Opinión

Goya contra Rajoy

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 05 de febrero de 2017

Cuando esperábamos que en la gala de los Goya se practicara el pim pam pum contra Donald Trump (self made man, actor extra y presidente de USA), nos sorprendieron con un improvisado pero prefabricado guión de ataque contra Mariano Rajoy. Siempre lo ideológico como santo y seña de nuestros cosmopolitas artistas del cinematógrafo. Y que el presidente no se ha visto las películas nominadas, se quejaron. Al gallego le gusta el fútbol y el ciclismo y tampoco acude a ver todos los partidos de la primera división ni todas las etapas de la Vuelta a España, aunque luego tras leer las crónicas en el Marca se sepa la alineación del Leganés y el ganador de la última edición de la Flecha Valona o del Dauphiné Libéré.

Qué culpa tendrán los políticos de que el español medio repudie el cine hecho por españoles que no quieren ser españoles. Clamaba Argüelles en las Cortes de 1823 que España ha sido siempre víctima de los extranjeros. Pero también de algunos españoles que prefieren pasar por extranjeros en su propia nación; pseudoartistas y pseudointelectuales que tachan de falso lo que ellos no quieren que sea verdadero y pretenden declarar al cine enemigo irreconciliable de la verdad. Lo triste en estos tiempos blandengues y de confort es observar cómo interesa a algunos promover películas esquinadas que deforman la historia de España y las creencias y costumbres de sus ciudadanos. La excusa del IVA en una sociedad con tantos ciudadanos que prefieren portar el teléfono móvil de última generación a instruirse y cultivar el espíritu suena a excusa de mal pagador.

El séptimo arte es una formidable arma de penetración cultural que si está magistralmente producido y sin torcidas interpretaciones ni errados prejuicios puede espolear hasta lo más sublime del alma humana. Un cine así, orientador y que eduque el gusto del público, sí debiera acercarse a la escuela como propugnan algunos. Bien pudieran nuestros cineastas fomentar una estrecha armonía entre la ciudadanía española, que tan benéficos resultados puede dar a nuestra convivencia democrática, en lugar de esa cansina obsesión por la propaganda (de Goebbels) y por la permanente consigna política. Con el descenso a lo pueril por la ingenuidad o por la exageración del recurso, crean un cine carente de ideas anchas y universales, y dirigido a mentes de cierto primitivismo, fruto de un complejo que les lleva a recluirse en el recinto de lo morboso. Excelente es la película que consigue con una finalidad didáctica encender en muchos iniciados el orgullo por nuestro cine y en todos un orgullo por España, al haber engendrado tanta perfección y belleza. Porque, a veces, el aplauso conseguido no es por el valor artístico de la obra sino por lo respetable del tema. Y es que los premios Goya importa merecerlos tanto como ganarlos. Por cierto, a Rajoy le encanta el cine de James Bond, porque se presenta claramente quienes son los buenos y quienes son los malos.