Los Angeles Lakers firmaron en la pasada temporada la peor relación de triunfos y derrotas de su historia. La caída de la imagen y de la tensión competitiva dibujada por la franquicia californiana en los últimos años concluyó con una tenebrosa llegada al fondo del pozo de la NBA, con un récord de 17-65 que terminó por derruir la esperanza y mística de uno de los equipos que reflotaron a la liga estadounidense cuando ésta manejaba una etapa complicada con respecto a drogas y prestigio en los 70 y 80. Su antagonismo con los Celtics relanzó su leyenda y la del baloncesto de Estados Unidos en una alianza que parece, en este solar actual, decimonónica.
En consecuencia, la directiva de los angelinos han decidido entregar las riendas de la organización a Earvin 'Magin' Johnson, nuevo presidente de operaciones deportivas, en un intento por reenganchar a su masa social y reconstruir la faceta deportiva hasta el punto de volver a hacerla competitiva. En un esfuerzo progresivo, uno de los mejores jugadores que haya conocido este deporte ha de refrescar el orgullo de los jugadores -de la mano del técnico Luke Walton, ganador de varios anillos en California- para que el proyecto repleto de juventud crezca, en el medio plazo aspire a play-offs y, a largo plazo, apunte a las Finales.
El caso es que tras su llegada se ha activado una purga de la cúpula directiva. Ha sido Jeanie Buss, dueña de la franquicia e hija del histórico mandatario que aportó lustre a ese club, la que ha echado al director general Mitch Kupchak y ha despedido a su propio hermano, Jim Buss, que desempeñaba el cargo de vicepresidente ejecutivo y jefe de operaciones de la institución. Ambos han sido los cabezas de turco de la mencionada gota que colmó el vaso y que vino a subrayar el error capital que se le achaca al primero de los despedidos.
Kupchak llegó a los Lakers en el 2000 para sustituir a Jerry West -que llevaba tres décadas en el equipo- y recolectar varios anillos que sumar al pomposo palmarés angelino -y añadiría los últimos cuatro títulos a las vitrinas del Staples Center-. Sin embargo, el directivo hipotecó el futuro y presente de su conjunto al conceder el máximo de sueldo a un Kobe Bryant en claro descenso de rendimiento. La estrella, que protagonizó una despedida-homenaje de seis meses en su último año en la liga -hecho que influyó en la falta de motivación del resto del vestuario-, percibió un dineral en el epílogo de su carrera que alejó a los grandes agentes libres de la franquicia. Los límites salariales que impone la NBA provocaron que el sueldo entregado por Kupchak a Bryant impidiera la llegada de estrellas. La cosecha, por consiguiente, es el actual 19-39 de este ejercicio y la sensación continuada de una cesión del estatus en favor de sus vecinos 'pobres', los Clippers.
"Tomé varias decisiones que creo que colocarán a los Lakers en el nivel que exigía (su fallecido padre y ex dueño del equipo) el doctor Jerry Buss y que nuestros fanáticos esperan", declaró una Jeanie Buss que ha contratado a Magic como nuevo jefe de operaciones deportivas y ayudante personal de la presidencia. El movimiento, publicado dos días antes del cierre del periodo de fichajes -protagonizado por el traspaso de Demarcus Cousins a los Pelicans de Anthony Davis-, prosigue: "La búsqueda de un nuevo director general para trabajar con Earvin (Johnson) y Luke Walton está bien encaminada, y esperamos presentar pronto al nuevo cargo ejecutivo. Los tres formarán la base para la nueva generación de grandeza de los Lakers", subrayó.
Tres años encadenados sin play-offs parecen una eternidad para uno de los aristócratas del baloncesto que ha postergado, demasiado, la reconstrucción que venía demandando desde la destrucción de su último equipo campeón.