Las nuevas tecnologías crecen a pasos acelerados y, recientemente, se ha centrado en desarrollar, no sólo gráficos cada vez más elaborados, sino también dispositivos con los que poder disfrutar de forma más directa de experiencias lo más reales posible.
Para ello, los desarrolladores se concentran en romper las barreras de lo real y lo artificial. Esto ha dado como fruto la idea de emitir de forma más directa las imágenes al usuario mediante unas gafas equipadas también con efectos de audio.
Con esta tecnología se logra que la inmersión sea tal que al cuerpo se le hace realmente difícil discernir si las sensaciones transmitidas al cerebro son generadas de manera artificial o no. Como consecuencia, ante ciertas vivencias se generan los mismos efectos secundarios que en la realidad más vívida, tales como mareos, náuseas, desorientación…
Y sino, que se lo digan a este hombre que probaba el simulador Oculus Rift cuando pudo comprobar en sus propias carnes el pequeño paso que hay entre la realidad virtual y la vida misma.