WikiLeaks publicaba a principios de semana 8.761 documentos procedentes de la unidad de ciberespionaje de la CIA. Es sólo una parte del material obtenido de forma tan opaca como sospechosa, y que revela un dato sumamente evidente: la CIA lleva a cabo actividades de espionaje. Semejante obviedad parece asombrar a algunos que, por lo que se ve, son incapaces de entender los mecanismos de seguridad que todo estado debe articular.
En mayor o menor medida, todos los países espían. Que ahora se haga a través de dispositivos móviles o smart TV no es sino reflejo de que los tiempos han cambiado. Y precisamente porque hoy casi todo puede hacerse a través de un teléfono móvil, resulta de todo punto necesario que alguien vele porque las nuevas tecnologías no se conviertan -más de lo que ya están- en verdaderas autopistas del delito.
Por otra parte, llama poderosamente la atención el hecho de que WikiLeaks sólo filtre información que daña sensiblemente a Estados Unidos, mientras que no parece encontrar nada de países como China o Rusia, cuya tradición en materia de espionaje es la que es. Y es que, de un tiempo a esta parte, Moscú parece haberse convertido en el epicentro de una oleada global de “ciberdesestabilización”; quién sabe sin con WikiLeaks como “hombre de paja”.