“Hay una condición peor que la ceguera, y es ver algo que no es”. Thomas Hardy
El sustantivo ‘burbuja’ se puede utilizar en muchos contextos con diferentes connotaciones, pero en general, parece que salvando las burbujas de aire que se forman en la bañera o en mares y ríos, el resultado final de la formación y consiguiente pinchazo o desaparición de cualquier otra burbuja, no es muy alentador que digamos.
Según la RAE, burbuja puede significar o utilizarse de cuatro maneras distintas.
1. Glóbulo de aire u otro gas que se forma en el interior de algún líquido y sale a la superficie. Como decía, la aparición y desaparición de una burbuja de jabón, de aire u otro ‘gas’, en general, no es problemático sino más bien divertido y simpático Otra cosa sería evaluar si es bueno, o no, que un pueblo o una ciudad esté construida encima de una gran burbuja de gas natural, aunque las burbujas naturales parecen buenas, a priori.
2. Proceso de fuerte subida en el precio de un activo, que genera expectativas de subidas futuras no exentas de riesgo. En este caso, burbuja es sinónimo de pompa o, peor aún, de bomba. Todos conocemos y hemos sufrido los efectos de la burbuja inmobiliaria, bien porque nos ha tocado pagar un precio muy alto por un piso o bien porque hemos tenido que vender una propiedad a la mitad del precio pagado. También hemos sido testigos de varias burbujas financieras en el pasado, y ahora -de nuevo- estamos en el medio de una gran burbuja financiera y de deuda que es negada por mandamases con oscuros y ocultos intereses. La burbuja actual es tan grande que uno no es capaz de ver hasta dónde llegan sus límites, numéricos e infinitos, como cuando Truman, el personaje principal de la película “El show de Truman”, no era capaz de descubrir que el cielo de su mundo era el caparazón de un inmenso plató de televisión.
3. Habitáculo hermético y aislado del exterior. Vivir en una esfera o en un globo, como en el show de Truman, de alguna manera nos protege del exterior y también nos impide ver lo que, en realidad, está pasando ahí fuera.
Cuenta la leyenda que unos años después de que el mariscal ruso y duque Grigori Potiomkin (o ‘Potemkim’, el que dio nombre al famoso Acorazado) conquistara Crimea en 1783, organizó la visita oficial de la zarina de Rusia, Catalina II, al territorio invadido. Para que la emperatriz no viera la catastrófica situación y la miseria que habían dejado a su paso, el mariscal decidió ir construyendo pueblos ficticios a lo largo y ancho de la visita triunfal (denominados más tarde como ‘pueblos Potemkim’) que eran como un gran decorado de Hollywood y que, “por la seguridad de la emperatriz”, se iban mostrando a la zarina siempre desde lo alto de una colina, para que no pudiera darse cuenta del engaño. Lo curioso del asunto es que ‘los distintos pueblos’ que iban visitando siempre eran el mismo decorado que se desmontaba por la noche y se volvía a construir rápidamente, antes de la siguiente visita programada.
Uno podría llegar a no pensar demasiado en los muchos seres humanos que habitamos este planeta o no ser consciente de lo mucho que lo hemos explotado y expoliado, pero es muy difícil, mucho, ignorar las siguientes cifras: se espera que la población mundial aumente en 1.000 millones cada década y, si ahora somos casi 7.500, probablemente pasaremos la barrera de los 10.000 millones de habitantes en menos de 30 años (¿en el 2045?). Según una estimación, se necesitan 8 hectáreas de tierra productiva para proporcionar el agua, la energía, el cobijo y los alimentos que necesita una persona que vive en un país rico. Si el planeta lo habitasen 10.000 millones de seres humanos ricos, habría que disponer de 80.000 millones de hectáreas, cuando la tierra ofrece sólo una décima parte de esa cifra.
El petróleo ofrece casi el 40% de la energía consumida por el ser humano, frente al 26% del carbón y el 23% del gas natural y de él depende un 95% del trasporte mundial. Es vital en casi todas las industrias y para casi todo. En cuanto a la electricidad se refiere, el 39% viene del carbón, el 22% del gas, el 17% es hidroeléctrica, un 11% es nuclear y las esperanzadoras energías renovables SOLO suministran el 7% de la energía eléctrica (y todavía gastan mucho petróleo, gas y carbón para generarlas). Por último, el 5% proviene del petróleo. Hoy en día dependemos dramáticamente de los limitados combustibles fósiles y si renunciamos al petróleo, al gas natural y al carbón, prácticamente no quedará nada de nuestra civilización. La mayor parte de la población probablemente perecería, ya que el trasporte, la alimentación, el vestido y la calefacción se vendrían abajo.
Unas 30.000 especies desaparecen cada año, es decir, tres cada hora. A este ritmo, en 2050 podría haber desaparecido la mitad de los diez millones de especies vivas existentes. Un 12% de los pájaros, un 23% de los mamíferos y un 32% de los anfibios se hallan en peligro de extinción y un 77% de las especies marinas sufre el impacto de la sobreexplotación. El 40% de la superficie forestal del globo ha desaparecido en los tres últimos siglos (el 75% de esta cifra en los 2 últimos) y según el Consejo Nacional de Inteligencia de EEUU, el número de personas que padecerán hambre o carecerán de agua se situará en los 1.400 millones en 2025. Por no seguir con los alarmantes datos y cifras que se manejan en lo relativo al cambio climático, a la desertización del planeta, al hambre, a la sobreexplotación agrícola y ganadera, a los problemas de suministro de agua potable (presentes y futuros) y a la creciente desigualdad entre ricos y pobres. Escandaloso.
4. Usado en aposición para indicar que la persona o personas designadas por el sustantivo al que se pospone están sometidas a terapia con aislamiento absoluto. En este caso, el aislamiento social es tal que los habitantes del primer mundo, en general y las clases más pudientes, en particular, viven en el más absurdo recogimiento mental y siguen pensando que nada, ni nadie, puede, ni podrá, pinchar la burbuja que cohabitan. El progreso es nuestra religión y el infinito material nuestro objetivo comunal. A nivel egótico-personal, nuestra ceguera también es tan grande que dejaría a los “pueblos Potemkim” a la altura del betún. No hay más que sentarse en un banco y pararse a observar(nos): cómo hablamos, cómo vestimos, cómo caminamos, pretendemos, actuamos y, sobre todo, cómo anhelamos. En este caso, ‘burbuja’ sería más bien sinónimo de ‘espumarajo’.
“Todos sois hijos míos, pero estáis perdidos porque seguís a líderes que están ciegos.” “X-Men: Apocalipsis”