Opinión

Invadiendo México, boicoteando a Trump

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 09 de febrero de 2017

La imagen de Estados Unidos en México se ha estropeado aceleradamente. Y conste que me refiero a una que siempre perteneció a un país idolatrado hasta la ignominia por algunos mexicanos, y que en cosa de días se ha ido consumiendo a un paso tan acelerado, que me sorprende sobremanera. Lo nunca visto. Nunca pensé ver el deterioro de la imagen de ese país en el mío como lo estoy viendo. Somos paradójicos, sí, porque nos gustan muchas cosas de ese vecino, pero esta vez de manera sostenida se observa nuestro desprecio por Donald Trump y sus políticas racistas y antimexicanas, que estamos proyectando a todo lo que apeste a Estados Unidos y particularmente, a su personita. No ha sido gratuita la actitud.

Cada día nos sorprenden más las noticias que llegan del otro lado de la frontera. Blancos que reclaman supremacía racial, el silencio de los negros –este me llama la atención porque no sé si están engarrotados o son indiferentes– el colgón telefónico de Trump al primer ministro australiano, la amenaza de invadir México –da igual si era oferta de ayuda o amenaza a Peña Nieto vía telefónica y negada por todos– que la sostenida y peregrina idea de que los mexicanos pagarán el muro de Trump –quien ya avisó que lo están diseñando y que lo pagarán hasta los cárteles de la droga, sin explicar cómo– lo que ha sucedido en unas cuantas semanas.

Y como telón de fondo, nuestro antiyanquismo que aunque nos da sorpresas como nuestro gusto desbordado por el Súper Tazón del fútbol americano por ejemplo, está dejando acciones interesantísimas y muy loables como la de los habitantes de ciudades fronterizas que el lunes 6 de febrero dejaron de cruzar a Estados Unidos para no abarrotarles sus malls dejándoles servidos y dispuestos aquellos, vacíos, generando pérdidas en las ventas y en el simbólico acto de doble mensaje, diciéndoles: Dependen del poder de compra de los mexicanos y si no nos quieren, piénsenselo bien.

Peña Nieto ha lanzado una campaña de consumir lo hecho en México para robustecer una economía que, además de ser dependiente de la estadounidense, puede ser aun más golpeada por medidas proteccionistas de Trump prometiendo a su país devolverle empleos y competitividad perdida que se antoja difícil que recupere.

Algo habrá calado la medida de Peña Nieto que la Cámara Americana de Comercio (American Chamber) ha reaccionado con un burdo comunicado señalando que ni hay antimexicanismo entre sus miembros y empresas afiliadas y que lo compradores mexicanos son bien recibidos en sus empresas, esas que reconocen que el mexicano es por mucho, su segundo mercado después del existente en los EE.UU. A la American Chamber un senador mexicano le ha respondido que pida a sus asociados que entonces sensibilicen a Trump sobre que cese su política antimexicana y que, en pocas palabras, no subestime el poder de compra de los mexicanos, que los puede afectar y mucho si prescinde de sus productos, o lo que es lo mismo, que ambos países sí saldrán dañados y no solo México.

Es que aquí lo he expresado en múltiples ocasiones: existe una palabra clave en Norteamérica: Interdependencia. El golpe sí será muy duro para ambas naciones de persistir la hostilidad antimexicana y la estamos haciendo valer con tino. Cabe negociar pero difícilmente, cabe imponer. Y admitirlo requiere no ver el tema desde México asumiendo una mentalidad colonizada.

Yo sostengo donde haga falta decirlo: que no tendremos armas nucleares con qué responder a una invasión estadounidense, como se ha venido ya insinuando que ocurrirá con cualquier pretexto, para saciar los apetitos desbordados de este nuevo gobierno yanqui, que de seguro barrería las defensas mexicanas, pero un poder de compra demostrado, sí que lo tenemos y parece que lo estamos haciendo valer de manera eficaz como medida de presión. Nunca había visto tanta campaña contra adquirir productos y servicios de marca estadounidense, y especialmente de aquellos donde nos pongan la cara de Trump –lo mismo su más reciente libro de campaña, que revistas de sociales en que aparezcan él o su esposa o aborden a su familia, que la marca de bolsos de su hija– boicoteando todo lo que los relacione a ellos con sus negocios en México, distinguiendo así el riesgo de afectar empleos mexicanos tratándose de otra clase de empresas. Todo indica ser el camino correcto como respuesta al antimexicanismo de Trump. Y aprisa está aconteciendo. Entre México y Trump hay un desamor correspondido.

De la invasión a México ya se lo dije semanas atrás: llevan años preparándola y no han sabido por dónde más meterse, siendo el tema de las drogas el que viene estupendo para forzar las cosas. No me extrañó cuando la semana anterior se filtró la supuesta versión de que Trump exigió a Peña Nieto acabar con los bad hombres (narcos) o Estados Unidos actuaría sin necesidad de México y de los mexicanos, evidenciando planes de invasión. La han buscado por años cediendo México en todas sus exigencias poco a poco, y el tema antidrogas del principal consumidor de ellas, es el camino adecuado para lograrla. Así de fácil.

La incontinencia digital de Trump por Twitter es tan abominable que sus gracejadas son dignas de desenmascararse. Cuando hace unos días tuiteó que México ha abusado del TLCAN y ha sacado raja robándole oportunidades a su país, solo condujo a decirle que el saqueo de las empresas estadounidenses en México ha compensado cualquier supuesta ventaja comercial legal que hayan perdido o que México obtuviera con un tratado de libre comercio que desatoró todas las tramposas y abusivas medias proteccionistas impuestas a los mejores productos mexicanos por ese país. No poderle poner tan fácilmente otra vez el pie en el cuello a México, no le gusta a Trump, pero solo conseguirá de nuevo hacerlo invadiendo ese país o tomando medidas ilegales aun para sus leyes.

Los mexicanos están jugando sus cartas, desde el gobierno y desde sus ciudadanos de a pie. Contrarrestan tanta chulería, tanto insulto y tanto abuso del troglodita inquilino de la Casa Blanca. Temo lo peor en ese deterioro de la relación entre ambos países, por la escalada de agresión evidente. Pero no podemos arredrarnos. Solo resta plantar cara y no presentarnos ante el problema con una mentalidad colonizada. Es lo adecuado, es lo procedente frente al yanqui. Y eso le jode.

Ha sido noticia la mexicana que acudió a un consulado estadounidense a devolverles su visa. En su carta de renuncia a ella, escribió que lo hacía en protesta contra los insultos de Trump a México. ¡Bien por la mexicana! El caso amerita conductas como esas y las aplaudo. Es lo menos que se puede hacer ante tanta barbajanería de Trump y de todo aquel que lo secunde. Máxime ahora que niegan acceso a quienes incluso, en sus móviles caricaturicen a Trump. Si el costo es no poner un pie en Estados Unidos, páguese el costo. Peor para el Sol.

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