Opinión

Una Francia sumisa

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Domingo 26 de febrero de 2017

Más de quinientos años atrás apareció el primer Estado moderno. Hace más de tres siglos desde que apareció el Estado-nación. Los dos países que dieron al mundo estas “invenciones” parecen actualmente vivir en crisis, o peor, sus últimos días. Uno de ellos es España, cuna de las instituciones estatales, y otro es Francia, que después de su famosa revolución dio lugar a la nación en curiosa convivencia dentro del Estado. El Estado y la Nación se encuentran en una profunda crisis. Si ya estamos bien informados sobre la degradación de las instituciones estatales en España, que no cumplen sus funciones y no garantizan la legalidad, ¿qué sucede al otro lado de Pirineos? ¿Qué sucede en Francia en vísperas de las elecciones cruciales para el futuro de Europa?

Una de las mejores respuestas la encontramos en el libro recién publicado Une France soumise: les voix du refus (Georges Bensoussan et al.). Aquí los estudiosos han juntado varios testimonios que revelan la profunda crisis cultural que vive Francia. Una entrevista con uno de los autores del libro, el sociólogo Mathieu Bock-Côté, publicada en Le Figaro sintetiza perfectamente la situación francesa. Uno de los problemas más grandes que tiene Francia es albergar dentro de una sociedad, otra llamada “contra-sociedad” (contre-société), que percibe Francia como un ambiente siempre hostil para ellos. Son los musulmanes de Francia. Esta contra-sociedad está basada en el rechazo absoluto del modelo republicano francés, de su laicidad, su humanismo universalista que no reconoce las comunidades cerradas basadas en la religión o etnia. Esta nueva sociedad se ha desarrollado a base de la promoción de los musulmanes como seres superiores, de la endogamia y la solidaridad estrictamente comunitaria, que ahora está luchando por la aniquilación de la libertad de la conciencia, de la libertad de expresión para no permitir que circule ninguna crítica del islam en la sociedad.

¿Cómo ha sido posible el desarrollo de una sociedad con valores completamente opuestos a la sociedad francesa? Como muestran los testimonios recogidos en el libro, la dejadez del Estado, por un lado, y la política del falso multiculturalismo, por otro, dejaron un amplio espacio para el crecimiento de los grupos de influencia musulmanes. El poder gubernamental ha cedido sus funciones y los propios funcionarios ya no pueden cumplir sus funciones cotidianas. La ley ya no se cumple con la necesaria rigidez. Esta debilidad fue aprovechada por los islamistas, radicales y mesurados, que al cabo de los años han sustituido la figura del trabajador para la izquierda francesa que ve en los inmigrantes un pozo de votos. El discurso antirracista de los años 60 desplazó la lucha de clases y dio lugar a la división de la sociedad, según las minorías culturales o étnicas, que proporcionaban su voto a quien más privilegios les concede. El voto individual quedó sustituido por el voto comunitario que responde a la mentalidad musulmana. Ningún partido político francés ha reaccionado contra este sistema antidemocrático. Al contrario, siguen buscando el voto de las comunidades, concediéndoles presencia constante en los medios.

Por ese camino, Francia no es solamente objetivo de los ataques terroristas, sino que también es un campo de batalla entre las dos grandes tendencias del islam político. El grupo que se destaca es el de los “Hermanos musulmanes” (les Frères musulmains). Ellos aspiran a la sustitución de todas las religiones y las leyes por la sharía. Aunque su proyecto de la conquista paulatina o douce, no está compartido por la mayoría de los musulmanes franceses, los “Frères musulmains” son una minoría perfectamente organizada y eficaz, capaz de imponer, una vez más en la historia, su criterio a la mayoría discorde, pero silenciosa.

Si triunfaran los Hermanos musulmanes en Francia, es decir, si Francia entregara su Estado laico al islam, a la sumisión, sería el comienzo del fin de la Unión Europea.