Ningún club había logrado el trofeo en cuatro ediciones seguidas en tiempos de ACB. Por M. Jones
La final arrancó con un equilibrio profético que repartiría aciertos a ambos equipos en un inicio en el que el Valencia gozaría de sus escasas ventajas. Con el rebote y las asistencias como parámetros asimilados, la línea de tres sostuvo a los levantinos en el duelo a medida que el intercambio de canastas iba favoreciendo a los capitalinos. Así, los pupilos de Pablo Laso clausuraron el primer cuarto (22-16) con sus primeras brechas en el electrónico y la inercia favorable. El equipo luciría más dominador en defensa con la entrada de Ayón y se dispuso una escapada merengue propulsada por Randolph (14 puntos, 5 rebotes y 21 de valoración al intermedio), la capacidad distribuidora de Doncic (4 asistencias al descanso) y los chispazos irregulares de LLull.
Dispondría de dobles dígitos de ventaja el Real Madrid cuando el duelo quemaba sus primeros quince minutos (40-30), pero el Valencia aguantó y se rehízo, forzando errores en el tiro de los madrileños y afilando desde la línea de tres (mejor porcentaje global en los dos primeros cuartos que su oponente). Alzaron la intensidad y la amenaza de Dubljevic facilitó circulaciones que desembocaban en tiros liberados de San Emeterio, Van Roosom, Sato o Sastre. Así, el sistema de Pedro Martínez arrancaría una discreta desventaja al final de la primera parte (45-43). El banquillo merengue había neutralizado la respuesta del aspirante.
Mantuvieron el comprimido pulso los dos esquemas en el tercer cuarto, con Llull y San Emeterio apareciendo en un intervalo de más seriedad táctica. Y dispondría el Valencia de una posesión para volver a mandar a los tres minutos y medio del periodo. Sin embargo, la dupla formada por Ayón (cada vez más afinado en ataque, con doce puntos en este periodo y en una lucha titánica con su par montenegrino) y Felipe Reyes complicaría la labor a Dubljevic y los taronjas volverían a verse nadando contracorriente en otro tramo denso en el que las canastas caían con dificultad. Fue en el ecuador de este acto cuando el Madrid volvió a poder correr tras robo y a hilvanar un colchón (61-54 en el minuto 25).
Con Vives creciendo hasta dirigir la orquesta y alzando el nivel físico del juego alcanzaría el bloque che a nivelar el combate de nuevo (63-62). Parecía más voluntarioso el escuadrón que fue por detrás durante todo el encuentro pero no conseguiría rematar la remontada ante la gestión, plena de oficio, de las escuetas ventajas que implementó un campeón de Europa que ganaba tiros libres y se remangaba en repliegue. Y, como ya se había constatado, los terceros clasificados de la ACB no lo pondrían nada fácil. A un minuto del final del tercer cuarto terminaría empatando (a 68) con una canasta sencilla de Thomas aunque un triple de Llull, sobre la bocina, mantuvo a los suyos a flote a falta de 10 minutos para la conclusión (74-71).
El periodo final asistió a un ascenso de la fiscalización física por la que Doncic se coló para responder a los cuatro puntos seguidos del imperial Dubljevic. En ese escenario, en el que el rebote se alineaba con los naranjas, se dibujaba un camino favorable a la remontada, pero el desplome de los porcentajes desde la línea de tres del Valencia lastraba sus anhelos y sensaciones. El Madrid, con paso pegajoso y estable proseguía su directriz de sacar la cabeza siempre en el resultado y minar lo psicológico del contrincante. Amaneció entones Carroll para poner seis puntos de distancia (82-76, a seis minutos y veinte segundos) con un triple punzante.
Los últimos cinco minutos sobrevinieron con la asimetría en el rebote definitivamente como un factor favorable a los valencianos, que seguían sin maquillar el descalabro desde el perímetro. Precisamente desde esa distancia apretó el marcador Van Rossom (82-81), cuando el cansancio de dos prórrogas consecutivas se dejaba entrever en las pérdidas de un Real Madrid amarrado por la subida de revoluciones, en fase defensiva, de los taronjas. Contestaría otra vez Doncic, con una falta provocada desde el triple, para dar aire a sus compañeros y Randolph reapareció para sumarse a un respingo que funcionaría sólo como anestesia momentánea (87-81 a tres minutos y medio).
Y, mientras los levantinos recogían el fruto de su plan para volver a ajustar la estadística (87-85), LLull soltó un bombazo, robo un pase y sumó cinco puntos que obligaron a Martínez a parar el partido (92-85 a 2:20 del final). El coloso montenegrino haría caso a su técnico de vuelta a la cancha pero el de Mahón resultaría irresistible: inyectó otro triple a la fórmula para anotar los últimos 10 puntos de su bando. San Emeterio y la garra de los suyos quiso revirar la trayectoria dictada por el madridista balear fijando el marcador en un 95-91 casi definitivo (a 50 segundos). Sin cometer falta dispondría el Valencia todavía de opciones para presionar al vigente campeón, pero la línea de tiros libres traicionó a Dubljevic (el mejor de la final con 28 puntos, cinco rebotes y 35 de valoración) y a la estrella drafteada por los Houston Rockets (22 puntos, cuatro asistencias y 22 de valoración). Y el triunfo se dirimiría tras un fallo garrafal de Randolph (20 puntos, 7 rebotes, 26 de valoración) que entregó el partido a los valencianos ccon una pérdida infantil. Pero éstos no aprovecharían una última posesión, de nueve centésimas, en la que no llegaron a tirar. El régimen de los de Chamartín sigue vigente y el Valencia cayó de pie, añadiendo lustre a este campeonato.
- Ficha técnica:
97 - Real Madrid (22+25+27+23): Llull (22), Rudy Fernández (2), Taylor (5), Reyes (1) y Randolph (20) -cinco inicial-, Ayón (18), Maciulis (3), Draper (-), Nocioni (-), Doncic (9), Carroll (14) y Hunter (3).
95 - Valencia Basket (16+29+26+24): Van Rossom (6), Martínez (7), San Emeterio (17), Sikma (6) y Dubljevic (28) -quinteto titular-, Thomas (4), Vives (2), Diot (2), Sato (5), Oriola (6), Sastre (12) y Kravtsov (-).
Árbitros: Juan Carlos García González, Antonio Conde y Benjamín Jiménez. Sin eliminados.
Incidencias: Final de la Copa del Rey 2017 disputada en el Pabellón Fernando Buesa Arena de Vitoria ante 14.982 espectadores. El ministro de Educación, Cultura y Deportes, Iñigo Méndez de Vigo.