Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2016. 539 páginas. 23,90 €. Uno de nuestros mejores historiadores se enfrenta al reto de compendiar la historia del mundo desde el Medievo hasta la actualidad. Y sale más que airoso en una obra en la que claridad y rigor se dan la mano para ofrecernos las claves del pasado y del presente.
Por Alfredo Crespo Alcázar
Nos encontramos ante una obra cuyo contenido refleja fielmente el título. En efecto, uno de los principales historiadores de España asume el reto de contarnos la historia del mundo desde la Edad Media hasta la actualidad. Al respecto, si en las primeras páginas aparece por ejemplo Alfonso VI de Castilla, las finales las protagonizan George W. Bush, Barack Obama o el populismo que asola a determinados países europeos, con los riesgos que ello entraña para la convivencia.
El resultado es un trabajo sobresaliente. En que así sea, además de la acreditada solvencia académica del catedrático Juan Pablo Fusi, influye el método narrativo utilizado: una exposición lineal y cronológica frenética pero en ningún caso esquemática. De hecho, se detiene en ocasiones para profundizar en las ideas de algunos de los referentes de la época objeto de escrutinio (Voltaire, Rousseau…).
Asimismo, establece en todo momento relaciones, diferencias y paralelismos entre los periodos históricos que aborda. Además, ofrece rasgos biográficos y sintetiza las principales tesis de los autores (eclesiásticos, economistas, filósofos, historiadores, juristas…) que van desfilando por las más de quinientas páginas de que consta el libro. Se trata de una fórmula adecuada que permite que el lector indague en aquellas partes que más llamen su atención.
No obstante, pueden fijarse periodos concretos que en ningún caso actúan como compartimentos estancos. En este sentido, una posible clasificación, aunque no lo única, integraría: el Renacimiento, el Barroco, Absolutismo, Revoluciones (inglesa, francesa y norteamericana, trazando diferencias entre ellas ya que no obedecieron a idénticas causas), siglo de la Ilustración (advirtiendo que su influencia inmediata fue escasa), el Bonapartismo, Restauración, Romanticismo, I y II Guerra Mundial, Revolución Rusa, la Guerra Fría, el mundo post-1989 y el “orden actual”.
Europa monopoliza las primeras doscientas páginas de la obra (en particular, España, Inglaterra, Francia y las ciudades-estado italianas). Junto a ello, el cristianismo ejerce de hilo conductor, exponiendo el autor la influencia de la Iglesia como poder terrenal y espiritual, las relaciones (no siempre amistosas) de los diferentes Papas con los monarcas, para culminar con el acontecimiento histórico que supuso la Reforma vs Contrarreforma, dialéctica derivada de factores espirituales y políticos. A partir de ahí, Fusi se acerca gradualmente a lo que acontece en otras latitudes geográficas, primero América Latina en el siglo XIX y después Asia y África en el XX, explicando el proceso de descolonización y más adelante la conversión de algunas de sus naciones en potencias mundiales.
La geopolítica ocupa también un lugar destacado en la obra: “La paz fue una invención del siglo XVIII. Europa estuvo prácticamente en guerra permanente desde 1500 hasta finales del siglo XVII […]. La guerra no ofendía la conciencia de la humanidad. Era una actividad natural, una forma de vida, una realidad y, para miles de mercenarios, una profesión remunerada” (pág. 97). Por tanto, la guerra se convirtió en la principal herramienta diplomática que permitió la consolidación y ocaso de los imperios, dentro de un orden mundial cambiante, consecuencia de un entramado complejo de alianzas que convertían en hegemónicas a determinadas naciones y en subordinadas a otras.
Así, los periodos de guerra y paz se sucedieron. Sin embargo, esta dinámica, en lo que a Europa se refiere, se alteró notablemente a partir de 1945. Tras el final de la II Guerra Mundial se estableció un prolongado periodo de estabilidad dentro de sus fronteras que coexistió con algunas dictaduras, en particular en los países del sur. Esta parte de la obra la organiza Fusi a través de una serie de fases. En primer lugar, la reconstrucción europea y el desarrollo del proceso de integración europea. En segundo lugar, la irrupción de dos super-potencias hegemónicas (Estados Unidos y la URSS) que delimitaron sus zonas de influencia. En tercer lugar, la implosión de la URSS y la incorporación de las “democracias populares” del este de Europa a las organizaciones de referencia del bloque occidental (UE y OTAN).
No obstante, el autor previene frente a posibles lecturas optimistas y buenistas, recordando acontecimientos, como las guerras de los Balcanes en los años noventa, que motivaron que la paz total y global permaneciera en el terreno de la ilusión. Como resultado, en pleno siglo XXI “el mundo seguía siendo inestable y peligroso. La guerra y la violencia continuaban condicionando el orden internacional y la política interna de un considerable número de países y estados” (pág. 469).