar que sus hábitos estalinistas les retrotraen a la prehistoria del peor comunismo. Y el vencedor de la contienda, probablemente Pablo Iglesias, aplicará las purgas sin contemplaciones. Son los más viejos y siniestros de la política española. Por suerte, no han sabido disimularlo.