Opinión

Rivera, entre la espada de Podemos y la pared del PP

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 05 de marzo de 2017

Después de cuatro largos meses aguantando el ninguneo de Rajoy, Rivera ha dado un puñetazo en la mesa y amenaza con dinamitar el pacto de Gobierno con el PP. Con razón, se siente humillado, traicionado y despreciado. Porque, mientras el presidente le nombra como el socio preferente, en realidad, está gobernando gracias al apoyo del PSOE en las grandes cuestiones: el techo de gasto, el salario mínimo interprofesional y, ahora, los dos grandes partidos se han repartido los vocales del Tribunal Constitucional sin contar con nadie, por sorpresa, con nocturnidad y alevosía.

En realidad, Rajoy prefiere alcanzar acuerdos con el PSOE, no solo por la aritmética parlamentaria, sino porque se lleva mejor con la gestora socialista que con los estirados de Ciudadanos, que van por el mundo como los redentores de la corrupción.

Hasta ahora, el PP, aun a regañadientes, ha ido cumpliendo algunos de los puntos del pacto con Ciudadanos, pero en las grandes cuestiones les han ido toreando con recochineo como en la eliminación de los aforamientos, la limitación de mandatos y, en especial, con crear una comisión por la presunta financiación irregular del PP.

Rivera se siente vulnerable, inútil y marginado. De ahí, que haya aprovechado el caso del presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, imputado por el caso Auditorio, para sacar pecho y amenazar con romper el pacto de Gobierno en la Comunidad. Y con razón, pues en uno de los puntos del acuerdo de Gobierno con los populares figuraba, precisamente, que en el caso de que el presidente regional fuera imputado, dimitiría. Y ahí está, el locuaz Sánchez enrocado como si la cosa no fuera con él, dando ruedas de Prensa con gesto chulesco y, además, atacando a Ciudadanos por mirar hacia otro lado en casos parecidos; lo que también es verdad.

Pero Ciudadanos tiene en Murcia, y en toda España, un gran problema. Se siente incómodo con el PP. Rivera soñaba con que cuajara aquel ridículo y a la vez solemne pacto de legislatura con el cantamañanas de Pedro Sánchez, por lo que se vio obligado a apoyar a Rajoy, so pena de irse al Grupo Mixto en otras elecciones. Pero, con las diversas aritméticas parlamentarias, para zafarse del PP tiene que echarse en brazos de Podemos, pues solo con el PSOE no va a ningún lado.

Y ese es el gran dilema que no deja dormir a Rivera. Aunque harto de estar harto de Rajoy, ya ha anunciado que se va a reunir esta misma semana con el PSOE y Podemos para formar una mayoría alternativa en el Congreso de los Diputados y forzar al Gobierno a cumplir el pacto anticorrupción. Pero se va a meter en un callejón sin salida.

Pues habrá que ver a Albert Rivera acordando con Pablo Iglesias medidas contra la corrupción. Una escena rocambolesca, que perjudicará a Ciudadanos. Y en el caso de Murcia, si el partido naranja sigue adelante con la moción de censura, tendrá que terminar apoyando un gobierno alternativo con el PSOE y Podemos. De nuevo, la cruda aritmética parlamentaria. Puede ocurrir también, que el Tribunal Superior de Justicia de Murcia sobresea en unas horas la causa contra Pedro Antonio Sánchez. Y en ese caso, Rivera se va a quedar con la naranja al aire.

De ahí el dilema de Rivera. Con Rajoy va de segundo plato o sencillamente no va. Pero con Podemos entraría en una dinámica política surrealista, más ahora que Pablo Iglesias se ha echado definitivamente al monte y ya solo sueña con alcanzar el cielo, asaltar el palacio de invierno con la fuerza de la calle y el puño en alto.

La reacción de ira de Rivera resulta más que lógica. Tenía razón cuando declaró en la misma sesión de investidura que no se fiaba de Rajoy. Pero ahora, para llegar a algún acuerdo nacional o regional tiene que fiarse de Pablo Iglesias. Con 32 escaños, tiene que elegir entre Málaga o Malagón. O estarse calladito y dejar der dar tres ruedas de Prensa al día y dos entrevistas cada mañana en la primera televisión que le llama. Porque hasta cuando Bertín le invita a su casa, allá que se va con el delantal puesto a decir tonterías. Lo dicho: o anda con pies de plomo o se va a quedar con la naranja al aire.