El Nápoles aterrizó en Madrid este martes para afrontar su oportunidad de demostrar y demostrarse la altura del proyecto que ha relanzado al club partenopeo en los últimos años. Con Diego Armando Maradona acaparando los focos y la presión (es el único superiviente de la expedición de la otra única visita de esta institución a Chamartín, en 1987), los subcampeones del calcio se presentan en el Bernabéu sin hacer ruido y con la intención de aleccionar al mundo de lo atrasado de la relación catenaccio-fútbol italiano. Sin un delantero de relumbrón -Higuaín migró al rico norte transalpino y se transmutó en traditore al instante-, el conjunto campano desarrolla un estilo escurridizo de juego, propositivo, en el que la posesión y el contragolpe entremezclan a la perfección. Lorenzo Insigne, Dries Martens, José Callejón (suman 31 dianas en la prsnte Serie A) y Marek Hamsik serán las referencias a vigiliar por los españoles y la irregular línea defensiva, el nicho a explotar por Ronaldo y compañía.
El estatus alcanzado en el Bel Paese por este Napoli colorido -asentado ya en la disputa de las eliminatorias de la Liga de Campeones, aunque nunca haya accedido a cuartos, y como alternativa a la dictatorial de la Vecchia Signora- intentará sorprender al mejor equipo del mundo por su talón de Aquiles, el equilibrio (sólo sostenido, en la versiones más dispersas, por Casemiro). Con los sobrios carrileros Goulam y Hysaj como punzones a la contra, los merengues habrán de evidenciar la consistencia, orden y multiplicidad de disposiciones (cierre y contragolpe o monopolio del cuero) para domar la verticalidad de un oponente irreverente. Sobre la hoja de ruta a adoptar y la feliz asunción del tapado/víctima propiciatoria en el cruce que dará comienzo este miércoles (20:45/Bein Sports) departieron en la previa el arquitecto que enriqueció los cimientos que edificó Benítez, Maurizio Sarri, y dos viejos conocidos de Valdebebas: Raúl Albiol y José Callejón.
"Es evidente que necesitamos jugar con algo de cara dura y locura para intentar nuestro juego y para superar el miedo", avanzó el técnico para confesar que "podemos hacerles daño a la contra y tendremos que verticalizar muy rapidamente, como marca nuestro estilo, porque sus contraataques son increíbles". "Tenemos que ser muy rápidos a la contra pero todavía más rápidos en la recuperación de balón", enfatizó Sarri en un diagnóstico extrapolable al libreto de ambos banquillos, pues el escenario de volatilidad y tempo alterado de partido es tan pronosticable como una pugna densa por la posesión. "La única duda que tengo es si jugar con tres o cuatro delanteros", bromeó el entrenador que se mostró "muy alegre por llegar al Bernabéu después de haber pasado por todas las categorías del fútbol" antes de reafirmar su valiente postura: "No vamos a cambiar nuestro estilo (ofensivo). Lo mantendremos. Pero, es que si nos encerráramos no creo que de repente pudieramos contener toda la rabia atacante del Madrid".
"Nosotros jugamos al ataque e iría mal cambiar el estilo, porque estamos cómodos con él y nos ha dado resultados", subrayó Albiol, central pareja de Koulibaly (pieza clave de la línea más frágil del colectivo por su velocidad) que ahondó en la premisa esbozada por su jefe. "Este partido es importante para nosotros porque es un paso en el crecimiento que venimos teniendo en el último año y medio y nuestra mentalidad es venir a ganar". En una línea similar se mostró Callejón, la tercera pata de las flechas con las que el Nápoles ha suplido la baja de Milik, su delantero referencia (todavía convalenciente de una lesión muy larga relacionada con el ligamento cruzado). El canterano madridista expuso que intentarán hacer goles pero que un empate en este estadio sería un buen resultado. "Ellos son los favoritos pero venimos con mucha confianza y queremos hacer nuestro juego, somos un equipo grande y tenemos la convicción de que podemos hacerles daño", sintetizó uno de los desestabilizadores sobre los que gravita la estructura de un centro del campo que navega entre lo físico y lo técnico (como el balompié italiano actual).
