Traducción de Xavier González Rovira. Anagrama. Barcelona, 2017. 208 páginas. 16,90 €.
Por Esperanza Castro
Cuando un libro como La Esposa joven irrumpe en el vasto universo actual no podemos hacer otra cosa más que dar las gracias. Y el motivo primordial para este agradecimiento lo encontramos en la sorpresa, porque esta es cada vez más un animal en peligro de extinción: ya todo está visto, no hay nada nuevo bajo el sol.
La principal extrañeza (eso raro que tanto nos gusta a los que estamos sedientos de novedad), lo que de entrada desconcierta, es la voz del narrador. Este “narraautor” (especie híbrida entre narrador y autor), si bien no del todo inédito en la literatura contemporánea, es aún poco manido lo que todavía logra el efecto deseado: asombro, atención plena, participación activa del lector. Durante muchas páginas nos estaremos preguntando quién habla, quién es esa tercera persona, por qué el indirecto libre.
Este es uno de los juegos propuestos por Alessandro Baricco (Turín, 1958) -y al que entramos con placer- mientras nos cuenta cómo la Esposa joven al cumplir los dieciocho años abandona Argentina y viaja a Italia para reunirse con su prometido, el Hijo. Llega sin anunciarse a la mansión de la Familia cuando éste se halla fuera del país. Allí será cariñosamente acogida por la Madre, el Padre, la Hija, el Tío y Modesto, el mayordomo (personajes sin nombre -excepto el último- y sin cara pero de ninguna manera incorpóreos); y se topará con un mundo que roza el surrealismo mágico: todos temen morir cada una de las noches y celebran los amaneceres con desayunos desmedidos que duran hasta la tarde a los que se suman como invitados un sin número de comensales. Con una soltura inusitada encajará como pieza de puzle entre un Padre con corazón de cristal, una Madre bellísima que siembra a su alrededor locura de amor, una Hija con discapacidad que guarda secretos anhelos y un Tío que sufre de narcolepsia, siempre vigilados por Modesto, quien obedece estrictamente a lo que de él se espera.
La pericia y la dificultad con que la muchacha se mueve dentro del ambiente serán sus principales valores y también su atractivo; siendo la perturbación de un entorno que aprecia por encima de todo el orden y el no-cambio provocará la infinitesimal evolución de la vida de los diferentes personajes. Evolución que, sin embargo, se llevará a cabo en ella a través de su propio cuerpo: con el sexo como herramienta de progreso, como instrumento revulsivo.
Baricco (autor de la exitosa Seda (1996)) convierte magistralmente al erotismo en el motor de la novela. Los pasajes eróticos destilan ingenuidad, sutileza, pasión e, incluso, ternura; con perfecta elegancia se ciñe a la atmósfera de la regia mansión. Esto transforma la obra en una pequeña joya, pues pocos párrafos de esta índole son rescatables en la historia de la literatura, y el turinés demuestra aquí habilidad de orfebre.
Además, la metaliteratura todavía sorprende. El autor entreteje una reflexión sobre el acto creativo: lo que mueve hacia la escritura y cuánto de las vivencias de él mismo se incluyen en la narración. Este elemento tan “de moda”, en ciertas ocasiones (no en todas) resulta distorsionador dentro de la fluidez con que transcurre la lectura, aunque no llega a restarle interés.
Definitivamente, Alessandro Baricco con La Esposa joven nos regala una excelente oportunidad para dejarse seducir por la sorpresa.