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El miedo del PSG y la excelencia del Barça como receta para la remontada

LIGA DE CAMPEONES - OCTAVOS DE FINAL (VUELTA)

Diego García | Miércoles 08 de marzo de 2017
El Camp Nou se engalana para desafiar a la historia.

"No tenemos miedo a nadie", proclamó Blaise Matuidi en la conferencia de prensa previa al histórico enfrentamiento de octavos de final de la Liga de Campeones, que medirá al Barcelona y al PSG. Sobre sus hombros descansan los atributos que caracterizaron al sublime rendimiento que permitió a los franceses dibujar un cataclismo en el Viejo Continente y dejar al borde del KO a uno de los favoritos. Aquel 4-0 se edificó en base a una mezcla quirúrgica de intensidad, preponderancia física, vértigo de ida y vuelta, calidad y rigor táctico. Todo ello define al portavoz parisino, que en este martes de vigilia también asumió la responsabilidad de sintetizar el factor mental que resultará determinante en la resolución de esta eliminatoria de imprevisible desigualdad.

Con un Camp Nou uniformado de condicionante anímico -el glorioso caminar de su equipo provoca que le resulte extraño ese rol al coliseo-, el fútbol regala a Luis Enrique la oportunidad de despedirse de Can Barça inscribiendo su nombre a los anales de la leyenda balompédica. Nadie ha alcanzado una remontada semejante a la que necesita el bloque dirigido por Lucho en la Liga de Campeones. De hecho, las competiciones continentales de este deporte sólo han conocido tres episodios en los que en el partido de vuelta se levantó un marcador tan desfavorable. Ninguno de ellos cercano en el calendario ni perteneciente a la Copa de Europa. Los precedentes corresponden a la Recopa (el Chaux de Fonds dio la vuelta a un 6-2 en 1962 y ante el Leixoes) y a la UEFA (Partizan de Belgrado y Real Madrid levantaron, en 1979 y 1986, sendos cruces que perdían por 6-2 y 5-1 ante Queens Park Rangers y Borussia Monchëngladbach, respectivamente).

El duelo de El Parque de los Príncipes confluyó en un apagón culé que arrastrarían en su escueto triunfo casero ante el Leganés. Pero, en plena marejada anímica, de rumorología que apuntaba a un enfrentamiento entre miembros centrales del vestuario con su técnico y demás aliños tenebrosos, el entrenador asturiano sembró una estrategia destinada a tocar techo este miércoles. El técnico que se despedirá en junio del banquillo blaugrana desafió a su vestuario con un cambio de sistema. La revolución de los tres centrales y la acumulación de hasta seis piezas en la medular, con Neymar y Rafinha como carrileros falsos, fue lanzada y entendida por la ilustre plantilla como un reto. Y los jugadores lo asumieron para demostrarle a su entrenador que su calidad e inteligencia en la lectura del juego les llevaría a acomodarse en sus nuevas posiciones y atribuciones. Y, al tiempo que los resultados fueron acompañando (con un triunfo de mérito en el Calderón), el experimento se asentó.

El pasado fin de semana, hace tres días, el equipo que mejor trato ha dado a la pelota en el presente siglo se volvió a enamorar de sí mismo. Frente a un Celta indigesto la pelota recobró su velocidad de circulación y el centro del campo y el gobierno del partido volvieron a significarse como elementos del soliloquio de un Barcelona gigantesco. Busquets lució en mayúsculas, al fin, y la calidad desorbitada de Messi y Neymar abrieron las puertas a la ilusión como la punta determinante de una dinámica colectiva sublime (y no como el clavo ardiendo que venían representando). La catarsis sobrevino a tiempo y el camarín se convenció de sus posibilidades, pues, tras meses de niebla, la esencia de compromiso, fluidez asociativa, atención, ejecución táctica y finalización refrescaba su coqueteo con los azulgrana.

Sobre esa ola aterriza el Barça para afrontar la distinguida empresa que tienen ante sí. "Si un rival puede marcarnos 4, nosotros le podemos meter 6", advirtió, socarronamente, Luis Enrique en su alocución. El estratega sigue representando su papel delante del micrófono, vaciando de contenido analítico una rueda de prensa que podría regalar conclusiones al rival. "Nos centramos en qué cosas hemos de hacer para obtener el resultado, no en el resultado. Así es más fácil llegar al resultado y estoy convencido de que mañana vamos a estar cerca de la eliminatoria en algún momento", fueron las declaraciones más relevantes de su conferencia. No quiso el entrenador más que ahondar en los mensajes subliminales que esperan minar el temple de un PSG desacostumbrado a escalar estas montañas aristocráticas o alcanzar estos hitos. El objetivo, en efecto, es que el miedo escénico y la inseguridad calen en los visitantes.

Esa fue la meta del cambio de dibujo. Escalonando por el centro a Busquets, Iniesta, Rakitic, Andre Gomes, Messi, Denis Suárez o Sergi Roberto y abriendo el campo con la amenaza de Neymar como polo de atracción, el Barça se asegurará un amplio ratio de posesión que devuelva la técnica al primer plano de la conversación. Porque en la ida fue el físico el triunfador. La red de ayudas de un mediocampo potente desde el prisma anatómico cercenó el juego entre líneas culé y llevó al colapso a su producción ofensiva. Messi no regateó ni una vez a obreros más corpulentos, como Rabiot, Verrati o Matuidi. La guerra de guerrillas sobre la que se dejó ir el conjunto catalán fue su perdición. De ahí la vuelta de tuerca. Con una superpoblación medular, el desafío para los locales será pasar la primera presión. A partir de ahí, toda la exigencia recaerá sobre un PSG más incómodo encerrado en su cancha que defendiendo con la defensa adelantada.

