Me llama por teléfono el maestro César Alonso de los Ríos para que no deje de leer una reseña acerca de la publicación en España de los Cuadernos negros del filósofo Heidegger. Correcta es la pieza de Moreno Claros, en El País, quien recuerda algunos trabajos que han puesto en evidencia, después de la publicación de estos cuadernos íntimos, el profundo antisemitismo que informa toda la filosofía de Heidegger. Es claro que el antisemitismo de Heidegger contaminó toda su filosofía. Heidegger era más nazi que los propios nazis; después de los estudios de Víctor Farías y Hugo Ott, en los años ochenta, se puso en evidencia que su antisemitismo iba más allá de las convicciones criminales de los dirigentes políticos del nacionalsocialismo.
Nada nuevo bajo el sol. Quizá lo preocupante es que se presente en España la cosa como nueva. Parece que siempre estamos empezando de cero como los monos. O peor, nunca en España se ha querido entrar en serio en el debate sobre el profundo nazismo de Heidegger, entre otros motivos, porque pondría en evidencia las contradicciones de algunos santones de la democracia postfranquista formados en las tradiciones de Heidegger. Recuerdo con tristeza el comportamiento de algunos “intelectuales” españoles que se negaron a participar en la presentación del libro de Víctor Farías, Heidegger y el nacionalsocialismo, porque les costaba reconocer lo evidente. Por fortuna, también recuerdo, ahora con cariño, a quienes asistieron al acto, en la Residencia de Estudiantes, que presentaron, entre otros, Jorge Semprún, entonces ministro de Cultura. Nunca olvidaré que llamé a Fernando Savater para que nos acompañara al acto y no sólo asistió, sino que lo promocionó; fue mi mejor reclamo para llenar hasta la bandera todo el aforo de la sala de conferencias. Gracias, otra vez, Fernando, porque los discípulos españoles de Heidegger nos estaban boicoteando los preparativos de la conferencia del bueno de Víctor Farías.
Algunos intentamos en esa época mostrar la importancia de ese debate. Era, y sigue siendo, crucial no sólo para el devenir de Alemania y Europa, sino también para la construcción de una cultura crítica para la democracia española. Escribí muchos textos críticos sobre Heidegger, pero tiendo a pensar que su repercusión en la universidad fue mínima, entre otros motivos, porque siempre es menester empezar explicando lo obvio… Era, sí, nazi, pero un gran pensador. Ahí está el toque. Estimulado por César Alonso de los Ríos, que entonces dirigía las páginas culturales del semanario El Independiente, intenté abrir un debate acerca de la recepción crítica de Heidegger en España y, de paso, cuestionaba a quienes trataban de evitar el estudio de la intersección entre la política y la historia de las ideas, entre la filosofía y la concepción del mundo. Quien no entraba en el poder de las ideas, mantenía yo por esa época, renunciaba a la construcción de una cultura abierta, libre y democrática.
Recuerdo que publiqué y comenté textos de Víctor Farías, Habermas, las famosas cartas de Marcuse a Heidegger, que también publiqué en El País, le hice una entrevista larga a Víctor Farías, y también formulé una serie de cuestiones en torno al compromiso político de los filósofos que fueron respondidas por intelectuales y filósofos españoles. De este último trabajo, contrastaban la radical diferencia de opiniones a la pregunta siguiente: “Heidegger, como es sabido fue nazi, ¿Cómo influye el nazismo de Heidegger en su filosofía?, ¿separaría usted su pensamiento de su compromiso político?” Un materialista, como Gustavo Bueno, respondía: “Yo también creo efectivamente que las relaciones de Heidegger con el nazismo son muy profundas. Podría quizá decirse que el pensamiento de Heidegger comparte sustancialmente con el nazismo unos componentes genéricos de su concepción de la vida, aunque aborreciese componentes específicos que sin embargo son muy difíciles de disociar en cada caso.” Por el contrario, un idealista kantiano, como José Gómez Caffarena, “creía que, en el caso de Heidegger, puede separarse ´lo esencial` de su pensamiento filosófico de su deplorable compromiso político.”
En fin.
O mejor, creo que una cultura libre de las ataduras de lo políticamente correcto, es decir, de la ideología barata de la academia y la universidad por un lado, y de la faramalla de los hombres-masas que invaden los periódicos y las editoriales por otro, debería comenzar por considerar la contundencia poética de la respuesta que me dio José María Valverde, poeta, traductor y crítico literario, a esa misma pregunta, que contestaron Bueno y Caffarena. Valverde no se anduvo con rodeos ante la cuestión “¿Fue Heidegger nazi?”: “Es al revés, el nazismo fue heideggeriano.” ¡Para que luego digan, amigos, que las ideas no sirven para nada!