Opinión

El helicóptero en el que sigue José Bono

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 20 de febrero de 2017

El albaceteño José Bono ha sido capaz de escribir su propia auto-hagiografía que intituló Les voy a contar, un fiasco editorial que no ha leído nadie y que le ha costado a Planeta la friolera de 800.000 euros. Bono, el personaje que simboliza un estado de cosas, desde el implante capilar al pelotazo urgente, es ex todo: expresidente de la comunidad de Castilla La Mancha, expresidente del Congreso, exministro de Defensa, exsecretario general del PSCM-PSOE, exdiputado en las Cortes Generales, exdiputado en las Cortes de Castilla-La Mancha, ex de la encantadora y discreta Ana Rodríguez Mosquera… ex de esta España nuestra.

Y ocurrió que los periodistas averiguaron ayer que Pepe no quiso entregar a las familias de los militares muertos en el accidente del helicóptero Puma Cougar en Afganistán –en el que murieron 17 militares españoles al oeste del país en agosto de 2005– el informe sobre el siniestro que había elaborado la Comisión para la Investigación Técnica de Accidentes de Aeronaves Militares, organismo dependiente del Ministerio de Defensa. Los padres, viudas y huérfanos de los militares acusan a Pepe de “obstruccionismo y ocultación”, consiguieron reabrir la causa después de recibir 22 folios censurados y sin anexos. Tras varias llamadas, Eduardo Guitard, padre del piloto fallecido, consigue ver en la base sevillana de El Copero a finales de 2008 “la fotografía de una chapa con agujeros que parecen ser impactos de bala con dirección al interior”, una derivada que no se ha investigado. Igualmente, faltan páginas. Guitard trata de hablar con el piloto del segundo helicóptero y el entorno le comenta que “el Ejército le ha dicho que tenga la boca cerrada y que se atuviera a las consecuencias si hablaba”. Bono, incapaz de dar explicaciones de este ataque y de otras muchas cosas, dimitió como ministro en abril de 2006.

Pepe enfocó el expediente desde una perspectiva hegeliana, una dialéctica de contrarios: es decir, tú quieres saber qué ocurrió… y yo no te lo voy a decir. La causa se vuelve a reabrir tantas veces como se archiva. En su momento, un responsable talibán, el mulá Dadulá, aseguró que los talibanes derribaron el helicóptero español. Soldados, cabos, sargentos, tenientes… yacieron esparcidos por las laderas montañosas de la ciudad de Herat. Y comenzó entonces la mala leyenda de Pepe Bono, la real, la escondida que revelaría a su vez su condición de tapado y ese trasfondo de desinformación y destrucción de pruebas tan característica de los atentados militares y civiles con víctimas españolas. El tiempo no ha borrado las huellas de la infamia y las viudas reclaman aquellos restos mortales, un sentido histórico de su sacrificio, la explicación de por qué y quién decidió sobrevolar a ras de suelo el objetivo del enloquecido talibán. O lo que es lo mismo, la incursión en el avispero del horror que impulsó Zetapé. La diferencia entre la relación y el relato del PSOE de aquellos años es la misma que entre la realidad y la propaganda, la teatralización del populismo “zetaperiano” y sus ministros de la comedia, de vinos, bocatas y tertulia, el pintoresquismo de lo antiprogre y la viuda desconsolada que jamás recibe una respuesta.

La pregunta es qué hacían nuestros soldados en aquella misión de “seguridad” liderada por la OTAN, sobrevolando a diez metros de altura un semillero de terroristas. Y también cuál es la lectura hagiográfica que, una vez más, podemos hacer de Pepe, mito moderno de nuestro tiempo que sigue subido en aquel helicóptero, muy a su pesar.

Ahora Pepe, que entregó un informe sesgado a las familias que aún no saben lo que ocurrió, le pide a Trillo que pida perdón por la gestión del accidente del Yak 42 en el que murieron 62 militares en 2012. Hace falta rostro, Pepe, y cuánta laboriosidad y santidad que llevas contigo, tan virreinal, estatuario y de misa los domingos… Tanto hisopo como el que lleva consigo el beato Trillo (Figueroa). A buen seguro que Dios Nuestro Señor –o Satanás– os lo premiará.

Twitter: @dfarranz