Poquito antes de que llegara el día del “niño con alas y flechas” el “rey de la bachata”, Romeo Santos, volvía con una nueva… bachata, claro. Qué será eso que tienen estos ritmos latinos que vuelven loco a medio mundo y loca al otro medio. Simplificando, no deja de ser un cuatro por cuatro de bongós (macho y hembra por supuesto), un poco de güiro y shaker (como una maraca) junto a un bajo y la típica guitarra tocando bien agudo, pero bien.
Con eso y un poco de gustoso tenemos la bachata en marcha, pero nos falta la voz. Muy difícil es cantar tan arriba, requiere de un excelente control del aire y emisión y la de Romeo es prácticamente voz de contratenor (chico cantando como chica), y si no, comparen las voces*:
La bachata habla de historias de amor, desamor, celos, deseos, traiciones. Vamos, lo que viene siendo una ópera, y si no, comparen las letras.
Qué ironía, géneros tan lejanos y a la vez tan juntos, muy juntos, la bachata se baila bien pegadito, porque bailar de lejos no es bailar. Se unen los cuerpos y las curvas en un sinfín de figuras diversas: vienen, van, arriba, abajo, bachata, ¿ballet?, no…
Lo humano y lo divino se toca, se toca mucho, qué rico, sea al compás de Bach, al aire de Verdi o al ritmo dominicano de Romeo Santos, pese a quien pese, también es arte.
En la semana del Amor Romeo Santos reza:
Si yo fuera el Hombre Araña,
Por un beso 100 pies de altura escalo sin esfuerzo a tu balcón,
Y si alguien te pregunta por tu héroe favorito,
Dile que soy yo.
Un tal Miguel Cervantes rezó:
Querer que nunca sabe lo que quiere,
Nube que los sentidos escurece,
Cuchillo que nos hiere,
Este es el Amor.
¡Seguidle, si os parece!
*No es necesario ver los videos completos, unos segundos bastan.