"Buscamos ser capaces de mantener nuestra idea de jugar los 90 minutos en base a lo que queremos proponer y en gestionar las emociones", confesó Emery. Matuidi también corroboró la intención francesa de plagiar el tipo de ambición posicional y ejecución, con y sin pelota, de la ida. Pero no lo tendrá fácil, pues este miércoles se topará con un mediocampo reconstruido, superior en número al que arrollaron en febrero y, sobre todo, más cohesionado. Con las líneas más juntas, pues la presión tras pérdida también ha comparecido a la hora debida en la Ciudad Condal. Es por eso que tanto los catalanes como los que deberán gestionar una amplia renta habrán de mostrar paciencia. Un gol de los visitantes (en cualquier momento) trastornaría el plan y sentenciaría la mística buscada como una utopía. Por tanto, a pesar de alinear tres centrales y de mantener a Busquets como ancla, una exposición excesiva podría abrir espacios para la dentellada anhelada por los parisinos.

"Debemos ser pacientes y no jugar a la desesperada, ni intentar volvernos locos desde el primer minuto", declaró Luis Suárez, quien aseguró que "es el partido que tenemos todos ganas de jugar desde hace varios días pero es muy largo y se van a dar muchas situaciones, que la gente esté tranquila". Meterse bajo la piel oponente, hacer su mente permeable, es la ruta. Y anotar dos goles antes del descanso facilitaría el empeño. Pero, toda vez que se haya completado la erosión psicológica del colectivo oponente, el tiempo es relativo, pues un fogonazo del tridente blaugrana puede hacer llover goles en un pestañeo ante un colectivo no demasiado consistente en el encierro prolongado.

El campeón de las cuatro últimas ediciones de la Ligue 1 trajo consigo a sus nombres nucleares. Di María, que arrastraba unas molestias, entrenó con normalidad sobre el verde del coliseo culé y será de la partida (aunque de inicio podría sustituirle la flecha Lucas Moura). También están a disposición Verrati -esa brújula con la que sueña media Europa que se retiró lesionado en el tramo final del primer capítulo de este choque-, Thiago Silva -ausente en la ida- y Rabiot -elemento decisivo en el marcaje a Messi y que llegaba con problemas por una bronquitis-. O lo que es lo mismo: el Paris Saint Germáin afrontará el mayor compromiso de su corta vida con todo el talento disponible. Queda por averiguar la argucia que prepara el sensacional entrenador vasco que comanda las operaciones de un equipo que todavía está en proceso de despegarse todos los prejuicios e inseguridades que le han perseguido en todos estos cursos de crecimiento. Quizá sea Emery el encargado de soltar lastre y ante los focos que más alumbran en el fútbol.

"La confianza que tengo con mi equipo es la misma que antes del primer partido en París y el respeto que mantengo por el Barcelona es el mismo que en la ida. Nuestra idea es jugar con personalidad contra un gran equipo, pensando en la continuación de lo que hicimos sin pensar en el resultado", diagnosticó el técnico idolatrado en el Pizjuán, que nunca eliminó al Barcelona en su estadía española. Si no se trata de un farol, el PSG le buscará las cosquillas al Barça desde el punto de partida: la salida de pelota de Ter Stegen. "Son un equipo que necesita el balón y está claro que los cambios tácticos les permite tener el balón en el centro del campo, pero el 3-4-3 del Barcelona implica riesgos", declaró Matuidi, subrayando la pretensión de anotar un gol para zanjar el asunto. El 4-2-3-1 prototípico se antoja factible siguiendo estos susurros, con Draxler, Di María y Matuidi en una línea de mediapuntas trabajosa y sostenida por Verrati y Rabiot. Cavani resulta innegociable si se trata de pescar un tanto (36 goles en 37 partidos esta temporada, uno menos que Messi). Lo que no queda claro es la ambición de los laterales Kurzawa y Meunier, que en la ida resolvieron en ataque como si de Roberto Carlos y Carlos Alberto se tratara, y si el repliegue y contragolpe será tendencia en lugar de la presión adelantada.

Así pues, la Liga de Campeones presente se remanga para ofrecer este miércoles una de sus cumbres, aunque todavía estemos en marzo y en octavos de final. La multiplicidad de variantes tácticas que riegan a los libretos en pugna no hacen sino enriquecer la expectativas de este duelo de estilos destinado a ofrecer un resultado sorprendente, sea cual fuere. Porque si remonta el Barça no habría un precedente en este torneo y si hace valer su ventaja el PSG redundaría en lo rompedor de despojar al club catalán de sus décimos cuartos de final de Champions consecutivos. En fin, cada guerrero aparenta haberse preparado desde todos los puntos de vista medibles. El partidazo está desplegado y potenciado por la urgencia del coloso barcelonés. La suerte está echada, o como dijo Piqué en los días precedentes, "que los aficionados vengan al campo, porque si se pierden la remontada, entonces sí que estarán jodidos en casa".

Alineaciones probables:

Barcelona: Ter Stegen; Umtiti, Piqué, Jordi Alba; Busquets, Iniesta o Sergi Roberto, Rakitic, Rafinha, Neymar; Messi y Suárez.

PSG: Trapp; Meunier, Thiago Silva, Marquinhos, Kurzawa; Verratti, Rabiot; Matuidi, Di María o Lucas Moura, Draxler; Cavani.

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