Editorial

¿Podrían volver los Troubles a territorio irlandés?

Sábado 25 de febrero de 2017

En medio de la ceguera y la irresponsable alegría que parece haberse apoderado de una parte de la sociedad británica, con la premier Theresa May a la cabeza, sobre las consecuencias del Brexit, en la realidad van surgiendo una tras otra espinosas cuestiones de hondo calado. Además de los asuntos económicos, está sobre la mesa cómo la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) está robusteciendo a los secesionistas escoceses y afectando cada vez más al delicado equilibrio en Irlanda del Norte.

En Irlanda del Norte -más de la mitad de la población votó a favor de la permanencia en la UE en el infausto referéndum convocado por Cameron- existe gran preocupación por el impacto del Brexit en varios y decisivos niveles. Naturalmente, inquieta el tema económico, en una economía débil y a la que la recepción de los fondos europeos le sirve de un apoyo cuya eliminación le supondría un gravísimo quebranto. Al que habría que sumar muy previsibles dificultades en el comercio al hacerse trizas su participación en el mercado único europeo, y la muy posible disminución de inversiones. Y los jóvenes se lamentan de la pérdida de las becas Erasmus y la gran oportunidad que implican.

Pero, más incluso que la cuestión económica, preocupa, y mucho, en territorio irlandés la cuestión política. Se teme el regreso de la frontera y no deja de pesar la sombra de la época de The Troubles (“Los problemas”, o más bien disturbios), suave eufemismo para denominar a un largo y durísimo conflicto armado que se cobró miles de víctimas. No es que pueda volverse a desencadenar una violencia de aquellas proporciones, pero sí que se cuestione y tambalee el denominado Acuerdo de Viernes Santo, firmado en 1998, y que, ratificado por los ciudadanos, puso fin a los Troubles.

Pero ahora muchos se preguntan si las heridas están suficientemente cicatrizadas. O si tsunamis como el Brexit y sus secuelas pueden reabrirlas. El destrozo causado por un referéndum que a Cameron nadie le había pedido que convocase y él solito se metió en ese endiablado jardín está tocando cada vez ámbitos. Y cada vez más alarmantes.