Opinión

Todo en vilo

TRIBUNA

Agapito Maestre | Lunes 13 de febrero de 2017

La realidad es dura, pero los partidos políticos se obstinan en negarla: una cosa es el partido y otra la realidad histórica de España. El ser de los partidos políticos españoles está lejos de responder a la realidad del país. La apariencia domina el mapa político español. No hace mucho tiempo teníamos la sensación de que los grandes y los pequeños, los viejos y los nuevos partidos caían y caían sin freno posible, pero hoy esa sensación aparece oculta por el triunfalismo creado por los organizadores de esos congresos. La política española es tan rara que, a veces, uno tiene la sensación de que ni siquiera es política.

Todo parece claro y distinto después de los congresos de C´s, Podemos y PP. Los tres partidos salen aparentemente reforzados. Los liderazgos no han sido cuestionados. Rajoy, Iglesias y Rivera salen por la puerta grande de sus respectivos congresos. Las maquinarias de los partidos se muestran bien engrasadas para que nadie moleste a las cúpulas dirigentes. Y, finalmente, todos parecen estar de acuerdo en que un partido político es, antes que cualquier otra cosa, una empresa que reparte cargos y recompensas a sus militantes y simpatizantes. No seré yo quien ponga en cuestión esas conquistas civilizadas para hacer política. Liderazgo, organización interna y recompensa para los profesionales de la política son ingredientes imprescindibles para el funcionamiento de la vida democrática.

Sin embargo, no creo que esas condiciones sean suficientes para enfrentarse a los retos que nos presenta la actual situación del país. Fijémonos solo en tres cuestiones: secesionismo catalán, crisis de la Unión Europea y estabilidad democrática. Sobre esas cuestiones o no han dicho nada o se han puesto de perfil. Se ha pasado de puntillas por los temas cruciales que determinan el ser de España. Por ejemplo, es de agradecer que Rajoy haya zanjado de modo concluyente que no habrá referéndum de secesión en Cataluña, pero eso tendrá que plasmarse en unas propuestas sencillas y comprensibles para todos los españoles. No se trata de retóricas vacías sobre el cumplimiento de la legalidad, sino de ejercer la autoridad política para saber a qué tiene que atenerse la población ante el proceso secesionista abierto en Cataluña.

La política es algo más que la reducción del poder a mera gestión y administración. Se requiere una perspectiva histórica, o sea, es menester hacer una síntesis del pasado para nuestro aquí y ahora que nos proyecte con ilusión para el futuro. Cuando desaparece la perspectiva histórica, o sea, la política de la vida de nuestros partidos, todo puede suceder. En efecto, un partido político sin proyecto histórico no es nada, porque todo da igual. Se pierden las mínimas referencias morales para hacer política. Yo he sentido vergüenza ajena sobre el tipo de votación acerca de la enmienda de “acumulación de cargos” en el PP. Por no decir nada de la desvergüenza que exhibe Podemos al presentar su Comisión de Garantías como un modelo de funcionamiento a pesar que tiene sin resolver más de 80.000 casos.

Porque los programas políticos surgidos de esos congresos no ilusionan a nadie, cualquier cosa puede suceder en el futuro… El sistema político español está en vilo de cualquier mínima contingencia, de algo que tienen tantas posibilidades de ser como de no ser; alguien se imagina lo que puede montarse en el mes de mayo, si Pedro Sánchez volviera a ganar las elecciones primarias en el PSOE…