Opinión

La palabra maravillosa

LETRAS DESDE MÉXICO

Rafael Cardona | Viernes 10 de marzo de 2017
En España se usa para lo mismo la bella y descriptiva saltamontes. En ambos países se entiende grillo.

Pero Chapulín, cuya etimología forma parte de la conocida y majestuosa Chapultepec, la cual significa nada más, cerro donde hay chapulines, es un mexicanismo adoptado ahora por la jerga política.

Del hombre público cuya conducta lo hace brincar o saltar de un partido al otro (como tantos casos conocidos hay en España); se le dice “chapulín”. A veces son patéticos, en otras son involuntariamente cómicos. No en balde el comediante mexicano más famoso después de “Cantinflas”, ha sido “El chapulín Colorado”.

Y en días recientes los corrillos se ha hartado con un caso extravagante de “chapulinismo”.

Hay un señor muy bien apreciado por casi todo mundo, cuyo nombre es Miguel Barbosa. Es senador por un partido cataclismo y en permanente crisis existencial y ontológica, si se pudiera decir. El de la Revolución Democrática, fundado por el hijo del general Lázaro Cárdenas, Cuauhtémoc.

Su fama, además de haberla logrado por su talento y su talante (es simpático, cáustico, con sentido del humor y claridad analística), se debe a una dolencia aparentemente inocua frente a la cual se descuidó, hasta el punto de estar cerca de perder la vida. Vivió, pero sufrió la mutilación de un pié completo.

Pues bien, ese caballero riñó con otro gran personaje de la política mexicana, Andrés Manuel López Obrador quien va por su tercer intento presidencial, al parecer ahora con más oportunidad de la lograda en los dos intentos anteriores, incluida la ocasión cuando Felipe Calderón lo venció (con ayuda del árbitro, dicen); por un mínimo margen de 0.5 por ciento. Todo un desmadre.

Pues bien, en esas condiciones una santa mañana el señor Barbosa se levantó con el criterio transformado. Un Damasco maravilloso lo persuadió de su viejo error y desde su escaño como coordinador de los diputados del PRD (un partido); lanzó una convocatoria para apoyar (sin alianza de por medio ni nada de nada, sino de su ronco pecho), al señor López.

Y se hizo la de Dios es Cristo. La presidenta del partido, Alejandra Barrales, lo retiró de la coordinación de los senadores y le suspendió sus derechos partidarios. Él, como suena lógico, se inconformó de toda inconformidad, y si todo ese sainete no fuera suficiente, pues el presidente de la mesa directiva del Senado sostuvo con cínica intromisión en la vida interna de un partido, el reconocimiento pleno del senado de la República a quien es “para él”, único coordinador verdadero.

Y cuando Barbosa pidió el respaldo de sus compañeros, 10 de 19 ya se habían ido del partido, como él, con grandes y alegres saltos de “chapulín”; todos en pos de una sonrisa de don Andrés Manuel.

Cosas veredes…

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