Mentalidad y concentración son los conceptos en torno a los que se lee esta eliminatoria entre dos dibujos que cuentan sólo con un ancla destructivo -al uso- de mediocampo hacia adelante. Los dos púgiles tienen tendencia a conducirse al desenfreno del toma y daca, desechando el compás pausado y en estático, y este combate entre dos perfiles tan similares puede convertir cada error táctico o imprecisión en una condena corrosiva. Lo cierto es que los visitantes llegan en racha y medirán su compostura colectiva en una élite que parece motivarles tanto como impresionarles: "No sé si me dará escalofríos el escenario pero mi equipo está fuerte en términos de mentalidad y cuando te enfrentas a un club como éste puedo aceptar cualquier resultado. Lo que no voy a permitir es jugar con miedo". "Si nos encerreamos en el área 90 minutos tiene que ser por méritos del rival y no por miedo", manifestó Sarri, que terminó el análisis del evento más pomposo que ha enfrentado nunca argumentando que "no hay grandes antídotos para combatir al talento. Si los hubiera no habrían exisitido los Maradona, Ronaldo o Messi". "Lo que podemos hacer es intentar limitarles, pero este equipo (el Madrid), aunque se pueda estudiar tácticamente, la realidad es que gana porque tiene jugadores talentosos y capaces de resolver en cualquier minuto", sentenció un entrenador que sembró la promesa y la resignación de plantear un partido abierto en el que marcar fuera de casa desborda a la argucia del candado para jugársela en San Paolo.
"Nuestro equipo se maneja bien tanto fuera de casa como dentro, porque somos buenos en la gestión de la pelota y el control del partido y también en el contraataque", resaltó el estratega napolitano (de nacimiento) en una definición que bien podría verbalizar Zidane sobre su camarín. Y es que en la hierba del Paseo de la Castellana se enfrentarán dos esencias parecidas, ambas dotadas de talento, trabajo y agujeros en fase defensiva -si bien la asimetría con respecto a la proporción de calidad técnica resulta evidente pero no notoria-. Así pues, la recuperación de Kroos ayudará al técnico francés a recobrar la cohesión de sus líneas para controlar ambas fases de este deporte -el epígrafe central de esta discusión amén de la puntería-, con la presumible entrada de Lucas Vázquez como apoyo de la medular de 4 piezas tras el descarrile de la zaga de tres zagueros padecida el pasado sábado. Lo protagónico o accesorio del centro del campo marcará hacia qué lado se desnivelará una balanza más equilibrada de lo que puediera parecer. Porque el coloso convive con más dudas e instabilidad de ejecución, después del pinchazo de la burbuja de resultados que confeccionó la racha de 40 partidos invicto, que su oponente. En definitiva, Nápoles, cuyos comercios cerrarán antes para ver el histórico partido y que ha desplazado a 10.000 tifosi, "sólo" se ve afligido por su complejos de novato y el pánico escénico. Las inercias son contrapuestas y favorables a calificar como peligroso este trance.
La "concentración" también visitó la sala de prensa del Zizou. "Tendremos que contrarrestar su juego con concentración", proclamó el campeón de Mundial 1998. "Es lo que más quiero, lo que estamos haciendo últimamente, estar concentrados en lo que tenemos que hacer porque es un partido 50 a 50. Sabemos que podemos hacer daño al rival y que ellos pueden meternos en dificultades", explicó el partícipe de las últimas tres Ligas de Campeones madridistas y que este curso aspira a convertirse en el único caso en que el campeón revalida tal condición. Zidane quiso remarcar la trasendencia de no encajar goles, sobre todo jugando la ida en campo propio y ante el pelaje del contrincante, por lo que el conjunto que entrena y ansía facturar el billete a sus séptimos cuartos de final consecutivos (y que ha ganado 28 de sus 33 últimos partidos europeos en el Bernabéu) tendrá que afanarse y remangarse para detener y apagar la agresividad atacante de las bandas napolitanas (con superioridades continuas buscadas entre Goulam-Insigne y Hysaj-Callejón). Cualquier atisbo de complacencia reverdecería los fantasmas en un coliseo que no está del todo contento ante el declive de la trayectoria triunfal de su plantilla.