La última jornada de la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones congregó a dos de los aspirantes a asumir el rol de tapado para contravenir los pronósticos y arrodillar a algún aristócrata en fases ulteriores. Sevilla y Leicester se veían las caras en una confrontación de inercias antagónicas. Los españoles marchan en el tercer puesto de La Liga, a tres puntos del liderato, y los vigentes campeones de la Premier circulan en caída libre, a un punto del descenso, y eliminados de la FA Cup por un club de divisiones inferiores. Sin embargo, los zorros podrían haber decidido completar su romántica aventura centrándose, este curso, en la Champions y el Pizjuán les pondría a prueba. Los nervionenses, por su parte, se sabían favoritos y acometerían tal percepción desde el inició.
Ideó Sampaoli (que vería el duelo desde un palco por sanción) una puesta en práctica de su versión más controladora y sus jugadores la ejecutarían con integrismo en el primer acto. Así, con un cambio de dibujo hacia el 4-4-2 desplegó el bloque sevillano un brochazo monopolístico de la pelota que se extendería hasta el intermedio con soberana rotundidad (70% de posesión). Y el Leicester buscó revertir la esencia buscada por los andaluces de principio, con presiones elevadas que lanzaban a Mahrez y Vardy para trompicar la salida local. Pero la confianza en el estilo de los representantes españoles domesticó la valentía posicional inglesa para imponer una horizontalidad que les granjearía una calma casi absoluta hasta el camino a vestuarios.
Con Pareja fuera de circulación -renqueante- y el 'Mudo' Vázquez en el banquillo, la dupla delantera (Jovetic-Correa) conseguiría incomodar con su movilidad a los toscos centrales ingleses, generando espacios que empezaría a aprovechar el colectivo hispalense desde el minuto 3. Abrió fuego una jugada de Vitolo -con permiso para moverse con libertad para desequilibrar- que inició desde la izquierda y concluyó desde la derecha, con un chut de Sarabia desde el pico del área que lamió el larguero. Fuchs respondería, de inmediato, con un lanzamiento muy desviado desde larga distancia, pero sus compañeros se verían constreñidos a replegar en cancha propia. La claridad asociativa local acomplejó al sistema de Ranieri.
La solución que propuso el técnico italiano fue mantener a sus jugadores de más calidad arriba, en la presión, y abrir una hectárea entre N´Zonzi y la línea atacante sevillana. A dicha ofensiva le esperaba un muro de cuatro piezas que basculaba con coordinación suficiente para colapsar el juego entre líneas de los dirigidos, hoy, por Lillo. Edificaría el transalpino una solidez prolongada en consecuencia. De este modo limitaron la producción española en los primeros 10 minutos a un cabezazo trabado de Jovetic. Pero, cuando parecía que los británicos habían localizado el antídoto al juego de pase oponente, en un duelo de ritmo pausado, amanecieron las soluciones que habían estudiado los técnicos andaluces: la conjunción de Sarabia (pegado a la cal en continua amenaza), Mariano y Escudero (con incorporaciones perennes que sellaban superioridades que favorecían la llegada de centros laterales) y Vitolo (genial, fluctuando en diagonal) horadaría la cohesión de un Leicester cada vez más acurrucado.
El primer clasificado del Grupo G (en el que resultó segundo el Oporto de Iker Casillas) se dispondría a esbozar un salto de página. Multiplicó su intensidad y lanzó un burbujeante esfuerzo de presiones muy elevadas que, ahora sí, suponían una soga táctica para la placidez combinativa local. Así, en este renovado escenario, Vardy probó suerte y Ndidi cazó una volea que estrenó los guantes de Sergio Rico. Todo ello provino de una pérdida sevillista en campo propio provocada por la maniobra táctica de Ranieri -minuto 50-. La trayectoria de un Leicester de apariencia rocosa terminaría por romper el continuo control andaluz y debatiría la posesión, equilibrando la relación de fuerzas y llegando otra vez con un chut de Drinkwater -minuto 58-. Sólo una contra lanzada por Nasri que Vitolo estrelló en el palo -lanzamiento angulado sobre la línea de fondo- recordaba el devenir previo.
Sin embargo, sacaría la pegada el Sevilla para despegarse el marcaje colectivo visitante. De nuevo por el cauce de la transición, al espacio, tomó forma un balón colgado hacia el desmarque de Jovetic. El montenegrino engrandecería su mística controlando, contemporizando y aglutinando a sus dos marcadores para ceder a Correa el 2-0 en el momento adecuado -minuto 62-. Pero el paisaje llevado a la incertidumbre alimentaría su contaminación del ambiente.
Antes del desenlace y con una ventaja notable entró Carriço por el lesionado Lenglet, Iborra por el exitoso delantero argentino Correa y Gray por un transparente Musa. Y, con el cansancio de por medio, los zorros de Ranieri afilarían sus colmillos en varias transiciones que susurraban una ruptura del equilibrio local hasta recuperar su competitividad en la eliminatoria. Su relación con la pelota se había limitado a despejes, pelotazos hacia Vardy y poco más, pero su acostumbrada capacidad de supervivencia en los grandes escenarios le permitiría anotar fuera de casa. Fue en el 73, antes del desenlace. Una superioridad en banda izquierda puso a Fuchs en posición cómoda de centro hacia el remate astuto del internacional inglés que encendió a los supporters venidos desde las islas.
Con un cuarto de hora por delante trataría el Sevilla de gestionar su ventaja con una mixtura mesurada entre posesión y avances elaborados. No en vano, el físico favorecía a los visiantes en la recta final. La herida abierta a la contra por el defensivo y pragmático rival les haría pensar dos veces entregarse a una sentencia del cruce que no acontecería. La ocupación de los espacios en el modelo de robo y salida lucían mejor que nunca para la trinchera del ganador de la Premier, que se dispuso a trabar el ritmo pretendido por los locales hasta el 90. Y llegaría a la orilla con un resultado que les permite ser optimistas, pues los intentos postreros de Mariano, Jovetic, Rami -al larguero- y Vitolo -paradón de Schmeichel- quedarían en nada. Lucirían los azules una capacidad de sufrimiento y de eficacia imperial en un tramo decisivo de encierro y asalto sevillano infructuoso. Fue mejor el conjunto de Sampaoli pero pagó muy cara su irregularidad coyuntural en la reanudación. Su control -22 remates por 8 de los foxes- no se tradujo en la sabiduría para cerrar el marcador. Todo queda en suspenso hasta la vuelta, en el KingPower Sadium.