Los Lunes de El Imparcial

Jung Chang y Jon Halliday: Mao. La historia desconocida

BIOGRAFÍA

Domingo 26 de febrero de 2017

Traducción de Amado Diéguez y Victoria E. Gordo del Rey. Taurus. Barcelona, 2016. 1029 páginas. 29,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar



Con motivo del 40 aniversario del fallecimiento de Mao, la editorial Taurus llevó a cabo la reimpresión de esta monumental obra publicada inicialmente en 2006. Historia, geopolítica, relaciones internacionales, cultura e innumerables intrigas palaciegas (purgas) forman un todo coherente, vertebrado a través de la figura del citado dirigente chino.

Jung Chang y Jon Halliday nos presentan toda la vida de un ser despreciable, con el que resulta imposible empatizar. Emplean una narración cronológica que facilita el seguimiento de los hechos, si bien optan por dividir el trabajo en seis partes, a las que debe añadirse el apartado bibliográfico, las notas al pie de página, las referencias a las entrevistas realizadas o un magnífico álbum de fotos.

Con respecto al contenido, la figura de Mao marcó el destino de China durante el periodo 1949-1976 durante el cual gobernó con puño de hierro. Antes de esa fecha había sido un conspirador permanente, capaz de traicionar a los dos bandos en litigio (comunismo y nacionalismo) siempre con el apoyo de Stalin. Pobreza, purgas (enmascaradas a través de diferentes subterfugios léxicos, como por ejemplo, “revolución cultural”) y una megalomanía mayúscula simbolizan su legado político.

Asimismo, como buen comunista de manual, lo que exigía a su pueblo él lo incumplía. Los ejemplos abundan en la obra, si bien pueden resumirse en que mientras disfrutaba de todas las comodidades, caprichos y atenciones, sus compatriotas morían de hambre. Junto a ello, sus credenciales como gestor reciben la calificación de suspenso. En efecto, Mao aspiraba, ni más ni menos, a dominar el mundo por encima de las superpotencias de la época (Estados Unidos y URSS). Para tal fin, diseñó un programa de relaciones exteriores (basado esencialmente en el patrocinio altruista del maoísmo más allá de las fronteras chinas) con nulos resultados y abundante desprecio por parte de los beneficiarios (como el mostrado por dictadores de la calaña de Pol Pot o Fidel Castro).

De hecho, en 1976 si algún ránking lideraba China era el de pobreza y analfabetismo, sin olvidar el establecimiento de un sentimiento de paranoia en toda la sociedad a la que había atemorizado mediante el recurso y perfeccionamiento de diferentes técnicas de vulneración de los derechos humanos, como las ejecuciones públicas, a las que rodeó de una impronta personal: Organizaba concentraciones, con lo cual obligaba a una gran parte de la población a presenciar la matanza. Ser arrastrado por una multitud, impotente para hablar, forzado a observar la sangrienta y agónica muerte de otro, oír sus gemidos, producía un miedo cerval en los presentes” (p.81).

Además, una parte sustancial de su existencia la dedicó a convertir (sin éxito) a su país en un referente nuclear para lo cual rindió sumisión interesada a Moscú a quien finalmente traicionó, lo que hizo que se acercara interesadamente a Estados Unidos durante el Gobierno de Richard Nixon, sin que de ello se derivasen excesivos réditos para China. Simplemente, Mao sació su afán de notoriedad a nivel mundial, lo que no se tradujo en la irrupción de partidos maoístas en Europa, Asia o América Latina. Por el contrario, su casi único aliado, la insignificante Albania, reprochó esas relaciones con el “capitalismo”.

No obstante, la parte de la obra que más llamará la atención del lector alude a las pormenorizadas descripciones que hacen los autores de las purgas a las que sometió Mao a sus más estrechos colaboradores. Ahí hallamos un ser amante de la venganza, despreciable y sin escrúpulos, fiel a la que fue su máxima: destruir para reconstruir. Pese a ello, mostró escaso interés por el futuro de China tras su muerte, eludiendo cualquier tipo de responsabilidad.

En definitiva, una obra que pone de manifiesto que comunismo y destrucción son sinónimos, pese a la admiración que la mencionada ideología recibió y sigue recibiendo desde determinadas instancias académicas y culturales.